POLÍTICA

Gary Prado Salmón: “Para mí, el legado del Che es una fosa vacía”


El general Gary Prado Salmón, que atrapó a Ernesto Che Guevara en la quebrada de El Churo, desempolva sus recuerdos 50 años después


04/10/2017

Cincuenta años después, ¿qué significa para el Ejército boliviano la captura  del Che Guevara?
Para el Ejército boliviano siempre representó una victoria sobre una invasión armada de un grupo de extranjeros que pretendía imponer un modelo castrista en el país. Desde el año 2006 ha comenzado a cambiar el enfoque que el Gobierno actual le da a la acción del Che, y por eso viene gastando dinero y haciendo demostraciones de lo que significa su legado. Para mí, el legado del Che es una fosa vacía. Eso es todo lo que ha quedado del Che en Bolivia después de 50 años. Para todos los militares que participamos de aquella campaña y para las generaciones siguientes, lo que se está haciendo es una forma de humillar a las FFAA y eso para mí es por instrucciones de Cuba.

¿Qué implica el grito de ‘Patria o muerte’  que ahora usa el Gobierno?
No significa nada en realidad. Había una notita muy bonita de Carlos Valverde que publicó y que decía que Patria o muerte era el grito del Che. Pero cuando lo tomaron preso, (Guevara) dijo: No me maten, soy el Che. 

¿Cómo fue ese momento de la detención del Che, aquel 8 de octubre de 1967?
Venía de una serie de contrastes ya la guerrilla, reducida a 17 hombres cuando empezamos a operar nosotros con el batallón Manchego. Mi compañía fue la primera en entrar en la zona de operaciones, realizar una serie de rastrillajes. En el primer día de rastrillajes capturamos a dos guerrilleros que habían desertado, los envié prisioneros a Vallegrande y de allí los llevaron a Camiri para el juicio.

Y a pocos días recibimos información de campesinos que habían visto a los guerrilleros en la quebrada de El Churo. Monté la operación, cerramos la quebrada, y se produce el combate. Cuando dos hombres tratan de romper el cerco y salir por un costado, por una falla que había en la muralla de la quebrada, los dejaron acercarse dos soldados que yo había puesto justamente en previsión por si salían por ese sector, y les dijeron: quietos y gritaron: ¡Mi capitán, aquí hay dos! Yo estaba a unos 15 metros más abajo, donde era mi puesto de comando.

Me encontré con estos dos y uno me dijo: No me maten, soy el Che Guevara, para ustedes valgo más vivo que muerto. O sea, ahí no hubo patria o muerte, sino simplemente el instinto de conservación. Un hombre derrotado, se le notaba al final de sus fuerzas. Esa es la imagen que tengo del Che. No es como cuando me preguntan periodistas jóvenes qué sintió usted cuando lo vio al Che: Pena, daba pena. Era el fracaso de toda su vida, de su serie de fracasos porque no había sido muy exitoso en ninguna de las tareas que había emprendido en toda su vida. 

Atribuyen la victoria del Ejército boliviano a la presencia de soldados estadounidenses, ¿cree que es así?
Hubo 14 instructores norteamericanos que estaban en La Esperanza, durante el tiempo que duró el entrenamiento de 16 semanas. Tenían prohibido venir a la ciudad de Santa Cruz, estaban 80 km al norte, jamás se acercaron  a las zonas de operaciones que eran en el sur. No participaron absolutamente en nada. Eso está documentado. La CIA, ¿acaso tenía algún agente entre los campesinos? Nada. Fue un esfuerzo propio de los bolivianos.

¿Cómo era la coordinación de usted con su tropa?
Con radio militar. Los guerrilleros no tenían nada, no se comunicaban con nadie. Quedaron aislados. Y quiero remarcar un aspecto que he venido analizando varios años y está confirmado. Al Che lo mandaron a Bolivia para librarse de él, lo hizo el mismo Castro. Ya en Cuba, a  partir del 65, la presencia del Che era muy incómoda. Cometió varios errores, su propio carácter altanero, atropellador molestaba a la cúpula del Partido Comunista Cubano. Lo mandan al África, a la República del Congo. Yo le pregunté, cuando estaba detenido,   qué fue a hacer al África. Me dijo: Quisimos hacer la revolución pero allá no se puede hacer nada, están colgados de los árboles todavía. Ese era el concepto que tenía de los pueblos que estaban luchando. Lo mismo dice de los bolivianos, en su diario, que son como animalitos, así nos miraba y ese es al que ahora le estamos rindiendo pleitesía y honores.

¿Cuándo llegó la orden de matarlo?
Yo no estaba ya en La Higuera. Había salido en la mañana después de que llegó el comandante de división y le entregué toda la información, diarios, a los dos prisioneros. Salí para reunirme con el capitán Torrelio y su compañía y realizar rastrillajes donde cayeron dos guerrilleros más. Volvimos cerca de las 14 horas y ahí nos enteramos que había llegado una orden de La Paz y que había sido ejecutado el Che. Yo no tuve nada que ver, había cumplido al entregar a mi prisionero al comando superior y lo que sucedió más allá no era mi responsabilidad, tampoco me gustó, digamos así, la decisión, no tuve nada que ver con esa parte de la historia.

¿Conversó mucho tiempo?
Tuvimos varios episodios de conversación a lo largo de la tarde y de la noche que estuvo prisionero, porque creo que él ni yo dormimos. Yo preocupado con la seguridad, iba a cada rato, le llevábamos comida, café, cigarrillos. Entraba yo con un café y nos poníamos a charlar. Yo le quería preguntar algunas cosas, no un interrogatorio, simplemente la curiosidad. ¿Y por qué vino a Bolivia? Usted dice que cuando hay un gobierno democrático, aunque sea haya llegado con trampa al poder, pero que se mantiene, es imposible hacer la revolución. Y usted se viene a Bolivia, donde ya tuvimos revolución. Me dijo: Es que me dieron mala información. Yo no preparé esta expedición. ¿Quién la preparó? Otros niveles. ¿Que otros niveles? ¿Fidel? Otros niveles, ya no quiso profundizar más. 



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