Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 11, Noviembre de 2005
STAFF CONTACTARSE
Portada
Santa Cruz
Seguridad
Nacional
Internacional
Economía
Deportes
Sociales
Escenas
Ediciones Anteriores
Editorial
Opinión
Lectores
Club de Lectores
Clima

 

 

 

 

SECCIONES
 Opinión Volver
Los kallawayas nos curarán
Imprimir
Texto normal
Texto medio
Texto grande
Paulovich ®® la noticia de perfil

La negrita coroiqueña antirreumática ingresó como una tromba en mi escritorio y me dijo emocionada: “Saca tu motocicleta y vamos inmediatamente a la Plaza de los Héroes porque allí estarán los kallawayas de Curva y Charazani celebrando un acontecimiento cultural muy importante”.
Con la rara astucia que me caracteriza dije a mi curandera: “Apenas puedo caminar porque mis dolores reumáticos han reaparecido, y si no me das unas frotaditas con tus maravillosos ungüentos no podré conducir mi máquina veloz”, palabras que la convencieron y la obligaron a decirme: “Está bien, bájate los pantalones y te daré unos masajes en tus pantorrillas”.
Ante esa prescripción de mi kallawaya propia, cumplí sus órdenes y ella procedió a masajear mis ‘tusus’ adoloridos hasta ponerme ‘chalinga’, después de lo cual montamos en mi moto y nos dirigimos al centro de la ciudad para saludar a los famosos kallawayas que podrían curar a este ‘pueblo enfermo’, como lo definió don Alcides Arguedas, insigne historiador y sociólogo.
Al acercarnos a los kallawayas, la Bartola me explicó que la Unesco había declarado la cultura Kallawaya como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y que muy pronto recibirán un aporte de 120.000 dólares de ese brazo de las Naciones Unidas que se encarga de la ciencia y la cultura.
La yungueñita, que es muy canchera, saludó a todos los médicos andinos, que no llevan mandiles blancos ni guantes de goma, ni un letrero que diga ‘toda consulta se paga’, y se presentó a ellos diciéndoles: “Soy la doctora Bartola y soy reumatóloga; este señor que me acompaña es un periodista reumático y cuando está bien dice que es romántico”. Los kallawayas me miraron con algo de interés científico y uno de ellos comentó burlonamente: “Me parece que conozco al señor, pues tiene orden de captura emitida por varios cementerios”.
Como vestían ponchos y ‘lluchus’ multicolores, observé con interés la fisonomía de todos para ver si entre ellos se había infiltrado el Evo Morales y algunos diputados que se disfrazan de campesinos, hasta que un kallawaya sagaz adivinó mi pensamiento y me dijo: “No está el Evo entre nosotros porque él no sabe nada de medicina natural, pues cuando le duele su rodilla se va a Cuba”, palabras que me demostraron que los kallawayas saben mucho.
Felicité a los kallawayas por este reconocimiento de la Unesco a su sabiduría médica ancestral y les recordé que el Dr. Fernando Antezana, cuando fue ministro de Salud, anunció que los médicos andinos, entre ellos los kallawayas, serían incorporados en los planes nacionales de salud junto a los médicos académicos, idea que nos entusiasmó a muchos enfermos y que me llevó, precisamente, a recurrir a mi reumatóloga yungueña, que alivia mis dolores del cuerpo y también del alma, a veces.
Mientras tanto, la Bartola se había dedicado a aprovisionarse de muchas medicinas naturales que utilizan los kallawayas y que, seguramente, las experimentará conmigo.