ENTREVISTA

Alberto Villalpando, tributo a un músico esencial y vital


Hoy y mañana Villalpando será homenajeado en el Séptimo Encuentro de Música Nueva con dos recitales que estarán a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santa Cruz, tres músicos invitados de Alemania y el charanguista boliviano Fernando Soliz. Un tributo por demás merecido. 


: A sus 76 años, el músico sigue activo y no ha dejado de trabajar y de apoyar a las nuevas generaciones de compositores bolivianos

09/09/2017

No es exagerado decir que Alberto Villalpando es el padre de la música contemporánea en Bolivia, como así lo afirma el compositor boliviano Agustín Fernández, actual  director del departamento de música de la Universidad de Newcastle, Inglaterra, del que también fue su maestro. 

El compositor no solo fue pionero en dedicarse profesionalmente a la creación musical en el país, sino que se atrevió a romper moldes y hacer propuestas vanguardistas para su tiempo. Además de formar a generaciones de jóvenes creadores, es sin duda alguna el más importante musicalizador de las películas representativas del cine boliviano. 

Hombre polifacético (ha escrito obras para tres ballets y una ópera, tiene escritas dos novelas y ha realizado varios documentales), Villalpando mantiene toda su vitalidad y sigue creando y apoyando a los jóvenes compositores nacionales. 
Pese a tener las posibilidades de desarrollar una carrera exitosa fuera del país, se ha mantenido fiel a la promesa que hicieran con el desaparecido músico Marvin Sandi en Buenos Aires, de enseñar y producir en Bolivia.    

Hoy y mañana Villalpando será homenajeado en el Séptimo Encuentro de Música Nueva con dos recitales que estarán a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santa Cruz, tres músicos invitados de Alemania y el charanguista boliviano Fernando Soliz. Un tributo por demás merecido. 

¿A qué edad tuvo noción de la música y en qué momento tuvo la seguridad de convertirse en músico?
Siendo niño, tendría yo cuatro años, tuve el sentimiento muy claro de querer ser músico. A mis 13 años empecé a estudiar piano y muy pronto estuve totalmente convencido de que la música habría de ser mi ocupación fundamental.

¿En qué medida influyó haber pasado su niñez y adolescencia en Potosí? 
A veces pienso que el haber vivido en Potosí fue definitorio para mi dedicación posterior a la música. Me tocó vivir un Potosí amable con el arte, con personalidades dedicadas al arte y que ofrecían un fermento cultural intenso. Fue en Potosí donde me atrapó la belleza de las cordillera, la fascinación de los cerros, y fueron estos cerros los que me dispusieron a oírlos. Así nació esta experiencia de la geografía sonora. Mi imaginario sonoro es, pues, potosino.

Usted ha dicho en reiteradas oportunidades que es en  la breve, pero significativa obra de José Marvin Sandi donde debemos  encontrar los inicios de lo que ahora llamamos música contemporánea boliviana.  ¿Por qué?
Porque Marvin Sandi, mayor que yo con dos años, habiendo viajado a Buenos Aires a estudiar composición, se puso en contacto con los movimientos musicales propios del siglo XX y comenzó a componer bajo el influjo de estas nuevas tendencias. Era obviamente el primer compositor boliviano que escribía música de una manera diferente a como lo habían hecho hasta entonces otros compositores bolivianos.  

¿Usted cree que si Sandi no hubiera abandonado la música, luego de la discusión que tuvo con su maestro en Buenos Aires, hubiese sido otro su destino?
Es difícil hablar sobre los destinos humanos. Marvin se alejó de la música para entregarse de modo profundo a la filosofía, y creo que en esto no pesó mucho el desacuerdo que tuvo con su maestro. Fue para él una especie de accidente que le ayudó, diría, a definir su actividad. Pero, si él hubiese querido no habría tenido que, necesariamente, dejar la música.

Pocos saben que antes de ser aceptado en el Instituto Di Tella su formación musical estuvo a punto de proseguir en la Unión Soviética. Cuéntenos esos hechos.
A mediados de año 62, Alberto Ginastera, quien era mi maestro en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires, abandonó el Conservatorio para consolidar, justamente, el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales. Eso me puso en un trance difícil, puesto que yo quería continuar mis estudios con él.

