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MARCELO MARTINS MORENO
Boliviano ídolo en Brasil abre las puertas de su hogar en Porto Alegre
En la intimidad | En su cuarto tiene una cama de tres plazas. Allí guarda también sus recuerdos , su colección de relojes y más de una treintena de pares de zapatos
16 de Diciembre de 2012 | 23:38
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La vida le sonríe a Marcelo Martins, que en poco tiempo llegó a convertirse en el futbolista más famoso y adinerado de la historia del país. Pero no fue fácil cumplir el sueño de un chico que vendió asadito en el estadio Tahuichi y que cuando jugó en Oriente su primer sueldo fue de $us 50. Ahora el delantero de Gremio disfruta de su nueva y lujosa vida en Brasil, donde se siente como en su casa. EXTRA estuvo con el ‘Matador’ cuatro días para contar cómo es dentro y fuera del fútbol, ese deporte que lo apasiona y que tiene pensado abandonar a los 30 años, pues considera que ya tiene asegurado el futuro de su familia. 

Marcelo vive en El Villagio, uno de los condominios del barrio Río Branco, zona lujosa y exclusiva de Porto Alegre. El goleador de Gremio abrió las puertas de su hogar para mostrar el otro lado del futbolista, la persona común y corriente. 

Es evidente que su estilo de vida ha cambiado, pues no por nada es uno de los mejores pagados de su club, solo por detrás de Kleber, que recibe casi $us 300.000 por mes, aunque el cruceño es la contratación más cara del club tricolor, que pagó cerca de $us 8 millones para repatriarlo del Shakhtar, de Ucrania.

Un domicilio de lujo

El que da la bienvenida en su departamento es Mauro Martins, padre del futbolista que llegó días antes para ver a su hijo en el clásico que enfrenta a Gremio con el Internacional. A Mauro se lo nota triste porque acababa de enterarse de que Marcelo no jugará, luego de que la Confederación Brasileña de Fútbol anunciara que el boliviano estaba suspendido por una agresión a Rafael Sobis, en un encuentro ante Fluminense.

"Voce está em sua casa", saluda Mauro, a quien el portugués nunca se le pierde cuando habla, a pesar de que vive en Santa Cruz hace más de 32 años. Ingresamos en un amplio y cómodo departamento, que tiene tres suites, sala amplia, comedor y una churrasquera, algo que, según la gente que vive en Porto Alegre, no puede faltar en un domicilio, ya que la mejor carne de res de ese país se encuentra en la ciudad ‘gaúcha’, donde el asado es una de las comidas típicas. 

Diez minutos después llega Marcelo, vestido con ropa casual (bermuda jean y polera blanca), viene acompañado de Ronald ‘Chichín’ Eyzaguirre, un gran amigo cruceño al que invitó para que lo acompañe en el último encuentro del Brasileirao. Ambos llegan cargados de bolsas, pues fueron de compras al supermercado, uno de los pocos lugares a los que el futbolista va regularmente porque le gusta elegir lo que come y lo que toma. Saluda con una sonrisa y guarda todo en la heladera, no sin antes comer un sándwich de jamón y queso y tomar un vaso con jugo de frutilla preparado por su padre, que siempre insiste para que el goleador se alimente con cosas naturales y de esa manera evite la comida ‘chatarra’. 


EL ALMUERZO SIEMPRE SE SIRVE EN CASA
NATURAL. En sus días libres Marcelo la pasó en su casa con su padre y un amigo. La comida del mediodía sí o sí es hecha allí

Un día antes Marcelo se enteró de que no jugaría en el clásico Gremio-Internacional, por lo que esa noche no concentra con sus compañeros de equipo, pero mañana tiene programado entrenarse normalmente, en el cierre de las prácticas.

