SOCIEDAD

Un video que se hizo viral reabre el debate sobre el racismo en Bolivia


El caso de racismo protagonizado en un micro, en la ciudad de Santa Cruz, destapó hechos que ocurren más a menudo de lo que muchos no quieren admitir. Cuatro personas conocedoras de este tema dieron sus puntos de vista a EL DEBER

Janko fue agredida verbalmente el pasado martes en un micro de Santa Cruz
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18/03/2018

Un acto de racismo fue filmado por alguien que luego lo compartió y se propagó como la pólvora en internet. Una mujer en Santa Cruz denigra a otra por su origen y por usar polleras.

Es un video de un minuto y 20 segundos que causó discusiones y debates de todo tipo en las redes sociales: desde gente que repudiaba el acto directamente, hasta otras personas que pensaban que era un montaje del Gobierno del MAS para hacer quedar mal a la gente de este departamento.

Lo concreto es que el hecho ocurrió, el racismo existe en Santa Cruz y se palpa a diario. También en los otros departamentos del país, claro. Aunque muchos ciudadanos cruceños utilizaron el argumento de “esto pasa en toda Bolivia”, para relativizar -o tildar como un “suceso aislado”- lo sucedido en el micro el martes. 

Para el sociólogo guaraní Elías Caurey, el racismo es un fenómeno social que ocurre en la cotidianidad, ya sea en Santa Cruz u otra parte de Bolivia. “Más allá del video en sí, lo que refleja es que nuestra otredad está siendo puesta a prueba y ello nos debe interpelar: ¿qué tanto me conozco y conozco a los demás?, esto en una nueva realidad, donde la mayoría de la población comienza a vivir en áreas concentradas (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz)”, señaló Caurey. 

La escritora Paola Senseve  indicó que cuando se dice que el racismo existe en Santa Cruz, esto no excluye a los otros departamentos, pero ella prefiere hablar de lo que conoce: vivió 25 años en este departamento, actualmente reside en La Paz. “No sé cómo pretendemos mejorar si no nos miramos al espejo. Mano en el pecho, amigos cruceños, ¿cuántos no han dicho o pensado: ‘Ah, el indio de mierda’, o conocen a alguien muy cercano que lo ha hecho? No tienen que admitirlo públicamente, pero sepamos que no porque se trate del racismo con el que nos criaron, el de nuestros padres, madres, abuelos, tías, amigos, quiere decir que no podamos verlo y ser críticos y taxativos al respecto”, apuntó la autora nacida en Cochabamba.

La ley 045 y su aporte

El artista y activista cruceño Christian Égüez manifestó que el sentimiento de rechazo hacia alguien a quien se considera diferente es la parte mínima del racismo. Para Égüez, el problema más grave es cuando se traduce en un sentimiento de superioridad y violencia sobre alguien que no puede decidir “ser negro, gordo, colla, camba, pelirrojo, puta, gringo, sidoso, maricón o marimacho”. Egüez agregó: “Yo no soy partidario de los que afirman que la lucha contra el racismo sea la igualdad, sino abrazar las diferencias como forma de convivencia, aprovechar la diversidad y las disidencias corporales, raciales, sexuales y culturales que habitan en un determinado territorio para construir sociedades más justas”. 

Alfonso Hinojosa, sociólogo cochabambino y docente en la carrera de Trabajo Social en la UMSA (La Paz), expuso que para todos es evidente que Bolivia es un país altamente racista producto de una herencia colonial muy fuerte. Según Hinojosa, el hecho de asumir y de visibilizar el tema, de abordarlo y de tratar de generar legislación sobre el asunto (la Ley 045 Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, promulgada el 2010) , es un avance fundamental. “Pero esta dimensión jurídica no va a borrar todas las prácticas muy presentes, no solo institucionalizadas, sino corporeizadas de racismo en Bolivia”, manifestó. 

Para el sociólogo, si bien en los estratos sociales altos es donde prevalecen estas dimensiones racistas, no son los únicos espacios donde se ven estos casos: “También en otros sectores más populares sigue prevaleciendo esto, y se va a expresar cotidianamente en diversas manifestaciones, no solo hacia la mujer, sino hacia otros ámbitos”.

