La negrita coroiqueña antirreumática ingresó como una tromba en mi escritorio
y me dijo emocionada: “Saca tu motocicleta y vamos inmediatamente a la Plaza de
los Héroes porque allí estarán los kallawayas de Curva y Charazani celebrando un
acontecimiento cultural muy importante”.
Con la rara astucia que me caracteriza dije a mi curandera: “Apenas puedo
caminar porque mis dolores reumáticos han reaparecido, y si no me das unas
frotaditas con tus maravillosos ungüentos no podré conducir mi máquina veloz”,
palabras que la convencieron y la obligaron a decirme: “Está bien, bájate los
pantalones y te daré unos masajes en tus pantorrillas”.
Ante esa prescripción de mi kallawaya propia, cumplí sus órdenes y ella procedió
a masajear mis ‘tusus’ adoloridos hasta ponerme ‘chalinga’, después de lo cual
montamos en mi moto y nos dirigimos al centro de la ciudad para saludar a los
famosos kallawayas que podrían curar a este ‘pueblo enfermo’, como lo definió
don Alcides Arguedas, insigne historiador y sociólogo.
Al acercarnos a los kallawayas, la Bartola me explicó que la Unesco había
declarado la cultura Kallawaya como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad
y que muy pronto recibirán un aporte de 120.000 dólares de ese brazo de las
Naciones Unidas que se encarga de la ciencia y la cultura.
La yungueñita, que es muy canchera, saludó a todos los médicos andinos, que no
llevan mandiles blancos ni guantes de goma, ni un letrero que diga ‘toda
consulta se paga’, y se presentó a ellos diciéndoles: “Soy la doctora Bartola y
soy reumatóloga; este señor que me acompaña es un periodista reumático y cuando
está bien dice que es romántico”. Los kallawayas me miraron con algo de interés
científico y uno de ellos comentó burlonamente: “Me parece que conozco al señor,
pues tiene orden de captura emitida por varios cementerios”.
Como vestían ponchos y ‘lluchus’ multicolores, observé con interés la fisonomía
de todos para ver si entre ellos se había infiltrado el Evo Morales y algunos
diputados que se disfrazan de campesinos, hasta que un kallawaya sagaz adivinó
mi pensamiento y me dijo: “No está el Evo entre nosotros porque él no sabe nada
de medicina natural, pues cuando le duele su rodilla se va a Cuba”, palabras que
me demostraron que los kallawayas saben mucho.
Felicité a los kallawayas por este reconocimiento de la Unesco a su sabiduría
médica ancestral y les recordé que el Dr. Fernando Antezana, cuando fue ministro
de Salud, anunció que los médicos andinos, entre ellos los kallawayas, serían
incorporados en los planes nacionales de salud junto a los médicos académicos,
idea que nos entusiasmó a muchos enfermos y que me llevó, precisamente, a
recurrir a mi reumatóloga yungueña, que alivia mis dolores del cuerpo y también
del alma, a veces.
Mientras tanto, la Bartola se había dedicado a aprovisionarse de muchas
medicinas naturales que utilizan los kallawayas y que, seguramente, las
experimentará conmigo.