CULTURA

“Los problemas con el patrimonio cultural son similares en el mundo”


Trabaja para el Gobierno estadounidense en la preservación de los patrimonios culturales del mundo. Participó del Encuentro Internacional de Gestores Culturales


06/11/2017

Allison R. Davis es arqueóloga y trabaja en el Centro de Patrimonio Cultural de Estados Unidos, que colabora con la conservación y protección de los bienes culturales de todo el mundo. Ella participó días atrás en el Encuentro Internacional de Gestores Culturales que se realizó en Santa Cruz de la Sierra. En la charla que dio describió las medidas que Estados Unidos ha tomado para proteger el patrimonio de otros países a través de la historia, como la depredación del mundo Maya en los años 60, los daños causados a los bienes culturales tras la invasión de Irak, la destrucción del patrimonio cultural en Siria y la de otros lugares donde trabajan de manera coordinada con los Estados e investigadores. La especialista conversó con EL DEBER acerca de su labor en Bolivia y la región. 

—¿En qué países colaboran más para la conservación de su patrimonio  cultural? ¿Cuál es su labor en ellos?

Tenemos varios acuerdos bilaterales para combatir el tráfico ilícito de bienes culturales en todo el mundo. Son en  total 17 países. En América tenemos convenios con Perú, Bolivia, Colombia, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y Belice. Mi trabajo es hacer un monitoreo  en esos países de la manera en que se está implementando  esas colaboraciones.
Por ejemplo, vengo a Bolivia para hacer investigaciones de cómo está funcionando el acuerdo, la situación del saqueo, tráfico ilícito de bienes culturales y buscando oportunidades para mejorar la colaboración entre los dos países. Con ese fin he visitado Tiwanaku, Samaipata, Sucre, Potosí, Incahausi y algunas iglesias lejanas que han sido objeto de saqueos de sus cuadros coloniales y del arte colonial eclesiástico.

—¿Cómo es el tipo de apoyo que realizan respecto al patrimonio cultural?

Hay colaboración entre investigadores de Estados Unidos con los de los otros países. Nosotros facilitamos el intercambio entre ellos y además tenemos dos programas que ofrecen apoyo financiero. Uno de ellos es el Fondos del Embajador para la Preservación del Patrimonio Cultural, y es un concurso internacional. Cada embajada nomina proyectos a Washington para el certamen y resulta que Bolivia ha ganado en diversas ocasiones, este año para la restauración del museo y convento de Santa Teresa en Cochabamba y en años anteriores hemos tenido proyectos en las capillas coloniales de Curahuara de Carangas, el cementerio de La Paz con los mausoleos patrimoniales y en Beni con el archivo de música de Moxos. El Fondo total es de $us 6,5 millones, que se reparten entre los diferentes proyectos.

Lo interesante es que Bolivia siempre tiene muchas oportunidades de ganar por los proyectos bonitos que presenta.


El segundo programa en el que trabajamos con apoyo financiero  está destinado a mejorar la seguridad de los sitios patrimoniales. Justamente en octubre del año pasado realizamos un taller de seguridad de patrimonio cultural en Sucre con expertos de Estados Unidos y de Bolivia para mejorar la seguridad de las iglesias coloniales y los bienes inmuebles que tienen dentro. 

—Hace poco Estados Unidos anunció su retiro de la Unesco  ¿Dificultará el trabajo que actualmente están realizando en países como Bolivia?

Aunque nos hemos retirado de la Unesco, que recién tendrá efecto en 2018, seguimos como Estado parte en la convención y también sigue en efecto nuestra legislación nacional. Esa legislación  nos permite realizar acuerdos bilaterales y  establecer restricciones a la importación de bienes culturales de otros países hacia Estados Unidos. En términos prácticos, en el ámbito del tráfico de bienes culturales los mecanismos siguen, los acuerdos siguen y no afectará que nos hayamos retirado de la Unesco. 

—¿Cuáles son los problemas que hay para la protección del patrimonio cultural  en Bolivia y en los países de la región? 

Son los mismos problemas en todo el mundo. El saqueo y la venta de los objetos culturales y también el desarrollo desproporcionado de grandes edificaciones que daña los patrimonios; por ejemplo, cuando se decide construir un aeropuerto en detrimento de los espacios patrimoniales.  En ese aspecto con Bolivia trabajamos de forma coordinada.