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La
capacitación de nuestros jóvenes
No nos creemos en condiciones de hacer un juicio acerca de qué es lo que está
fallando. ¿Los padres de familia que descuidamos, sin temor a arrepentirnos,
nuestros roles? ¿Los maestros y el régimen educativo en general que no aciertan
con un programa adecuado de estudios y de formación humanística? ¿Los propios
jóvenes que se han dejado arrastrar por las arrolladoras corrientes de las
veleidades y de la frivolidad? Seguramente, de todo esto hay un poco o a lo
mejor un mucho.
Pero lo cierto es que no se está prestando la debida atención al tema de la
capacitación de nuestra juventud. En síntesis, a ello obedece en gran medida el
hecho deplorable de que nuestros jóvenes, con escasas excepciones, acusen un
alto grado de despiste, de desorientación o para decirlo de una vez, de
ignorancia.
Con frecuencia quedamos con la boca abierta, penosamente impresionados, al tener
conocimiento a través de encuestas oficiosas, de que nuestros jóvenes no están
en condiciones de responder cuestionarios básicos elementales sobre geografía,
historia, gramática, aritmética y otras disciplinas correspondientes al ciclo de
las humanidades. Mucho más que una vez hemos escuchado a la gente moza responder
verdaderos disparates cuando se los interroga sobre lo que hizo Simón Bolívar,
por ejemplo o acerca de lo que son el sujeto y el predicado en una oración
gramatical.
Inconcebible, desde luego, pues estas y otras similares preguntas están
dirigidas a jóvenes que han alcanzado el bachillerato o que están en camino de
alcanzarlo. Volvemos a preguntarnos forzosamente pues a qué o a quiénes se debe
tan deficiente preparación de nuestra juventud.
Nos preocupa porque el nombre del país y de nuestra región quedan expuestos,
cuando delegaciones juveniles, por una u otra circunstancia, estudios,
vacaciones, actividades deportivas, intercambios estudiantiles, etcétera, salen
con destino al exterior. Cómo se desenvolverán, nos preguntamos apenados, cuando
se les hace preguntas en relación con la historia, la geografía, la cultura en
general, referidas a Bolivia o a Santa Cruz de la Sierra. Qué sarta de
despropósitos pondrán al descubierto cuando se los interroga sobre el sistema de
gobierno que tiene adoptada nuestra república o sobre su extensión territorial o
su población.
Alguna autoridad o institución tendría que manejar reglamentos, normas mínimas
sobre requisitos que deben llenar las delegaciones e incluso las personas
individuales que salen del país nada menos que en calidad de sus representantes
ante eventos especiales o encuentros juveniles diversos. Van y vienen, en
cambio, nuestras embajadas de jóvenes, libres de todo control, y es de suponer
lo mal plantado que dejan el nombre de sus lugares de origen cuando son llamados
a dar la cara en el exterior.
Viajar es un premio y los premios sólo se conceden a los que los merecen. Así
debiera ser la cosa, ¿no es cierto?
Una vergüenza boliviana: negociar la ley
Marcelo Rivero
Dos semanas o algo más le tiraron los poderes Ejecutivo y Legislativo y los
organismos cívicos departamentales discutiendo la redistribución de escaños en
la Cámara Baja a raíz de la exigencia de Santa Cruz de contar con cuatro
diputados más con relación al número que tiene en el presente período, o sea, de
22 a 26, tomando en cuenta el censo de 2001. Era un asunto de fácil solución que
en su momento debió ventilar la Corte Nacional Electoral anunciando cómo sería
esa redistribución conforme a la población de cada distrito y procediendo con
fiel acatamiento a lo que mandan la Constitución y el Código Electoral.
Pero, como se ha comprobado infinidad de veces, en Bolivia no es nomás obedecer
la ley, el rato que ésta afecta a tipos influyentes o a regiones obcecadas se la
ignora, se la pisotea y se la burla. Ni el veredicto de una máxima institución
como es el Tribunal Constitucional es aceptado, que fue lo que aconteció con
respecto al tema en cuestión, por eso las elecciones generales se pospusieron y
están en veremos.
Es que en la negociación de lo innegociable (la ley), entró en cancha el Poder
Ejecutivo, que acaba de fallar a través de un decreto: le concede tres diputados
más a Santa Cruz y uno a Cochabamba, a costa de La Paz (2), de Potosí (1) y de
Oruro (1), con lo que se sigue desacatando la norma según la cual son cuatro
parlamentarios más para Santa Cruz y dos para Cochabamba, debiendo perder Potosí
tres ‘honorables’, La Paz dos y Oruro uno.
Ese Poder Ejecutivo está encabezado por un jurista, nada menos que el ex
presidente de la Corte Suprema de Justicia, que por esto mismo, si tenía que
pronunciarse, debía ser poniendo la paletilla en su lugar a los rebeldes sin
causa y a los saboteadores de las reglas. Pero claro, si el señor Rodríguez
gobierna Bolivia como resultado de otra ilegalidad para que no suba un cruceño
(“el infame corralito de Sucre”, dijo alguien con acierto), era de esperar el
atropello de aquel decreto. Un decreto transaccional que quiere quedar bien con
Dios y con el diablo, pero, lo repito una y mil veces, contrario a la norma.
Quizá al momento de aparecer este comentario se conozca la reacción de los
organismos cívicos y de los parlamentarios que han tomado la batuta en reemplazo
de la Corte Nacional Electoral, la legítima encargada de hacer cumplir el
pronunciamiento del Tribunal Constitucional.
Mientras tal cosa acontece, potosinos, paceños, orureños y quien quiera que sea,
si no desean seguir perdiendo diputados -y más bien recuperar los que están en
vías de extraviar-, tienen que buscar la fórmula para que sus conciudadanos no
emigren. Seguro que la encontrarán, posiblemente aumente el número de
congresistas y los cruceños estaremos contentos de que así sea.
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