Bolivia y sus
oportunidades
No siempre la desventura ha perseguido a nuestro país. Como cualquiera otro
del planeta ha tenido magníficas y trascendentales oportunidades. Lo que ha
ocurrido, entonces, ha sido que pocas veces o quizás nunca, las supimos
aprovechar debidamente.
Y no supimos aprovechar las buenas oportunidades que se nos presentaron no
porque fuese muy difícil o costoso hacerlo. Tendríamos más bien que admitir,
aunque nos duela, que fallamos en nuestra condición de hombres. En fallar, somos
gravemente reincidentes.
Bolivia se convirtió en estado independiente y soberano por voluntad de todos
hace dos siglos. Nació con muy buenos augurios, prácticamente como un emporio
inagotable de riquezas. Su estratégica ubicación en el corazón de nuestra
América morena, señalaban a Bolivia como lugar de empalme de las también
nacientes repúblicas de nuestro Sud Continente.
Desde su nacimiento, Bolivia siguió disfrutando de sus naturales privilegios. La
diversidad de su gente y de su territorio venía a constituir una ventaja que
otros países no la tenían y tampoco hitos que compensaran aquello de que no
fueron efectivamente dotados. En definitiva, que la “hija predilecta del
Libertador” inició su periplo republicano bajo una brillante, espléndida y
prometedora estrella.
Dio generosamente y a manos llenas el estratégico territorio de Bolivia. Mas,
pocas veces para su propio beneficio. Los que se beneficiaron hasta el hartazgo
fueron unos pocos bolivianos que, además de colmar sus insaciables arcas,
sacaron sus fortunas, cargaron con todas sus riquezas para ir a jugar a la
aristocracia en los rancios y remotos países europeos.
Tiempos de extraordinario auge vivió este país nuestro que ahora virtualmente no
tiene en qué caer muerto. Gracias a su diversidad, fue el epicentro de los auges
mineralógicos, agrícolas, ganaderos, petrolíferos, mucho más en fin. Pero, qué
resultó de todo aquello. Un país saqueado sin piedad, con unos ricos que se
hicieron de la noche a la mañana y que se fueron a disfrutar de la vida en los
lugares de recreo y esparcimiento reservados para los millonarios y sus amantes.
Para hacer más dramática y dolorosa la amarga realidad boliviana, en desastrosa
acción bélica perdimos nuestro acceso libre y soberano a las aguas del océano
Pacífico. Vino a ser como un tiro de gracia que, si bien no acabó con nuestra
existencia, nos dejó para peor, asfixiados al pie de nuestras cumbres eternas o
en la inmensidad desvertebrada de nuestros campos y pampas.
Desde el injusto y abusivo despojo, el mundo entero ha expresado en las más
diversas circunstancias su solidaridad con Bolivia y su apoyo firme para que le
sea repuesto el acceso a las costas marítimas. No obstante, la desventurada
Bolivia no ha sabido aprovechar esta solidaridad total y terminante. Nunca
ensayamos una demanda para conseguir que dicha solidaridad dejase de ser
simplemente lírica y se manifestase bajo alguna fórmula material de presión.
Felices y contentos quedamos con que nos pasen la miel por los labios con el
tema ya trillado y desgastado de la reivindicación marítima. No hemos sabido
aprovechar del espontáneo respaldo lírico para transformarlo en alguna forma de
presión que mueva al usurpador a reparar la centenaria injusticia.
Por prejuicios absurdos fuimos mezquinos al definir políticas para explotar
riquezas que poseemos durmiendo el sueño eterno. Allí están esas riquezas
acusando a nuestra generación por inútil. Nos duele pero, en rigor de verdad,
nos lo merecemos.
El buen humor
Tertuliador ®® Desde el
mojón de la esquina
Como que hemos perdido la noción exacta de lo que es el buen humor.
Como que nos da lo mismo reír, estar tristes e incluso llorar.
Malhumorados es nuestra forma natural de ser.
En las calles nos encontramos y nos saludamos con un gruñido.
Ya no es como antes, que nos dábamos tiempo para darnos abrazos y para contarnos
los últimos chismes y las últimas bromas.
El buen humor ya no tiene cabida en estos tiempos de crisis y de confusión.
***
En años no muy lejanos, hasta disponíamos de periódicos y revistas para
estimular el buen humor.
Las tiras cómicas de Benitín y Eneas eran las primeras que, con buen ánimo,
devorábamos cada mañana.
Buenas, excelentes publicaciones humorísticas las teníamos a montones.
Por el contrario hoy, las publicaciones de que disponemos destilan sudor,
lágrimas y sangre.
Todas se refieren a crímenes espeluznantes, a carnicerías humanas que nos tienen
con el Jesús en la boca.
***
¿Qué se ha hecho de ese gordo, ingenuo y pasivo don Fulgencio?
¿A dónde fue a dar con sus huesos el inimitable Doctor Merengue acompañado de su
otro yo, el otro yo que todos tenemos indudablemente?
El lúgubre Fúlmine, ¿adónde encontró abierta su tumba?
¿Y Fallutelli, encontró por fin la horma de su zapato?
Igualmente nos pasa por la memoria el fabuloso Ñato Desiderio con sus alardes de
hombre culto.
Y por si fuera poco, las esculturales chicas de Divito que aparecían cada semana
para hacernos suspirar y divertirnos con sus ingenuidades tan humanas.
***
Desde Buenos Aires nos llegaba y la esperábamos como al pan caliente, esa
extraordinaria revista del buen humor que se llamaba “Rico Tipo”.
De Santiago de Chile procedía “Pobre Diablo”, otro convite generoso que permitía
ver el mundo pintado de colores alegres.
En Buenos Aires y en Santiago residían los mejores humoristas de todos los
tiempos.
Nunca antes ni en otro lugar vimos algo como ellos.
Si murieron, pues estamos haciendo memoria de casi sesenta años, es una pena
verdadera que no hubiesen adoptado las nuevas generaciones tan fabuloso estilo
para hacer reír.
Sería exitosa, aún en estos tiempos de caras avinagradas, una reposición de
aquellas publicaciones que nos alegraban el espíritu y nos hacían mirar con
optimismo al porvenir.
¿Valdría le pena intentarlo?