BOLIVIA

Tamara cuenta cómo decidió salir del 'clóset'


Tiene 38 años y en 2013 decidió cambiar de sexo. Nació en el seno de una familia relacionada a la política y a la guerrilla del 'Che'. Es abogada y funcionaria pública

Tamara - Ley de Género
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23/05/2016

Tamara nació como hombre en 1978. Lo hizo en la clandestinidad porque sus padres eran buscados por la dictadura de la época. Viene de una familia revolucionaria que luchó en las guerrillas con Ernesto ‘Che’ Guevara y en las que sus tíos "Inti" y "Coco" Peredo perdieron la vida.

Sus padres, Carlos Nuñez del Prado y Nancy Aguilera, lo bautizaron como Antonio Ernesto. El primer nombre en honor a su abuelo Antonio Peredo Leigue, conocido hombre de la política boliviana, y el segundo nombre se lo puso su padre en honor al guerrillero Ernesto ‘Che’ Guevara. “Imagínate la carga ideológica y política que tenía mi nombre y lo que deseaban sobre mí y mi futuro. Por eso es que para cambiarlo por el de una mujer tuve que pensarlo muchas veces”, confiesa Tamara Nuñez del Prado (38), la ahora mujer lesbiana transexual -como ella se denomina- que el sábado tomó el micrófono en el Palacio de Gobierno y lanzó un discurso breve pero emotivo, a propósito de la promulgación de la Ley de Identidad de Género.

Tamara salió del "clóset" en mayo de 2013, meses después de que falleció su abuelo, el hombre al que ella admiraba a pesar de sus principios muy conservadores al punto que cuando una vez le lanzó la pregunta sobre qué pensaba del cambio de sexo, él le respondió: “Es antinatural”. Era su consejero y su consuelo cada vez que lo necesitaba cuando todavía era Antonio.

Antonio pensó durante mucho tiempo qué nombre de mujer se pondría, porque no se sentía identificado con cualquiera, hasta que un día vio por casualidad un libro de Tania, la guerrillera del Che, cuyo nombre original es Tamara Bunke. Y fue entonces cuando decidió asumir ese nombre, con toda una historia de lucha por detrás, y en su segundo nombre guarda la memoria de su abuelo, por eso es Tamara Antonia.

Tamara recuerda con cariño a su padre, a pesar de que admite que era un “hombre muy homofóbico” por su formación militar, lo que la mantuvo en el “clóset” por muchos años. Pero unos ocho meses antes de que fallezca, y en el marco de su relación muy cercana con él, decidió decirle la verdad. “Ha sido muy difícil para él, fue a la persona que más le costó esta transición, pero como hombre revolucionario supo reconstruirse y entender nuevas cosas, al punto que sus últimos meses de vida tuvimos una relación de "mejores amigos", como antes”, confiesa Tamara.

“Desde pequeña, siempre me han enseñado a luchar por cualquier reivindicación y derecho fundamental o humano. Por lo tanto siempre he tenido en mí eso de no quedarme sentada ni callada”, dice.

Pese al cambio de sexo, a Tamara le siguen gustando las mujeres, tal como sucedía en su juventud. “No podía comprender que el tema de orientación sexual e identidad de género son dos cosas diferentes y separadas. Antes que nada soy una mujer transexual, porque he transgredido de un sexo al otro. Hoy tengo absolutamente todo lo que caracteriza a una mujer. Tengo la operación de resignación sexual y sigo haciendo un tratamiento de reemplazo hormonal. Yo me considero mujer, pero no me gustan los hombres. Tengo una pareja mujer, Claudia Flores, que también es lesbiana, igual que yo. Ambas tenemos hijos. Por lo tanto, soy una mujer lesbiana transexual”, explica.

Tuvo dos matrimonios anteriores, de los cuales tiene tres hijos, la mayor vive en Chile, el menor en EEUU y la del medio vive con ella en La Paz. Todavía tiene que divorciarse de su última esposa que reside en el exterior, para poder beneficiarse de la nueva Ley de Identidad de Género. “Correteo con todos los afanes de una madre: el colegio, la comida, las cosas de la casa, las mascotas... en fin”, cuenta.

Tamara, que es abogada, con una especialidad en Buenos Aires sobre Derechos Humanos y dos diplomados, se viste de mujer desde el día en que salió del "clóset". Atrás quedó Antonio. Trabaja como técnica de resolución de conflictos en el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural desde hace unos cuatro años y fue asesora de la exministra Teresa Morales. Es miembro de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y de la Asociación de Familiares, Muertos y Desaparecidos de las dictaduras.

El sábado sorprendió con su llamativo atuendo cuando dio su discurso en Palacio. Ella cuenta que estuvo ahí a pedido del vicepresidente Álvaro García Linera, a través de la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, quien la llamó cuando Tamara estaba bailando en la entrada del Gran Poder y la sorprendió con la invitación.

Aún le queda en la memoria, todo lo que sucedió a partir de ese momento en que caminó las siete cuadras rumbo al Palacio de Gobierno: “Ahora ¿qué digo? Voy a estar en el mismo lugar en que en algún momento mi abuelo dio un discurso, recordé. La verdad que me sentí muy honrada, muy feliz porque la norma se llegue a aprobar. Me acordé del ‘Che’, mencionó una frase de él y me sentí orgullosa de que se reconozca el trabajo de las personas que desde jóvenes hemos luchado por los derechos humanos. Fue algo muy fuerte, lloré mucho aunque no se haya visto ante cámaras”.



 




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