BOLIVIA

Pinto contó a EL DEBER el drama de su encierro y su salida de Bolivia


El Diario Mayor visitó en septiembre de 2013 al exsenador en Brasilia. Relató cómo fue el plan que le permitió dejar la embajada de Brasil en La Paz tras 454 días

Róger Pinto en la casa en Brasilia en la que se había alojado provisionalmente tras escapar de Bolivia. Foto: Cecilia Dorado

16/08/2017

Róger Pinto Molina falleció este miércoles luego de cuatro años como refugiado político en Brasil. Antes de tener ese estatus había pasado 454 días asilado en la embajada de Brasil en La Paz, lugar del que salió con un arriesgado plan y con ayuda del diplomático Eduardo Saboia. 

EL DEBER visitó a Pinto pocos días después de que logró salir del país y conoció de su propia voz los detalles de esta hazaña que le dio la libertad que no encontró por la vía legal. Era agosto de 2013, lo encontramos en la casa de su abogado Fernando Tibúrcio, en una zona residencial de Brasilia, al borde de un lago.

La prensa internacional ya tenía la mirada puesta en su historia. Periodistas de O Globo, la revista Veja, además del documentalista Dado Galvao, ya habían tomado contacto con el entonces senador suspendido. 

Pinto se mostró muy prestó a conversar con la prensa y aunque todavía se reponía de lo difícil que había sido pasar tanto tiempo asilado dentro de la embajada en La Paz, pensaba en lo bueno que significaba haber tomado la decisión de salir del país.

Reproducimos a continuación la entrevista que concedió a EL DEBER en aquella oportunidad y que fue difundida el 1 de septiembre de 2013. El exsenador no pudo contener las lágrimas al relatar los momentos más duros dentro de la embajada.

Senador Róger Pinto confiesa que pensó terminar con su vida

Contó con impaciencia cada uno de los 454 días que estuvo encerrado en la embajada de Brasil en La Paz. El senador Róger Pinto se acostumbró tanto al lugar que, al momento de partir, miró hacia atrás y cuando vio que dejaba su cuarto, su cama y su silla se le hizo un nudo en la garganta.

Luego miró las calles y el sol "diferentes", también pasó por Achocalla, en la zona sur de la ciudad, donde estaba el edificio en el que vivió y pidió que le permitieran bajarse un minuto para "despedirme de mi casa, no sé cuándo voy a volver". Cuando recuerda ese momento, a Pinto se le quiebra la voz y derrama lágrimas.

Pinto en la entrevista con Cecilia Dorado, actual jefa de Redacción de EL DEBER

Con chaleco antibalas

Con chaleco antibalas, igual que las otras seis personas, entre ellas el encargado de negocios de la embajada, Eduardo Saboia, Pinto no necesitó ponerse en el maletero ni disfrazarse para salir en el vehículo oficial. Pero a 10 kilómetros de Puerto Suárez, el panel del motorizado empezó a advertir la falta de combustible. "No había donde cargar gasolina y si alguien bajaba levantaba sospecha", narra. Con esa incertidumbre siguieron el viaje hasta Puerto Suárez, donde consiguieron gasolina. Estando a pocos metros de la frontera, todavía estaba en pie el plan "B": si alguien los descubría, había que bajarse y cruzar a pie la frontera, pero no fue necesario.

Aunque todo fue rápido, también fue muy planeado. Pinto confiesa que para no despertar sospechas en el Gobierno se decidió dejar encendido su teléfono, su computadora, su Facebook y cree que eso "distrajo". "Yo creo que la deficiencia de la vigilancia policial permitió todo", dice.

"Dios no hace milagros a medias", fue el pensamiento que lo fortaleció en la incertidumbre. Cuando cruzó la frontera, todos se abrazaron en medio del llanto. Llamó a su hija, le dijo que estaba libre y que le avisara a su mamá (de él), a quien no ha visto desde el día en que entró a la embajada, el 28 de mayo de 2012. Un día antes, domingo, él la llamó, la abrazó por el día de la madre y esa fue una despedida sin saber si iba a regresar o no.

Róger Pinto junto a la periodista Cecilia Dorado

La idea del suicidio

"Estoy convencido de lo que hice, había que hacerlo más allá de los costos materiales, políticos y familiares", confiesa, aunque esta situación lo llevó varias veces a pensar en quitarse la vida. "Ante la imposibilidad de no poder hacer nada (por solucionar su situación) a veces pasa por la cabeza "por qué no soluciono rápido esto y acabamos de una vez. Fueron varias oportunidades. La soledad, el aislamiento, la falta de sol, el tiempo… te lleva a pensar en eso, pero al final pensé que no era cristiano y que sería un hecho cobarde, porque mucha gente esperaba que siga resistiendo, entonces había que sacar fuerzas de donde no había. Gracias a Dios mis valores cristianos me hicieron sostener que era más importante la vida que solucionar esto circunstancialmente", dice el hombre de 53 años.

Pinto calló por un momento y luego de secarse las lágrimas continuó relatando, a veces con pausa, cómo ha sido su vida durante este tiempo.



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