¡Mi general! El BMW está detrás, podemos salir por ahí”, le dijo su edecán a
Guido Vildoso la tarde del domingo 10 de octubre de 1982. Según recuerda Agustín
Saavedra Weise, canciller durante el último Gobierno de facto que tuvo el país,
esa tarde la plaza Murillo rugía consignas contra el último dictador. Vildoso
miró a Saavedra y éste lo animó a salir por la puerta grande. Hernán Siles Zuazo,
estrenando banda presidencial, se encargó de calmar al pueblo. “No sean injustos
con Vildoso. Él cumplió”, les dijo.
Mañana se recuerdan 23 años del retorno a la democracia, y a Vildoso se lo
recuerda como el eslabón más débil de una larga cadena de golpes que se inició
en 1964, con el derrocamiento de Paz Estenssoro a manos de René Barrientos
Ortuño.
El régimen militar había comenzado a caer el 4 de agosto de 1981. Los
levantamientos de Alberto Natush Busch, en Trinidad, y Lucio Áñez, en Santa
Cruz, obligó a renunciar a Luis García Meza Tejada, que, a su vez, había
arrebatado el poder a Lidia Gueiler en un cruento golpe que se llevó más de
medio centenar de vidas. La dictadura ‘garciamecista’ ya había sobrevivido a las
intentonas golpistas de Cayoja y Lanza, y a una serie de intrigas emanadas del
descontento en el interior de las FFAA que ni sus jugosos sobornos a generales,
coroneles y capitanes podían acallar.
El derrocamiento había nacido en Argentina, donde se encontraba Áñez; el 3 de
agosto del 81 se levantaron y al día siguiente lograron la renuncia de García
Meza. Allí se estableció un triunvirato de la junta de comandantes del ejército,
integrado por Celso Torrelio, Waldo Bermal y Óscar Pammo. Un mes más tarde,
Torrelio tomaría el mando y lo mantendría hasta el 19 de julio de 1982. La junta
militar designó a Guido Vildoso como presidente y éste, tras proponer elecciones
para abril de 1983, decide convocar al congreso elegido en 1980, que viabiliza
la elección de Siles Zuazo como Presidente constitucional de la República.
“El proceso se había agotado. En el Ejército no había un norte fijo, las Fuerzas
Armadas nunca tuvieron un proyecto de conducción del país, que iba de la derecha
hacia la izquierda. Los regímenes militares se debilitaron por falta de brújula.
García Meza fue el último hombre fuerte que tuvo el esquema”, recuerda Lucio
Áñez.
El historiador Fernando Cajías afirma que las Fuerzas Armadas estaban agotadas
en su intento de mantener el poder y querían liberarse de la carga de gobernar
un país que ya sufría los primeros síntomas de la hiperinflación que
experimentaría el Gobierno de Siles. También menciona factores externos, como el
cambio de política de EEUU, que deja de apoyar a las dictaduras
latinoamericanas, porque Carter emprende una política de apoyo a los Derechos
Humanos. “Además, la dictadura fue identificada con el narcotráfico durante el
Gobierno de García Meza”, dijo.
Para el sociólogo y ex militar Juan Ramón Quintana, la transición democrática en
Bolivia estuvo condicionada por muchos factores. Entre los externos, además del
cambio de política de EEUU, cita el inicio de una crisis económica mundial que
afectó sobre todo a países como Bolivia, que cifraban su economía en un solo
sector: la minería. A ello suma el desgaste de la imagen del país por el fraude
electoral y el golpe de Estado de Juan Pereda Asbún, la masacre de Todos Santos
acaecida durante el golpe de Natush Busch y la vinculación directa del Gobierno
de García Meza con el narcotráfico.
“Esos hechos presionan mucho a la comunidad internacional y le cierran todas las
válvulas a Vildoso”, explica.
A ello se suma un clima poco favorable en el interior de las FFAA. La
institución estaba dividida por la degradación moral que significó el Gobierno
de García Meza y había conspiraciones ‘al por mayor’. A ello se sumaba la
pérdida de legitimidad ante la sociedad, que clamaba por la vuelta a la
democracia.
Al final, Vildoso salió de palacio y con él todos los militares. El martes
pasado, una vieja frase volvió a sonar en los cuarteles del Ejército, en boca
del general Marcelo Antezana: “Nos vienen a tocar las puertas para que demos un
golpe”. A un día de cumplirse los 23 años de vida democracia, no vaya a ser que
se les ocurra abrirles a ésos que Antezana definió como “malos bolivianos que
nos quieren arrastrar a situaciones descabelladas”. El problema es que Padilla,
Natush y García Meza también recibieron golpes en sus puertas antes de tomar el
poder...
Los últimos dictadores
Luis García Meza
General de Ejército
El 17 de julio de 1980, Luis García Meza tomó el Palacio Quemado y derrocó a
Lidia Gueiler. Así inició un período en el que los paramilitares a su mando
asesinaron a Marcelo Quiroga Santa Cruz, Luis Espinal, siete dirigentes miristas
en la calle Harrington, y más de un centenar de personas en todo el país. A
través de Luis Arze Gómez estableció alianzas con narcotraficantes y Bolivia fue
bloqueada por EEUU y Europa.
Celso Torrelio
General de División
Torrelio asumió el mando luego de un triunvirato de un mes. Era el ministro
del Interior de García Meza, y hay cartas en las que éste le instruye repartir
dinero entre generales, coroneles y jefes militares. El 4 de septiembre de 1981
fue designado presidente por la Junta Militar y trató de llevar adelante el plan
de reconstrucción económica diseñado por su antecesor. Su Gobierno no pudo
solucionar la crisis política. Renunció.
Guido Vildoso
General de Ejército
El 20 de julio de 1982, a los 45 años, este militar cochabambino asumió la
presidencia. Durante los tres meses en los que estuvo al mando, logró
restablecer la ayuda estadounidense y negoció la transición a la democracia, a
través de un pacto con los partidos que consiguieron representación
parlamentaria en las elecciones de 1980. Entregó el poder a Siles Zuazo, con la
presencia de invitados internacionales.