Y, si bien Ginastera me sugirió postular a la beca Di Tella, claro, sin asegurarme si ganaría o no la beca, yo ya no podría trabajar con él. En este trance fue que mi padre, entonces rector de la Universidad de Potosí, me consiguió la beca a Moscú. Nunca menciono este hecho en mi carrera musical, porque mi breve estadía en Moscú no incidió en mi formación musical. Jamás pude llegar al Consevatorio y, musicalmente, volví tal como había ido.

¿Cuáles fueron los mejores consejos que le dio Alberto Ginastera?
Respetar la tradición musical y ser siempre muy exigente con la estructura. Estos dos consejos, así dichos, no parecen mucho, pero en la práctica y en la vida musical son dos cosas que abarcan mucho.

Años atrás dijo que el hacer música para películas es un reto al oficio del compositor y que a usted le causaba una enorme satisfacción, porque lo ponía a prueba ¿Sigue pensando lo mismo?
Hace años este postulado, por decirlo de algún modo, tenía mucho de verdad. Yo era un compositor de vanguardia, en ese terreno, tener que escribir música tonal o cumplir requisitos que involucraran al folclore, era evidentemente un reto. Sigo pensando lo mismo, pero ahora, para mí, ya no es un reto.

¿Cuál de las muchas películas en las que ha participado ha sido para usted la más compleja de musicalizar?
Creo que cada película tiene su grado de complejidad; no creo que haya películas que sean unas más fáciles de musicalizar que otras. Sí, puede haber películas que son más atractivas de musicalizar, por ejemplo, cito la película Thinku - El encuentro, de Juan Miranda. Versaba este filme sobre la vida de un músico (a propósito, la Fantasía para charango y orquesta que se tocará ahora, en Santa Cruz, fue escrita para esta película) y naturalmente me permitía encarar la música con más libertad.

 ¿Es verdad que en la grabación de la música de la película Yawar Mallku de Jaime Sanjinés participaron miembros del Cuerpo de Paz, a los que se cuestiona en el filme? 
Sí, es verdad, comenzando por el director de la orquesta.

¿Por qué se frustró el proyecto de la ópera, que en los años 70 decidió componer con guion de Jaime Saenz?  ¿Es cierto que ese proyecto determinó el distanciamiento entre ambos?
Son las cosas que muchas veces tenemos las gentes. Nunca entendí por qué Jaime Saenz se negó a entregarme la versión final del libreto, y para mayor cosa dejó de hablarme. Y, como el mismo decía, “san se acabó”.

¿Cuál cree que es el poeta más musical de literatura boliviana? 
No es fácil contestar esta pregunta. En general, la poesía boliviana, no encuentro una palabra mejor, es un tanto discursiva, o bien de una abstracción que se expresa de una manera muy condensada. Ambas maneras son poco favorables a la música. Tal vez Eduardo Mitre es el que más se acerca a la música.

¿Cuál considera que es el poema más musical de  Blanca Wiethüchter?
Otra pregunta difícil de contestar, pues Blanca no escribía poemas sueltos. Sus libros de poemas son todo un recorrido. Hay muchos fragmentos que se prestan mucho a la musicalización, pero esto significa, si se los utiliza, quebrar la estructura del libro.

¿Ha agregado capítulos nuevos a su novela autobiográfica El horóscopo?
Curiosa pregunta, porque estoy en eso, justamente. Quiero terminarla de una buena vez.

¿Por qué nunca publicó Un tren viajaba en los ojos de Baní, novela suya de 1968 que recibió mención especial en el premio nacional de novela Werner Gutentag?
Hice varios intentos pero no han prosperado, al punto de que creo que no se publicará nunca.

¿Cómo percibe la música contemporánea en Bolivia?
Muy saludable y muy fecunda. Este Encuentro de Música Nueva, que es el VII, es una muestra de ello. En Cochabamba, organizamos las Jornadas de Música Contemporánea y este año se presenta la décimo tercera edición, donde se han estrenado cerca de 200 obras bolivianas actuales. Creo que esto da una muestra de la actividad musical en torno a la música contemporánea.

