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Necesidad de
llenar vacíos
Aún conserva significativos valores humanos esta pujante Santa Cruz de la
Sierra que a veces da la impresión de estar siendo copada por la vida frívola,
por los malos entretenimientos, por el conformismo, en vías de precipitarse por
los riscos de la decadencia.
Pero esos valores humanos significativos son cada vez más escasos, especies en
el duro proceso de la extinción. Aún trabajan, empero, crean, no se dan tregua
en el afán de dar la buena imagen de esta grigotania cálida y de tan edificantes
antecedentes. Mas, aunque nos duela aceptarlo, cada vez es mayor la escasez de
personalidades ciertamente representativas. Ralean las filas y, lo peor de todo,
no hay margen para pensar en los relevos porque tras de ellos no se dan las
fórmulas de la renovación.
No se necesita ser brujo ni clarividente para llegar a la conclusión de que, más
temprano que tarde sin duda, vamos a encontrarnos con terribles vacíos en
nuestros cuadros sociales. Se borrarán los pocos que hoy tenemos en pie haciendo
historia, desaparecerán los mejores de nosotros porque no tienen apelación
alguna las leyes de la vida. Y será entonces cuando nos veamos en la imperiosa
necesidad de llenar vacíos.
¿A dónde vamos a recurrir para llenar vacíos semejantes? ¿Dónde se están
formando los que serán convocados en un futuro inmediato, los que deberán asumir
la responsabilidad de conducir los destinos del país, de las regiones y de sus
comunidades? En las horas cruciales por las que estamos atravesando, no
alcanzamos a encontrar respuestas tranquilizadoras.
¿Es que existe un descarrío que no tiene remedio? ¿Es que poco de bueno prometen
las nuevas generaciones que fácilmente se entregan a las frivolidades que les
salen a cada paso?
Nos resistimos a creer que la situación sea tan dramática. Desde siempre,
apoyándonos en una madurez que es nuestra mejor base, hemos expresado confianza
en las nuevas generaciones que, a diferencia de las nuestras, han tenido y
tienen cada vez más a su disposición, instrumentos y tecnologías, sistemas y
reglas para ser más eficientes, más productivos, más parte de ese inmenso y
complejo engranaje que es el mundo actual. Los jóvenes, muchas veces nos lo
hemos dicho nosotros mismos, no son el futuro del país, las esperanzas de las
regiones, sino que son el presente.
Y al sostener este punto de vista lo hemos hecho confiados en que los destinos
inmediatamente futuros de nosotros y de nuestro país y de nuestras regiones,
realmente se hallan depositados en las mejores manos.
Está en vísperas de confirmarse el relevo. El ciclo de las generaciones que han
venido marcando hitos, algunos de grande trascendencia, ha tocado a su término.
Por supuesto que se van a producir vacíos, no pocos de ellos muy grandes y muy
sentidos. Es en llenar esos vacíos que la sangre joven, la sangre nueva, los
líderes del momento, no pueden equivocarse.
No serán pocos, seguramente, los que en principio no encajen en los marcos de
sus responsabilidades nuevas. Pero si tienen la voluntad para prepararse, si
asumen con responsabilidad el reto, no desentonarán y siempre habrá tiempo para
ponerse al día con lo que les corresponde hacer.
La cuestión está entonces en descubrir los vacíos, en llenarlos adecuadamente.
Un rol que la juventud aquí o en cualquier otra parte, no puede declinar.
Mostrando la hilacha...
Raspapinchete
Por ahora podría considerarse como ‘de baja intensidad’ la ‘guerra sucia’
entre los candidatos en pugna por el sillón presidencial en las elecciones de
diciembre próximo. Todavía no se han dado con todo los aspirantes, que podrían
estar reservando para un poquito más adelante la munición gruesa con la que
buscarán hacer polvo a sus adversarios.
Al fin y al cabo, se trata de las malas artes de la política criolla que salen a
relucir con mayor intensidad en tiempos de campaña donde el ‘vale todo’ parece
imponerse, no obstante las reflexiones formuladas desde todos los niveles y
ángulos para que nadie saque los pies del plato. Para que en vez del insulto,
del golpe artero descargado con saña, los candidatos expongan con las mayores
luces posibles su propuesta, su plan de gobierno, que la gente espera conocer
para tener más certezas que dudas al momento de depositar su voto.
Pero no hay caso. Todos cuantos echan mano a tan execrables recursos, -salvando
unas contadísimas excepciones-, interpretan que les ayuda a crecer o aumenta su
caudal de votos, la búsqueda de la demolición, del desprestigio de su oponente.
A estas alturas y particularmente en Santa Cruz de la Sierra, los que se están
llevando la flor emporcando el escenario pre-electoral, tras revolcarse igual
que marranos en medio de las peores inmundicias, son los candidatos de segunda o
de tercera línea, buena parte de ellos reconocidos y consumados ‘transfuguistas’
a los que la falta de sangre en la cara los hace mostrarse como si no tuvieran
de qué avergonzarse, en cuanto espacio público se les presenta.
‘Aspirantes’ a llegar como colgandijos al Parlamento nacional, entre diputados y
senadores, no trepidan en descender al lodazal para chapalear y salpicarse entre
la podredumbre, bajo el estímulo del encargado de azuzarlos y exacerbar sus
flaquezas humanas. En semejante escenario, las formas y el tono de la
confrontación de sus ‘ideas’ sería capaz de hacer empalidecer a la más avezada y
versada de las recoveras.
Y ante el degradante espectáculo que ofrecen en cada tortuosa cita en la
pantalla chica, terminan mostrando la hilacha, la madera de que están hechos,
unos vulgares sujetos que no pasan de escoria. Pero quién le dice a Ud. si uno
de ellos, por los vaivenes casi siempre impredecibles de la política boliviana o
por esas curiosas vueltas que tiene la vida, no termina ocupando un curul o a
cargo de un ministerio. Si hasta muertos acarreando adobes dizqué se han
visto...
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