Protagonistas,
no espectadores
Nuestra Santa Cruz de la Sierra ha asumido un liderato nacional, en gran
parte obra de sus hijos cruceños esforzados y pioneros, pero también de gente
que, procediendo del interior y del exterior se establecieron aquí, con su buena
escuela, con su madura capacidad y con la firme e irrevocable determinación de
compartir nuestra suerte y nuestro destino.
Reconocido sin reservas y sin reparos el liderato de Santa Cruz de la Sierra,
corresponde a toda la gente de la vasta circunscripción asumirlo sin términos
medios. A estas alturas de la historia, cuando se encuentran en dinámica
proyección los grandes cambios estructurales de carácter social, políticos y
económicos, tenemos que asumir papeles realmente protagónicos. Oficiar de
espectadores sería sencillamente anti natura y gravemente negativo.
Afortunadamente nunca fue parte del comportamiento de los cruceños mantenerse
sordos y ciegos, insensibles mientras se materializan los fenómenos de los
cambios. A su tiempo y sin necesidad de que nos sunchen, nos decidimos por
posiciones militantes y escogemos plazas en las primeras filas de la vanguardia.
Allí nos hacemos fuertes y les damos peso a nuestras buenas razones.
Vistas así las cosas vendrían a salir sobrando las recomendaciones que se
orientan a mover a nuestras masas ciudadanas para que en la hora crucial en que
se está viviendo en todo el ámbito nacional, jueguen su habitual papel de
protagonistas y no se dejen seducir por las comodidades y gratificaciones de los
que sólo ofician de observadores pasivos, resignados e inofensivos. Gente con
clara visión de la realidad, consciente de sus responsabilidades y dispuesta a
dar la cara sin arrugarse, es la que se precisa en el momento actual en que
parece que nuestra nave se desplaza a la deriva.
Bolivia, en diversos trances, ha pasado por situaciones muy difíciles, muy
duras, y tales situaciones han sido retos mayúsculos considerando que nuestros
recursos y reservas siempre fueron escasos. Pero Bolivia ha sobrevivido, quizás
alguna vez por la misericordia de Dios, más otras tantas veces por el
estoicismo, por la tenacidad, por la capacidad de sacrificio de su gente.
Podemos, en razón de infinidad de antecedentes, suponer que también del
intrincado trance presente lograremos salir indemnes.
Cual más cual menos, en ese ancho frente de los protagonistas, de los que se
resisten a oficiar de meros espectadores, tiene idea fija y precisa del rol que
le corresponde jugar en el momento. Sabe lo que tiene que hacer, está al
corriente de la dosis de esfuerzo adicional que se le va a demandar. Pero sobre
todo, y esto es lo más notable, posee la voluntad férrea de corresponder en la
medida que de cada cual se espera.
Tal vez en este tiempo de tantas y tan agudas contradicciones, nuestra masa
humana aparezca más escindida que en anteriores circunstancias similares o muy
parecidas. Por la fuerza de las circunstancias venimos saltando de discordias en
discordias y causándonos lastimaduras e incluso heridas de muy difícil y
dolorosa cicatrización. Pero aún así, nos atrevemos a pensar que en el momento
más crítico nos identificaremos todos en un programa de salvación nacional. Lo
importante a estas alturas es mantener la fe en nosotros mismos.
Mantener, asimismo, sin desacelerar, sin cambiar el ritmo del trabajo y de la
producción, la dinámica. Seguir adelante, cada cual empeñado en lo suyo, en lo
que domina. Seguir adelante, en fin, sin renunciar al papel de protagonistas.
Vale un Potosí
Oso Molino (*) ®® Sonría Plis
Ayer los potosinos estuvieron de mantel blanco. Hace tres siglos esa ciudad
tenía más habitantes que Londres. Ahora, por falta de gente, ha perdido
representación parlamentaria, por eso el 10 de noviembre ha debido dejar un
sabor amargo a algunas personas que viven ahí.
Con ese motivo llamé a un amigo que vive en la Villa Imperial del Rey Carlos V,
Potosí para los amigos.
- Hola Araujito (así apellida mi amigo), felicidades por la efeméride.
- De qué pues hermano, si estamos fregados. Ni diputados ya tenemos.
- Pero qué es de los potosinos.
- Quedamos unos cuantos. El restó está en Mendoza (Argentina), en Virginia
(Estados Unidos) y dispersado por todo el país.
- Debe ser muy triste eso.
- Si sigue esa tendencia, cada vez bajarán más los curules para los potosinos.
- Y tanto que querías ser diputado.
- No, no es eso hermano. Lo que me preocupa es el origen de esta situación.
- Pero ¿quién tiene la culpa? ¿Qué hicieron los ciudadanos de entonces cuando
Potosí era la gran mamadera nacional? ¿Por qué le pusieron tanto obstáculo a la
explotación del salar de Uyuni para extraer el litio? Será salado pero muy dulce
a nivel divisas.
- No sé si por patriotas o por ese ‘patrioterismo’, que nos envuelve con
discursos y palabras y perdemos la perspectiva de las posibilidades.
- Se quedaron sin soga ni cabrito.
- Pero te cuento que hay otros que están chochos de haber vencido ‘al
imperialismo’ y nos han dejado a las pailas. Sin alternativas de futuro.
- Ojo Araujito. Alternativas de futuro hay y no muy a largo plazo. San Cristóbal
es una de las minas más grandes de plata, así que no se dejen meter los dedos a
la boca y hagan de las minas la cuna en la que renazca la esperanza y el mañana
para Potosí, le dije muy lírico pero con mucha sinceridad.
- Así tiene que ser. Gracias por llamar. La verdad es que iba a llamarte. Quería
pedirte un favor.
- El que gustes.
- -Me estoy yendo a vivir a Santa Cruz, ¿me puedes alojar en tu casa junto a mi
familia? Mi suegra, mi mujer, mis cinco hijos y mis dos perros que están
vacunados. ¿Puedes? Es sólo por unos días.
- Claro hermano, para que están los amigos. Venite porque la amistad vale un
Potosí aunque sigan restándose escaños.
(*) Estudió en el colegio Franciscano de Potosí, fue guía en la Casa de la
Moneda y bailó en los Potocos en la fiesta del Chutillo