Le preguntamos a Cergio Prudencio (alumno suyo y fundador de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos) qué pregunta le haría y nos sugirió que le consultemos ¿cómo entiende  su evolución o su mutación estética entre la música que escribió en los años 70 y la que está escribiendo actualmente?

Esta mutación, de la que habla Cergio, data de los años 90. Y la historia es simple. Quería escribir una ópera. Puesto que había fallado mi proyecto con Jaime Saenz, tomé la novela Manchaypuytu, de Néstor Taboada. Organicé el libreto y le dimos el toque final con el mismo Néstor.

Pero cuando me puse a componer, resultaba totalmente ajeno a mi sensibilidad, tener personajes indios que cantaran de modo atonal o dodecafónico. Entonces di un paso atrás y cambié mi lenguaje, y ese cambio me dejó muy conciliado con mis necesidades musicales y desde entonces me siento muy cómodo. Creo que mi lenguaje continúa siendo un lenguaje contemporáneo aunque ya no vanguardista. 

 

Un retrato
Poco tiempo antes de su  fallecimiento, la poeta  Blanca Wiethücter dejó escrita una de las  descripciones más entrañables de su esposo,  Alberto Villalpando. Reproducimos el texto que se encuentran en el libro La geografía  suena (2005) 

Según las fotografías existentes dos rostros en el tiempo. Por poco no se desconocen. El primero es un hombre joven, alto y sumamente delgado. Lentes gruesos de carey y ojos perdidos en una abstracción. Algo así como el arquetipo de aquellos personajes que aparecen en las  películas  como los inteligentes, de esos que siempre están bien en matemática y esconden en su corazón tímidos amores no expresados -ignoramos si ese fue el caso-, y que luego trabajan en física nuclear y les va bien. A esta primera época corresponde una mujer y una pareja de hijos.

En el segundo rostro se trata más bien de un hombre que ha echado cuerpo, ni gordo ni delgado, con barba y bigote, con expresión más bien apacible. Menos inteligente, menos iracundo y más terreno. A este tiempo corresponde otra mujer y una hija.

Si en un primer tiempo el pelo largo obligaba a un gesto reiterado de liberar la frente del cabello, en el segundo, más sereno, desaparece el tic pero no el rulo musical que algunas veces parece una clave de sol horizontal. Los ojos, de un color indefinible, -tal vez el glauco sea lo más aproximado a ellos- son los mismos, con la malicia instalada en un fondo de pupila, tan frecuente en los que pertenecen al signo de escorpión. Las caricaturas resaltan una especie de resbalín en el lugar donde nace la nariz y resaltan  una especie de resbalín en el lugar donde nace la nariz y convierten el rostro en pariente de los zorros. Los labios cercados por barba y bigote son ahora menos visibles y, para qué decir, posee una dentadura envidiable. El lóbulo de las orejas expresa vocación para la meditación, sin lugar a dudas. Manos más bien pequeñas para el 1, 76 que mide y 42 que calza.

Sociable, conversador y por eso mismo orgulloso adepto al vino tinto y si es posible con una tabla de quesos; ríe con facilidad y alegría; utiliza el diminutivo con frecuencia lo que lo torna cordial y generoso. Más que doméstico se dice hogareño. Le gusta arreglar todo lo que está desarreglado: enchufes, cables, secadores de pelo, lámparas, algunos relojes. Tiene una soldadora que le ha compuesto la vida en materia de instalaciones electrónicas. Ama cocinar y es un maestro en la elaboración de jugos para pastas. Su especialidad es el cordero a la menta y la brocheta de langostinos. Juega al ajedrez y su maestro preferido es Capablanca. Como gran lector de novelas y narraciones cortas ha descubierto que a él también le gusta contar cosas, de manera que tiene una novela escrita y dos por terminar de relatar, pero de manera oral o por escrito el maestro siempre se toma tiempo. De los músicos que atraviesan la historia recupera a todos, inclusive, a veces, también a Bach. Pero a los que admira sin fronteras es a Les Luthiers y sus instrumentos informales.
Es necesario decirlo, fuma.
Su mujer dice que es dulce y que se llama Alberto Villalpando. 



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