Al día siguiente, sábado por la mañana, lo acompañamos hasta el lugar donde se ejercitará con el equipo. Al llegar entendemos por qué el delantero sale poco y su vagoneta, Range Rover blanca 2012, usa vidrios oscuros. Su ingreso al entrenamiento no es fácil. Al verlo llegar los hinchas lo acosan en busca de autógrafos o para sacarse fotos junto a él. Algunos incluso logran ingresar a la zona exclusiva del estacionamiento para los futbolistas. Allí, varios le preguntan si estará en el partido. Les aclara que lo han suspendido y se hace visible el malestar de los hinchas, que lamentan que el máximo goleador del equipo (anotó 21 tantos en la temporada) no sea parte de un partido histórico, pues será el último en el Olímpico. De cualquier modo, como satisfacción, Moreno ya inscribió su nombre porque fue el último en anotar en la que fue la cancha de Gremio por 54 años (marcó el segundo gol en la victoria sobre Sao Paulo, 2-1, en noviembre).

Un paseo por la tienda de Gremio es otra evidencia de la fama del 'Flechero', el nuevo sobrenombre que tiene Martins y con el que se intenta remplazar el de  'Matador' con el que fue bautizado cuando defendió los colores de Cruzeiro. 

¿Cuál es la polera más vendida? le preguntamos a Heberto, uno de los funcionarios de la tienda. "Al día se venden hasta 35 poleras de Moreno y luego las de Kleber", responde, mientras repone un estante de camisetas número 9. Dentro de los accesorios hay a la venta una camiseta casual con la imagen del boliviano con un arco y una flecha, otra de las preferidas de los hinchas.

En el entrenamiento, Marcelo trabaja de manera liviana, al igual que el plantel, que es ovacionado por unos 15.000 hinchas presentes en el estadio.


UNA PERSONA DE CONFIANZA EN CASA
INTIMIDAD. Shirley es la señora que atiende los que haceres del departamento de Marcelo. Va dos veces a la semana  

 

Más de su intimidad

Otra vez en su domicilio, donde el almuerzo es casi siempre a las 13:00. La que sirve la comida es Shirley, una mujer mayor, que también tiene a cargo la limpieza del departamento. Marcelo no tiene preferencia por algún tipo de alimento, pues come de todo y mucho. "Lo más importante en un futbolista es comer bien, eso lo tengo bien claro", sostiene, mientras en la mesa hay feijoada, bife, pollo hervido, ensalada y arroz, acompañado de Coca Cola, gaseosa de guaraná y una jarra de jugo de papaya.

Shirley comenta que se siente como en su casa, pues Marcelo, según su opinión, es una buena persona y que cuando conversan le gusta hablar mucho de Bolivia. "Voy a decirle que me lleve a conocer su tierra", dice. Pero ella no es la única persona que trabaja para el delantero, también está Leandro, el joven que atiende todos sus asuntos particulares y que no tienen nada que ver con Gremio. Su asistente reconoce que Marcelo, para él, es un amigo, más que un jefe.

La tarde de sábado es adecuada para descansar. Bueno,  en realidad para que el jugador duerma al menos tres horas. Algo que para él es algo  normal. 

En su cuarto, que tiene una vista privilegiada del centro de la ciudad, hay una cama de tres plazas, arriba de ella hay un banderín de la selección nacional, otro del Shakhtar y un muñeco con los colores de Gremio (celeste, blanco y negro). De frente está el closet, mientras que detrás de la cama hay un armario en el que están más de 30 pares de zapatos y otra buena cantidad de los relojes que le gusta coleccionar, todos de buena marca. 

Pero si hay alguien que sabe mucho de Marcelo, ese es Chichín Eyzaguirre, que lo conoce desde que era niño. "Recuerdo cuando llevábamos al ‘flaco’ de mascota a Mapaiso, donde jugábamos con su hermano Marlon. Él tenía 11 años y era un chico callado", cuenta Eyzaguirre. El amigo, que lo ha visto crecer y le tiene un gran cariño, reconoce que está impresionado de la manera en la que la gente de Porto Alegre lo quiere y asedia al goleador ni bien llega a un lugar público o camina por las calles.


