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La Iglesia pide el cese de la violencia en Bolivia


A través de un comunicado, los Obispos del país han pedido a ambas partes deponer actitudes de confrontación y extremar todos los recursos para instalar un diálogo

Los Obispos de Bolivia han condenado la violencia, en un comunicado leído por monseñor Óscar Aparicio
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25/08/2016

Los Obispos de Bolivia expresaron su dolor e indignación por los violentos enfrentamientos entre mineros cooperativistas y policías, que en la víspera, de acuerdo con las versiones de Fencomin, han costado la vida de los mineros Fermín Mamani Aspeti y Severino Ichota, y dejó un número considerable de heridos en ambos sectores, en la carretera Oruro-Cochabamba. El Gobierno solo habla de una víctima fatal.

"La Iglesia condena la violencia desatada y pide de parte de todos optar por el diálogo que, para que sea verdadero, necesita sinceridad y honestidad, único camino responsable y efectivo para solucionar nuestros problemas", señala el comunicado.

“Lamentamos profundamente que este conflicto, que ya lleva tiempo sin solución, haya crecido hasta desembocar en los hechos dramáticos que hoy enlutan al país. La violencia nunca lleva a soluciones verdaderas y duraderas y, por el contrario, es fuente de dolor y muerte, como en el presente conflicto”, agrega el documento leído por monseñor Óscar Aparicio.

"Una vez más como Iglesia, defensora de la vida, condenamos vehementemente la violencia, venga de donde venga. Urge de parte de todos optar por el diálogo que, para que sea verdadero, necesita sinceridad y honestidad, único camino responsable y efectivo para solucionar nuestros problemas", reflexionan los Obispos de Bolivia.

“Especial responsabilidad tienen las autoridades nacionales y regionales, pues son los llamados a velar por un estado de derecho que garantice la vida y los derechos fundamentales de las personas”, añade.

Finalmente, los obispos también se refirieron a la tragedia por el sismo en Italia, expresando su plena solidaridad con las familias de las víctimas y con el pueblo italiano, tal como lo expresó el propio papa Francisco.



 




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