El periódico EL DEBER, en la publicación del 10 de septiembre de 1998, al
referirse al informe de Naciones Unidas sobre el Índice de Desarrollo Humano
(IDH), describe el estado de desarrollo de un municipio feliz situado en el
estado sureño de Río Grande do Sul, en Brasil.
Atraídos por dicha publicación, que hasta la fecha aún tiene actualidad,
queremos expresar algunos criterios que permitan orientar para superar, o quizás
mejorar, algunos aspectos que tienen que ver con el desarrollo socioeconómico
del municipio de Cotoca.
No pretendemos hacer comparaciones de nuestro municipio con aquel municipio
feliz del Brasil, pero conviene saber algunas de sus características: “Es un
municipio con una esperanza de vida de 72,5 años, con una población de 10,77
habitantes, mortalidad infantil de 5,9 por nacimiento, analfabetismo
prácticamente erradicado, tiene varias industrias, 10 escuelas, atención
sanitaria las 24 horas, elevada renta per cápita, perfecto equilibrio entre el
medio rural y el urbano, (...) y una producción agrícola suficiente para emplear
a unas mil familias”. El nuestro, al parecer, se encontraría en el otro extremo.
No obstante, debe ser porque somos fervientes defensores del municipalismo,
entendido como la estructura institucional más cercana a los problemas y
soluciones de los pueblos; debe ser porque creemos en la filosofía del
desarrollo rural aplicada a los municipios, que contribuirá a aumentar la
producción y mejorar la calidad de vida de la población rural y urbana; debe ser
porque disponemos de la Ley de Participación Popular como un instrumento
poderoso de descentralización administrativa; debe ser por eso y por mucho más
que nuestro municipio de Cotoca podría convertirse en un verdadero núcleo de
desarrollo y no sólo alcanzar, sino superar, al municipio feliz del Brasil.
La aplicación real de la Ley de Participación Popular induce a los municipios a
una adecuación de sus funciones en nuevos modelos de administración, a abrir
nuevos caminos que conduzcan a un mejor uso de los recursos, en función de las
necesidades expresadas por los propios habitantes de la jurisdicción municipal.
Empero tal realidad podría darse si también cumple una condición ‘sine qua non’:
necesitamos cambiar radicalmente la mentalidad centralista, nacional o
departamental, hacia otras formas de participación en las que los propios
habitantes sean los que identifiquen sus problemas y encuentren la solución en
los recursos de la Participación Popular. Los proyectos impuestos desde
cualquier nivel a las comunidades rurales o urbanas, siempre han sido negativos
para el desarrollo socioeconómico. El cambio al que hemos hecho referencia no es
de tipo generacional o emocional, sino que debe estar relacionado con una
transformación en el accionar, una revolución o, simplemente, una renovación de
la conducta de quienes tienen a su cargo la administración municipal. Esta forma
de encarar el desarrollo socioeconómico de las poblaciones ha dado buen
resultado en el país en el pasado, pero han sido la intolerancia y la
impertinencia dominantes las que han impedido el avance hacia el progreso.
Los 29.383 habitantes de la jurisdicción municipal de Cotoca esperamos ansiosos
la aplicación de aquel sistema de planificación de desarrollo local. ¿Una
utopía? Quizá, pero sin duda ¡una esperanza!