Otra cosa que destaca Hinojosa es que, más allá de la legislación de una ley contra el racismo, está el hecho de la autoafirmación de determinados sectores, sobre todo los sectores étnico-populares. “El hecho de que la otra señora haya respondido, se haya posicionado respecto a su ‘ser colla’, al hecho de llevar polleras, etc., es también un indicador de los avances en esto. Recuerdo una frase del entonces embajador nuestro en Estados Unidos, Gustavo Guzmán, quien afirmaba que uno de los cambios significativos del país tenía que ver con este empoderamiento, si se quiere, de estos sectores, y él dijo: ‘Nadie más, impunemente, puede tratar de indio de mierda a nadie en este país’”. 

Para Elías Caurey las leyes hechas por el hombre funcionan en la medida que le permita regularse a sí mismo y en el caso de la Ley 045, el investigador cree que es un avance significativo que se ha dado, en el marco del Estado Plurinacional. “Pero que, si no se la acompaña con políticas educativas, culturales y lingüísticas, no será muy efectiva; no obstante, de hecho, están los currículos regionalizados, pero está avanzando muy lento frente a las dinámicas sociales”, arguyó.

Christian Égüez enfatizó en que el racismo no se va a solucionar en las arcas del Estado, así se le aplique 100 años a la señora del micro, ya que, para él, la existencia del racismo es congénita a su ejercicio de opresión y violencia. “Por eso la indignación por la paliza que le dieron a los compañeros con discapacidad para impedir su ingreso a plaza Murillo en 2016 pasó más rápido que un parpadeo”, puntualizó. 

“El racismo crea categorías valorativas sobre el cuerpo y la vida que vamos legitimando todos los días y a cada momento, Santa Cruz es el escenario óptimo para esto porque su identidad se ha construido bajo ideales profundamente conservadores y clasistas, como si tanto maltrato heredado de nuestra historia no fuesen suficiente”, concluyó Égüez.

¿Racismo al revés?

La agresión a la mujer de pollera también sirvió para que en las redes sociales se hablara de un supuesto ‘racismo al revés’ que también se siente en Bolivia. Algunos expertos y otras personas opinan que desde la asunción de Evo al poder, las “otrora clases bajas y grupos étnicos indígenas han pasado a ser la hegemonía racial y racista en el país”.

Paola Senseve opinó que para empezar hay que ser consciente de que el racismo no es el mismo siempre, ya que todas las relaciones sociales están atravesadas por connotaciones de poder, clases sociales, historia, simbolismos, etc. “Los bolivianos sabemos, y no por teoría solamente, que los blancos, la clase media y alta (que generalmente son los mismos) no son una población vulnerable. En cambio la discriminación histórica en toda Bolivia hacia el indígena, campesino y pobre, y toda la carga simbólica que esto acarrea hasta el día de hoy, es lo que debe realmente discutirse hasta el hartazgo, hasta el cambio. Esa exclusión sistemática social hacia ellos, en educación, salud, economía y derechos humanos básicos”.

Para Alfonso Hinojosa, que las clases media-alta y alta tradicional, blanca, se sientan discriminadas ahora por los que antes eran los discriminados es una percepción de clase que puede ser válida. “La percepción es distinta. Hablando en términos de movilidad social: aquel que asciende  socialmente se va a tratar de parecer al que está arriba, y ese que está arriba no necesariamente desciende socialmente, pero es alcanzado por otros y se va a sentir avasallado, se va a sentir como invadido”.

Hinojosa dijo que no lo ve tanto como una discriminación a la inversa, sino más bien como una especie de queja, de lamento,  de estos sectores por estos procesos precisamente de ascenso de sectores más populares. “ Pero hechos concretos como el que se ha vivido, donde una mujer de pollera discrimine a otra por su tez blanca, pienso que no hay eso, sino más bien discriminaciones de tipo económico”, resaltó Hinojosa.  

El caso ocurrido visibilizó algo evidente en Santa Cruz y en Bolivia, dependerá de todos sus habitantes que sirva para cambios positivos respecto a estas tensiones. “Negar o aprobar un hecho de racismo es una muestra de cómo estamos como sociedad”, mencionó Caurey. Finalmente, dijo: “El problema es que muy poco nos conocemos como bolivianos en nuestras diversidades”.



 




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