Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 27, Octubre de 2005
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Santa Cruz aldea

Por otras regiones del vasto y diverso territorio nacional se ha propagado a voz en cuello el propósito de crear la nueva patria, adelantándose los propugnadores a desplegar sus coloridas banderas, amén de otros signos que no han dejado de producir sorpresa en no pocos sectores de opinión.
Pero a nadie se le mueve un pelo cuando con bombos y platillos, cuando con faustos insólitos se hace honda profesión de fe en la creación de una nueva república. De piedra libre gozan especialmente los sectores de la parte alta de esta nación que parece no tener aún un rumbo definido después de casi doscientos años de vida con soberanía plena, para postular su radical desmembramiento. Tranquilos observan todos mientras flamean los coloridos pendones del nuevo ordenamiento que propugnan.
Desde este Oriente que tuvo en la vieja aldea Santa Cruz de la Sierra, su inclaudicable exponente, jamás se habló, ni siquiera en sueños, de la creación o de la integración dentro de un nuevo orden, de una nueva estructura republicana. Pese a no deberle si no vagas promesas, si no amargas frustraciones al centralismo insensible, el pueblo cruceño bien templado y protagonista de tantas hazañas, nunca salió con la pata de banco de erigirse o promover la erección de una diferente estructura ideológica y material de Bolivia.
Por espacio de más de ciento cincuenta años, Santa Cruz de la Sierra había arrastrado su triste e incierta condición de aldea olvidada y cubierta de polvo y de miseria. Pero ni el trato así, descomedido, consiguió mellar nuestros naturales sentimientos cívicos. Jamás, por otro lado, desde Santa Cruz surgió una voz mezquina reclamando por lo que conseguían otros distritos, mientras al nuestro lo mantenían postrado o a lo sumo le hacían el juego de emborracharle la perdiz.
De un siglo acá, Santa Cruz ha liderado todos los movimientos cívicos reivindicacionistas y lo ha hecho sola, lo cual no ha sido óbice para que luego, de los logros a fuerza de sudor, lágrimas y sangre cambas, se beneficiarán hasta los que nos negaban con tozudez. Santa Cruz, este pueblo bendecido, tiene dadas pruebas sobradas de su bolivianismo. Crisol donde se funden muchas sangres, Santa Cruz de la Sierra sí da todo sin exigir nada a cambio.
Pero aún siendo esta la realidad, todo lo que se propone, todo lo que en estricta justicia se reclama desde acá, es tachado por el simple hecho de provenir de Santa Cruz. Se nos tiene por injustamente privilegiados, se nos considera producto de un ensimismamiento sin sentido. Mas, no le hace, no nos van a cambiar, hemos de seguir observando la misma línea de conducta con que nos hemos hecho sentir en el consenso nacional e incluso del otro lado de las fronteras patrias.
Nos alcanza como recompensa el agradable sentimiento del deber cumplido y la gracia de tener tranquila la conciencia y el corazón rebosante de paz y de amor.


Vendedores callejeros en alrededores de los mercados
Marcelo Rivero

Causó beneplácito ver a los comerciantes del mercado Los Pozos en plena limpieza de sus puestos de venta, dentro de un programa municipal que prevé idéntica tarea en otros centros de abastecimiento popular. El tiempo dirá si el empeño surte efecto, si los famosos gremiales se deciden por la higiene y el orden, dos de las razones por las que mucha gente, como el que suscribe, opta por ir al supermercado.
Asimismo ha sido importante saber que al terminar esta labor la Alcaldía reubicará a los vendedores ambulantes de Los Pozos. Si surte efecto este propósito estaríamos frente a la solución de uno de los grandes problemas urbanos de Santa Cruz porque es de imaginar que de la misma forma, aunque sea paulatinamente, se procederá en La Ramada, en el Abasto y en los alrededor de 50 mercados existentes.
Evidentemente es enorme, gigantesco diría, el problema en cuestión, por numerosos motivos. Aunque saltan a la vista, habrá que mencionar siquiera los principales.
El primero es el copamiento de las aceras que deben estar libres para el tránsito de los peatones, cosa que no ocurre en las calles que rodean a Los Pozos y tampoco en las adyacentes. Y como estos corredores resultan estrechos para tantos vendedores -al fin y al cabo tienen que dejar un espacio para que la gente camine-, pues no dudan en bajarse a las calzadas obstaculizando el tráfico de vehículos. Se originan entonces aglomeraciones y embotellamientos que, sumados al parqueo en doble fila de motorizados y las paradas de micros donde les da la gana a los choferes, convierten el lugar en infernal y en campo propicio para que entren en acción los "palomillos", los "cleferos" y los delincuentes prontuariados, de ahí las recomendaciones que se escuchan: mucho cuidado con la billetera y los bolsillos, las mujeres no deben portar aros ni collares -porque encima del robo pueden quedar sin orejas, tomar precauciones para no sufrir lesiones en la cabeza con las puntas de los toldos o al bajar del corredor porque los automotores aceleran a fondo el rato que pueden, al menos los colectiveros atrasados. Eso y otras cosas bajo las características de la promiscuidad, el caos y el desaseo.
Finalmente los vendedores callejeros entablan una competencia desleal a los comerciantes que tienen sus puestos dentro del mercado, donde hicieron una importante inversión. Claro, la clientela siempre busca lo fácil, para qué se va molestar en entrar a comprar lo que busca si al paso puede adquirirlo.
En definitiva Dios quiera que esta iniciativa no quede en nada, así de a poco se arranca este cáncer que suponen las ventas en la calle y se va acabando con esa idea que los paisanos tienen de la capital cruceña: aquí se puede hacer lo que a uno le da la gana.