EL NUEVO CONTRATO CON ADIDAS
INGRESO. Hace poco, el atacante de Gremio firmó un contrato con la marca Adidas, que le da buenos ingresos

 

Muy a gusto en la ciudad

La ciudad le gusta tanto al Flechero que decidió comprar el departamento donde vive, que en esa zona de la ciudad cuesta alrededor de $us 200.000. Ese es uno de los varios bienes que tiene, aunque es muy reservado cuando se le pregunta cuánto dinero ha ganado y tiene.

Como cualquier persona común, a los 25 años, le gusta divertirse. Es más, ese día, por la noche, se anima a ir a una de las discotecas más importantes de la ciudad. En realidad, sus amigos fueron los que lo invitaron, aunque es difícil que pase desapercibido, pues sus 1,87m y larga cabellera son inconfundibles, así que es todo un operativo para que el goleador llegue hasta un camarote exclusivo. Lo acompañan dos guardaespaldas, pues ni bien ven al delantero comienzan los pedidos de fotos y firmas, pero en un día libre hay que divertirse y Moreno lo hace a su estilo, con agua mineral en mano, pero bailando sin parar, pues ese es su pasatiempo, sobre todo cuando la música que suena es la electrónica. 

La permanencia del Matador en el lugar es solo un par de horas, ya que al día siguiente tiene planificado asistir una hora al gimnasio, que está en el primer piso del edificio donde vive, y por la tarde ir al clásico.

Son las 16:00 del domingo, el boliviano llega al estadio, da su auto a Pedrao, uno de los porteros, y luego de seguir un control de seguridad va directo al palco de las familias de los jugadores, que estaba lleno, por lo que Martins decide ver el partido por la TV en el vestuario del equipo, pues allí hay circuito cerrado. 

No sale contento porque el empate con Inter le impidió a Gremio clasificarse para la fase de grupos de la Copa Libertadores, aunque estará en la etapa de eliminación directa. Se fue un día más con una ensalada de frutas de cena que preparó don Mauro. Fue ahí que el 9 confiesa que una de las cosas que más extraña de Santa Cruz es la chicha y recuerda los años  en los que el dinero era difícil de conseguir en su casa y él tenía que vender asadito en el Tahuichi. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando a finales de 2004 partió  para jugar en Vitoria de Bahía, donde se formó como jugador y desde donde fue transferido a otro club brasileño, Cruzeiro. 

El lunes, confiesa que piensa retirarse a los 30 años porque quiere ser representante de futbolistas, pues ya tiene un colchón económico que asegurará su futuro. “Ese es el privilegio de ser jugador, aunque también te privás de muchas cosas”, dice y  recuerda que su primer sueldo en Oriente fue de $us 50.

En el tercer día libre se transforma en un chico de barrio, porque decide jugar un partido de minifútbol con varios amigos. 

El último día libre es de pleno descanso, solo con una sesión de fotos para EXTRA en el estadio Arena. Después, Marcelo comienza a planificar su llegada a Santa Cruz para pasar Navidad  con su madre, Ruth Moreno, y sus hermanos Marlon, Demis, Gabriela, Marcelo, Jarmen, Michel y Sarita. Sus vacaciones están programadas en las playas de Florianápolis. La vida le sonríe. 

UNA EVOLUCIÓN IMPRESIONANTE
En ocho años, el delantero pasó de Oriente a triunfar en el fútbol de los pentacampeones del mundo

EN ORIENTE NO TENÍA CONDICIONES
A finales de 2004 dejó Oriente y se fue a formar en el Vitoria, de Brasil, donde estuvo por dos años. A los 19 fue transferido al club Cruzeiro, de la primera división y luego fue vendido al Shakhtar de Ucrania, por $us 14 millones, algo histórico.

COMENZÓ LA HISTORIA BUENA DEL ‘MATADOR’
En la Libertadores de 2008, Martins fue el máximo goleador de la Libertadores, al igual que el paraguayo Salvador Cabañas. Ese logro le valió ser el mejor futbolista boliviano y obtuvo el Premio Mayor, de EL DEBER. En Europa pasó por Shakhtar, Werder Bremen y Wigan.

TUVO LA CHANCE DE JUGAR CON LOS MEJORES
Cuando era juvenil también vistió la camiseta de la selección brasileña sub 20, que jugó un torneo internacional en Holanda, donde fue el goleador. Cuando pasó los 20 años decidió jugar para Bolivia.

