Recientemente, la Superintendencia de Transportes ha multado al Lloyd Aéreo
Boliviano y AeroSur. A la primera compañía por sus reiterados atrasos y a la
segunda por sus abruptas cancelaciones de vuelo. Ambas medidas se refieren a
meses anteriores. Si sumamos lo sucedido hasta hoy, creo que las tales multas
deberían ser mucho mayores.
Los bolivianos, en general, estamos ya casi acostumbrados al sufrimiento (...)
Si de transportarse se trata, los pésimos caminos, los incesantes bloqueos y las
innumerables ‘trancas’ hacen que moverse por tierra sea un tormento. Si pasamos
al espacio aéreo, la cosa anda por el estilo. De nada sirve la rapidez de un
avión comercial si los vuelos se cancelan o se retrasan hasta niveles
exasperantes.
A todo esto, y mientras el duopolio antipático de estas aerolíneas martiriza a
sus usuarios, las propias autoridades teóricamente encargadas de defender al
consumidor lo perjudican haciéndole el juego a los intereses del LAB y AeroSur.
A las pruebas me remito: recién está iniciando operaciones la empresa brasileña
GOL y ya le están poniendo trabas, al obligarle a que no venda pasajes a San
Pablo, aunque éstos sean mucho más baratos que los otros que se ofrecen; y así
sucesivamente, se amenaza al nuevo proveedor de servicios inclusive desde antes
que los brinde. Me pregunto: ¿dónde está la libre competencia? ¿Dónde queda el
interés legítimo del consumidor? ¿Por qué se piensa en el ‘perjuicio’ a las
empresas y no en el beneficio del cliente?
Y que no me vengan con macanas en torno a lo ‘nacional’. Yo no creo que el
nacionalismo se lleve en una banderita pintada en la cola de un avión; es un
sentimiento mucho más profundo. Sí creo en la conveniencia del consumidor y en
la conveniencia nacional de tener mejores y mayores servicios. GOL ha demostrado
en Brasil una impresionante tasa de crecimiento al poner a sus rivales (TAM y
Varig) contra la pared con su agresiva, pero sana política de bajos costos con
alta tecnología. No en vano se autodenomina ‘línea aérea inteligente’. Ahora que
tenemos la posibilidad de tener a GOL en nuestro territorio, en lugar de
estimular su presencia se la intimida. Yo ya no entiendo nada.
Volviendo al tema, últimamente el LAB y AeroSur han cancelado abruptamente un
vuelo a San Pablo; las imprevistas cancelaciones de los vuelos a Puerto Suárez
por parte de AeroSur son moneda corriente. Esto no puede ser, es una total falta
de respeto a los pasajeros y al propio país en su imagen.
Sinceramente, les deseo todo lo mejor a AeroSur y al LAB, pero soy firme
partidario de una política de cielos abiertos. Si por mí fuera, abriría los
cielos de Bolivia a quien quiera operar en nuestro país, obligando –eso sí– a
que realice vuelos a zonas que, caso contrario, quedarían marginadas. Ése sería
mi único requisito y luego, adelante con los faroles. Lo que interesa es el
servicio a la gente, no proteger a ‘x’ empresas.
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