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Diálogo no prospera en otra jornada violenta


Discapacitados enfrentan a policías con sogas y muletas Un herido, varios detenidos y muchos contusos es el saldo de una jornada violenta. El acuerdo parece estar lejano

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29/04/2016

Todo empezó cuando los discapacitados decidieron atar una soga a las estructuras metálicas construidas para resguardar el acceso a Palacio de Gobierno y halar, al grito de ¡Ahora es cuando!, para derribarlas.

La reacción policial no se dejó esperar y empezó el forcejeo. Sillas de ruedas que se estrellaban contra las vallas de hierro y muletas que golpeaban para impedir que se refuercen los resquicios por donde era posible vencer el estricto resguardo policial.

Fueron varios minutos de tira y afloja. Los discapacitados halaban de la cuerda y los policías reforzaban con alambres su fortaleza de hierro. La severa discapacidad visual de Jesús le impidió medir las consecuencias, se aproximó demasiado a las vallas y cuando quedó frente a frente con uno de los policías éste lo hirió en la cara con los mismos alambres que utilizaba para reforzar las rejas tras las cuales la policía vigila a los manifestantes.

Pánico y miedo. Jesús quedó tendido en el suelo, sin auxilio, la sangre tensionó el ambiente: ¡moriremos aquí, por nuestros derechos! , se escuchaba de fondo.


Mientras unos atendían al herido, otros descuidaron a los policías y derribaron una de las tres bardas de hierro. Los policías coparon ese espacio y pidieron refuerzos. Primero los de la UTOP se apostaron en los muros de su regimiento, luego, un contingente policial apareció por detrás intentando cercar a los discapacitados. Más tarde un carro bombero apareció por la calle Bolívar.

Uno de los discapacitados sostenía con su única mano sana un tubo de cartón al que prendió fuego y se lanzó contra los refuerzos. "¡Mátenme, mátenme, no tengo miedo, ya no tengo nada que perder!", increpaba y a paso firme los enfrentó obligándolos a retroceder.

Entonces empezó una batalla a fuego y agua. Los discapacitados apiñaron los cartones con los que improvisan sus camas durante las noches de vigilia e hicieron una fogata. Cuando lograron prender el fuego empezaron a lanzar antorchas de cartón contra los policías. En los muros de la UTOP aparecieron decenas de efectivos con ollas, botellas y otros improvisados recipientes de agua para apagar el fuego.

Era una batalla desigual, desde sus sillas de ruedas y apenas sosteniéndose en sus muletas, los discapacitados no lograban traspasar las vallas con sus cartones de fuego que además eran inmediatamente apagados a baldazos. En los alrededores se escuchaban sirenas, la gente alertaba e informaba que por todas las esquinas existían refuerzos.

En medio del conflicto, alguien reconoce a un policía infiltrado, coronel Torrez afirma y señala a un hombre corpulento, vestido de chamarra y gorra: toda la mañana había estado tomando fotografías, filmando y organizando a otros agentes de civil, azuzando a los manifestantes para no generar sospechas.

El tira y afloja tensionó el ambiente por al menos una hora, hasta que entró en acción el Neptuno. Como ocurrió el 6 de julio de 2012, con la vigilia indígena, con un poderoso chorro de agua hizo retroceder a manifestantes, periodistas y transeuntes. Durante la jornada el reportero gráfico de Página Siete, Alvaro Valero, fue agredido por funcionarios del INRA cuando intentaba tomar una panorámica desde el tercer piso del edificio estatal.

Todo esto ocurrió entre las doce y una del mediodía. Mucha gente solidaria respaldaba a los discapacitados sin sospechar que agentes de inteligencia registraban todos los hechos. Cuando todo estuvo en calma empezó la represión, a tres cuadras de la vigilia fueron detenidos varios estudiantes universitarios acusados de arengar a los manifestantes y destruir el ornato público. 



 




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