POLÍTICA

La carretera toca la puerta del Tipnis con obras del Evo cumple


El tramo 3 de la vía Villa Tunari-San Ignacio de Moxos está totalmente abierto y la maquinaria trabaja para levantar el terraplén. EL DEBER llegó ahí 


12/08/2017

Es un camino tan ancho como el segundo anillo de Santa Cruz, pero está casi en medio de la nada. “Esto es La Palca”, dice Álex Ferrier, gobernador de Beni, mientras apunta a su izquierda. “Para este lado se va a San Lorenzo, para este otro lado estamos a 500 metros de Montegrande”, añade, y apunta a la derecha. 
Estamos en el tramo 3 de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, esa ruta que desde mañana, cuando el presidente Evo Morales promulgue la ley que levanta la intangibilidad del Tipnis, podrá cortar en dos el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). 

Por ahora, el monte se ha cerrado lo suficiente como para convertir en peligroso ingresar hasta Santo Domingo en un vehículo de cuatro ruedas. Si esto no es suficiente, los pobladores de Montegrande se han convertido en guardianes de la puerta del Tipnis, mientras ven cómo -ladrillo a ladrillo- el Estado pone por primera vez los pies en su vida cotidiana en la forma de un microhospital financiado por el programa Evo cumple. La semana pasada repelieron a una caravana de seis vehículos que trataban de aventurarse en busca del poblado tsimane.

Cantera de marchistas
La Palca, por ahora, es el final del camino, pero el inicio está a las orillas del Mamoré, donde comienza el terraplén de la carretera Trinidad-San Ignacio de Moxos. Al costado de la vía en construcción están las comunidades del Territorio Indígena Moxeño Ignaciano (TIMI). En Fátima, Bermeo y Argentina, la figura se repite: el Estado ha sentado presencia. Allí se levantan postas de salud, escuelas de seis y ocho aulas y coliseos con esqueletos metálicos muy parecidos a los sembrados en Chapare. Bermeo y Argentina fueron cunas de presidentes de marchas indígenas, como Bertha Bejarano, pero ahora es un pueblo manso que cosecha toronjas y ve pasar la vida.  

Más allá, en Santa Teresa del Apere, el primer poblado del Territorio Indígena Multiétnico (TIM) que visita Ferrier, los pobladores se arremolinan ante el gobernador, que pasa revista a la escuela que se levanta. La obra ya tiene los muros revocados y las tijeras recién barnizadas que soportarán el techo contrastan con las tablas grises y techos de motacú que conforman las casas de los indígenas moxeño que ahí viven. Se han vuelto voraces. Pese a que la escuela tendrá coliseo, le exigen al gobernador que les aplane un terreno para una cancha. “Pero si van a tener coliseo, ahí pueden jugar”, les dice Ferrier. “Sí, pero es chiquitingo, no se puede corretear”, responde una mujer, que hace años dejó de correr por las pampas benianas.

Las mujeres son las que más se atreven a pedirle cosas a Ferrier, que recorre su territorio como una especie de Ekeko cargado de promesas de proyectos. “Si fuéramos sus adulados, ya nos hubiese aprobado nuestros proyectos”, le reclama, una mujer canosa y risueña, sentada en la sede comunal de Retiro, a 50 km de San Ignacio de Moxos.

Retiro de verdad parece ser el adulado de las obras del Gobierno en la zona indígena circundante al Tipnis. Tiene telecentro, se construye un colegio con coliseo y ya pasó por el programa Mi agua. “Pero les aprobé su proyecto más grande. Terminemos esto hasta el 18 de noviembre y vamos a poder hablar de vivienda y sede comunal”, dice Ferrier, urgido de seguir viaje.

Ahí lo detiene el cacique, que espera que explique la construcción de la carretera y la ley del Tipnis. No se oponen a la construcción, los indígenas que antes engrosaban las columnas de las marchas por tierra y territorio les exigen que trabajen más rápido, que las empresas que construyen el tramo tres no tarden tanto. Con Bs 28 millones invertidos solo este año en el TIMI y el TIM, el Gobierno ha cambiado la correlación de fuerzas. 

Reacción tardía

“Dos o tres dirigentes han abierto nuestro territorio al gobernador”, se lamenta Adhemar Mole, presidente de la Central de Pueblos Moxeños. Es moreno y alto que habla frente a una veintena de dirigentes en el salón de Cáritas, en Trinidad. “Antes podíamos reunirnos con 15 corregidores del Tipnis, ahora juntar cuatro es un éxito”, se queja. 

Mole tiene el don de la palabra, pero cuenta una historia repetida. La dirigencia indígena está dividida y el dirigente que se convierte en autoridad de Estado es dirigente perdido. “Si hay que hacerla en grande, la vamos a hacer en grande”, arenga. 
“Este problema no es solo del Tipnis, los problemas se repiten en todos los territorios. En todos hay avasallamientos, proyectos sin consultas como Chapete y El Bala”, repite.  

Luego hablará Eleuterio Temo, presidente del TIMI y dirá que nadie se opone a la carretera, pero que no quieren ese trazado. Discurseará Bernardo Miuba, del TIM 1 y dirá  que el Gobierno parte los brazos operativos de las organizaciones y los hace pelear y se preguntará “cuál será el apuro de Evo Morales por construir la carretera”. Dirán que hay que armar comisiones, que hay que organizarse, que hay mucha gente del Tipnis que quiere salir a protestar, pero que los ríos están bajos, que no hay gasolina ni dinero. Hablarán durante toda la tarde, tendrán un plan al caer la noche, pero mientras ellos hablan, las máquinas avanzan.

Ferrier ya ha organizado la salida de sus bases para que mañana vitoreen al presidente mientras promulga la ley en el coliseo de Trinidad; pero ahora, parado en La Palca, sonriendo, apunta a las máquinas que descansan en el horizonte y anuncia que hasta fin de año, el terraplén del tramo tres estará concluido. Ahí, la carretera tocará las puertas del Tipnis por ambos extremos.  



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