BRÚJULA

La mirada única de Aki Kaurismäki


Aki Kaurismäki es uno de los directores de cine más importantes del mundo. Este año presentó su película El otro lado de la esperanza, y declaró que no haría más cine, un gesto que ya hizo en otra ocasión. Su obra es bastante influyente

Con 18 películas, Kaurismäki amenazó a comienzos de año con dejar el cine. El tiempo dirá si es cierto

12/08/2017

Después de presentar El otro lado de la esperanza -su película número 18- en la Berlinale de febrero, el director finlandés Aki Kaurismäki anunció su retiro definitivo del cine, aduciendo estar cansado. En realidad, lo dijo de una manera poco creíble en una conferencia de prensa. “Ya he dicho lo mismo antes, pero esta vez sí es un adiós. Es muy probable que esta sea mi última película". Lo repitió en unas cuantas entrevistas más, con esa manera cínica que tiene para hablar con la prensa, pero, también dijo que se retiraba en 1994 y sin embargo hizo seis películas más, ¿Por qué creerle ahora? ¿Porque tiene 60 años? Lo más seguro es que Kaurismäki está ahora fumando mucho, tomando whisky y escribiendo el guion de la película que completará su trilogía sobre la inmigración, que se inició en 2011 con Le havre. 

“Carpintería, pescar, recoger hongos”, así enumera Kaurismäki las actividades que haría con más frecuencia una vez deje el cine. “He hecho películas por casi 40 años, sería bonito vivir un poco antes de caer muerto”, responde vía mail para Brújula. 

Decir que Kaurismäki es uno de los directores más influyentes del cine es poco. Su sombra se ve en películas de ‘hermanos’ escandinavos como los islandeses Dagur Kári (Noi el albino) y Grímur Hákonarson (Rams); y en la cálida Sudamérica: los uruguayos Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll le dedicaban su debut, 25 Watts, de 2001, a varias personas, una de ellas era Kaurismäki. (Aunque uno de sus mejores alumnos es un historietista de Dinamarca que firma como Jason, quien se estudió todo lo del director finlandés y lo incorporó a las agridulces aventuras de sus personajes).  Ni qué hablar de los piropos y las colaboraciones mutuas que ha tenido con el estadounidense Jim Jarmusch. 

“Jarmusch, Erice, Mungiu, Pedro Costa y los hermanos Dardenne, entre otros, han hecho obras maestras. Para ellos es tan fácil como respirar. Pero yo soy ‘Nanook del norte’ (N.d.R. documental sobre una familia esquimal de 1922). Es oscuro por acá”, explica y advierte sobre la rara fascinación que tienen algunos por países como el suyo. “Si los países nórdicos son el paraíso, me preguntó cómo luce el infierno. Personalmente, yo vivo los inviernos en Portugal y los veranos en Finlandia”. 

Cuando era más joven quería ser escritor, pero optó por la dirección, donde también puede ser un autor. “Escribo mis películas. Escribir una novela es un trabajo muy solitario y más difícil de iniciar (porque no te apura tu equipo de trabajo)”.

El optimismo de Aki
Después de ver El otro lado de la esperanza, la crítica calificó la película como una de las más optimistas de Kaurismäki. En ella, un refugiado sirio llega a Finlandia y busca desesperado a su hermana. Un jubilado de ese país lo ayudará en esa labor. “Bueno, dejé al protagonista con vida ¿Es eso optimismo?”, dice Kaurismäki, que siempre aborda el lado social y político en sus historias mínimas de gente con la peor suerte del mundo, los peores trabajos del mundo, y con un destino que siempre puede ser peor, basta recordar lo que le pasa a la protagonista de La chica de la fábrica de cerillas, de 1990. “No quería decir nada al comienzo de mi carrera, cuando era joven e inocente. Yo solo era feliz usando este juguete llamado cine. Ahora que soy viejo e inocente, no puedo ver una razón para no hacer una película sin algún tema social o algún significado”, explica. 

Y claro, Kaurismäki sabe cómo se podrían resolver algunos de esos temas. “Europa se parará por sí sola cuando deje de reverenciar a los bancos y al capital como si fueran un becerro de oro”, afirma. 

El director también tiene clara su posición respecto a Estados Unidos, donde filmó en 1989 la comedia-musical-rockera Leningrad cowboys go America. En 2002 no quiso viajar al Festival de Cine de Nueva York a presentar El hombre sin pasado en protesta por el negado de visa al iraní Abbas Kiarostami, meses después se negó a viajar al país norteamericano (esa misma película fue nominada para los Oscar a mejor película extranjera) molesto por la invasión en Irak. “Ni los elefantes salvajes podrán arrastrarme a Estados Unidos, no quiero que le tomen una foto al iris de mis ojos en la frontera. Además, ya vi todo lo que me interesaba de allá en los 80 y 90. El gordo falso que está en el poder no es muy atrayente para el turismo, tampoco”, apunta.

Kaurismäki tiene una posición encontrada en el debate surgido este año sobre si se debe considerar cine a las películas que se hacen directamente para el streaming, el caso de Netflix y la polémica en Cannes. “Vivo a 70 kilómetros de la sala más cerca de mi casa, así que no voy con frecuencia. Las películas, si son consideradas cine propiamente, deben verse en una pantalla gigante, siempre (siempre que sea humanamente posible).

Nunca ha renunciado al humor en sus películas, no importa el tema que toque en cada una de ellas, desde la revisión shakesperiana en Hamlet goes business (1987) pasando por todas esas historias de proletarios y artistas solos, sin futuro, decadentes (Ariel, 1988 o La vida de bohemia en 1992). “La gente va a ver una película para entretenerse (al menos intelectualmente). El humor es también una buena máquina para hacer más amenos los temas serios en cualquier historia. Y la risa agrega vida. Incluso yo tengo 60 años a pesar de las numerosas botellas y cigarros que me acabé en los buenos tiempos”.

La espera por su próxima película quizás sea larga, pero de seguro Kaurismäki volverá al proceso de escribir, dirigir, producir, ir a festivales y eso. “Lo mejor de hacer una película es cuando paro de hacerla”, menciona. ¿Será? 



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