UN PADRE QUE NUNCA BAJÓ LOS BRAZOS
EL ‘VIEJO’ QUERIDO.  MAURO MARTINS ES EL MENTOR DE MARCELO, AL QUE TODAVÍA ADULA
Y LO ACONSEJA SOBRE SU ALIMENTACIÓN Y SU ENTRENAMIENTO. UN PADRE QUE VIVIÓ MOMENTOS DIFÍCILES PORQUE CREYÓ EN SU HIJO

Aunque menciona poco a su madre, Ruth Moreno, es muy importante en la vida de Marcelo, pero su padre, Mauro Martins, ha sido y es clave en su carrera de futbolista de élite, no es por nada que en todas las entrevistas en las que habla de su vida y su familia nombra a su progenitor como a principal fuente de motivación.


“Cuando estaba en la juvenil de Oriente, a mi padre le decían loco porque cada vez que yo anotaba festejaba gritando que yo valía un millón”, señala el delantero de Gremio. Mauro cuenta que siempre tuvo fe de que Marcelo sería un futbolista de élite, por eso con lo poco que tenía lo vestía bien y lo alimentaba con lo mejor. “Fue el primero de la juvenil en usar unas Nike, además yo podía tomar té de palta con pan, pero Marcelo siempre almorzaba y cenaba bien”, recuerda.




No fue fácil lo que pasó el padre, que sufrió más de la cuenta para que Marcelo no decayera cuando estaba solo en las inferiores de Vitoria, donde fue a formarse. “Viajaba 70 horas por tierra  a Salvador (Bahía) para estar con mi hijo y apoyarlo, porque era un chico de 16 años y no la pasaba bien”, apunta Mauro, que tuvo que dormir en el suelo donde estaban alojados los chicos del club.
También recuerda el episodio que vivió con Carlos Chávez, que en ese entonces era presidente de Oriente. “Fui unas 50 veces para pedir que me atienda y me dejó esperando por horas, y no le dio la gana de recibirme. Yo quería que Oriente negocie con Vitoria para que le ingrese plata al club albiverde, pero nunca me dio bola. Después, cuando Vitoria hizo el contrato profesional, Chávez llamaba para reunirse conmigo, así que tampoco lo atendí, lo dejé plantado varias veces”, rememora entre risas.


La última anécdota de Mauro le ocurrió cuando viajaba en avión hasta Belo Horizonte para que Marcelo firme su contrato con Cruzeiro. Sufrió un ataque al corazón y tuvo que ser bajado del avión en Campo Grande, por suerte todo salió bien, aunque desde el hospital guió a su hijo para que haga un buen contrato y empiece su exitoso paso por ese club.

“Cuando mi hijo hacía un gol, yo gritaba que valía un millón y los padres de otros chicos de Oriente me decían que estaba loco. Al final valió 14 millones”

En estos días, don Mauro también es uno de los que prepara la comida en el departamento de su hijo, en Porto Alegre

LOS FANS LO ACOSAN; Y PARALIZA EL TRABAJO

La presencia de Marcelo Martins es capaz de hacer que los hinchas hagan locuras por una foto o una firma suya, y por si fuera poco hasta paralizar la obra de una construcción impresionante como el nuevo estadio Arena de Gremio.

Al finalizar un entrenamiento, Marcelo se detiene ante el pedido de una fanática, Mariele Marques, que está de cumpleaños y quiere como regalo una foto con el delantero y de paso entregarle una carta y un perfume. El boliviano le da un abrazo por su aniversario natal, toma los obsequios que entrega la joven y se sube a su movilidad.

En su departamento, lee la carta y se conmueve. "Es muy bueno lo que escribió, le voy a regalar una camiseta", afirma. Luego, en una visita, a pocos días de la inauguración del Arena, Marcelo Moreno llegó al estadio para una sesión de fotos para EL DEBER y los trabajadores dejaron de trabajar media hora solo para tomarse una foto con él.





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