Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 6, agosto de 2005
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Escritores y músicos, vigías BOLIVIANOS Una serie de escritores y personajes del ámbito de la música diagnostican qué sucede en sus respectivos géneros. Dan una mirada retrospectiva y en muchos caso crítica. Hablan del influjo de culturas foráneas y se atreven a vaticinar sin pelos en la lengua el futuro de sus disciplinas
Maximiliano Barrientos

Piénsese en un lente -al estilo de Gran Hermano de 1984 de Orwell- que grabe plano por plano la vida íntima de una comunidad, de un país, de una ciudad. Piénsese en ese registro o radiografía que detalla qué tan enfermo, qué tan cansado, qué tan desangrado puede estar un país...ésa parece ser la función (accidental, quizás) de la literatura y la música.
Hoy es 6 de agosto y Bolivia cumple 180 años. A pesar de todo, sigue viva, por eso sus artistas, que la observan y la experimentan en un sentido que ni la sociología ni el periodismo pueden testimoniar, hablan de ella. A continuación, esos ‘Gran Hermano’ de la intimidad nacional, se atreven a decir cómo está la salud de sus respectivas artes en un país en el que la inestabilidad ha imperado desde sus comienzos.

LITERATURA NACIONAL A CINCO AÑOS DEL NUEVO MILENIO
Hay que comenzar de una forma radical y qué mejor que hacerlo con las ácidas palabras de Rodrigo Hasbún, un escritor que con 24 años ya ganó el premio Municipal de literatura en 2003 en cuento y que sacó la primera mención del Franz Tamayo de 2004.
“La literatura boliviana, más allá de las apariencias y de los falsos entusiasmos, no ha vivido transformaciones decisivas en los últimos 15 años y sigue luchando, pero intermitentemente y sin demasiadas ganas, como un soldado anémico y sediento, desarmado y poco convencido, contra su propia enfermedad. Hubo fulgores innegables, disparos en medio de la noche, atisbos de luz (y una o dos excepciones notables, entre ellas Edmundo Paz Soldán, que renovó la narrativa del país y la dotó de nuevos espacios), pero la construcción de una tradición o de una suma de tradiciones o pequeñas tradiciones, la invención o reinvención de cualquiera de los pisos de ese edificio aún tambaleante para nosotros, necesita sustentarse en una estructura más sólida y permanente. Lo demás, todo lo que permanece quieto cuando los eventuales fulgores cesan y los disparos dejan de resonar y los atisbos de luz desaparecen sin dejar rastro ni memoria, es sólo oscuridad y da miedo y vergüenza asomarse”, señaló .
Oscar Barbery quizás no comparte la visión tan sombría de Hasbún, pero señala algunos detalles de por qué en Bolivia no han surgido escritores de la talla de Onetti, Bolaño, Piglia o Alan Pauls. “A la hora de ‘ hacer nacer’ a un escritor, hay una fuerte correspondencia entre lectores (o mercado), libreros o editoriales, crítica, academicismo, el talento del autor y el volumen de su obra. También influye el escenario internacional. El talento solito, supongo, no basta. En Bolivia se conspira en contra de ‘la gran talla’, el lector (mercado mínimo), las editoriales agotadas por el esfuerzo de sobrevivir, los académicos desinformados o sometidos a planes de enseñanza caprichosos, y los escritores dedicados a todo tipo de oficio para sobrevivir, escribiendo en su tiempo marginal, y por lo tanto, con una obra dispersa, infrecuente, a veces accidental. En el ámbito internacional no se considera a Bolivia como mercado. En este contexto, no existe una literatura boliviana y eso pesa. Ahora se está dando un fenómeno: la valorización internacional de la literatura boliviana como un asunto excéntrico, como un asunto curioso, como una atracción por lo marginal. No es masivo, pero tiene su mercadito”, remarcó al autor de Cuentos para leer con asco.
Carlos Eduardo Scott, el más reciente ganador del Premio Nacional de literatura, piensa que la causa del retraso de Bolivia con respecto a otros países sudamericanos es la poca valoración por la producción intelectual.
“Los países como Argentina produjeron a escritores como Borges, Mujica Láinez, Arlt, Bioy Casares, porque existía una profunda valoración intelectual del conocimiento y de la literatura, y una búsqueda por solucionar problemas que son naturales al ser humano. Nuestro país está luchando por la sobrevivencia y eso es grave. Bajo esas condiciones no se puede desarrollar el espíritu, la búsqueda, ya que aquí tenemos otras necesidades más urgentes. A esto se suma el hecho de que nuestros mercados son muy reducidos”, afirmó Scott.

GENERACIONES O ISLAS
Fueron clásicas las disputas entre el grupo de Boedo y Florida en la Buenos Aires de principio de los 30, una disputa que supieron explotar los medios. ¿En Bolivia existieron tradiciones de escritores o sólo fueron casos aislados que hicieron sus obras desde lo marginal?
“Sí, se puede hablar de generaciones. En un breve recuento, y antes de la novela tipo sociodrama republicano, cuyos delanteros son todos los que leímos antes de la Reforma Educativa, está también la generación de Jaime Sáenz, la generación del taller del cuento nuevo, y por lo pronto, la mía, a la cual pretenciosamente me gusta comparar con el Crack”, señaló Giovanna Rivero.
El poeta paceño Juan Cristóbal McLean fue más pesimista que Rivero y negó la posibilidad de generaciones en Bolivia. “La 'literatura nacional', que no debe ser algo más que una asignatura universitaria, no da para tanto. Personalmente, no me enteré de que hubiese unas u otras 'generaciones literarias’. De que se reconoce la diferencia entre alguien que escribió hace 200 años con quien lo hace ahora, de acuerdo. Pero de ahí a hablar de un movimiento generacional, es como hablar de inundaciones en un arroyo”, indicó.
FUTURO Y LETRAS
Barbery es optimista, a pesar del lúcido comentario en el que diagnostica las posibles razones del atraso de la literatura boliviana. “Promesa representada por los trabajos actuales y futuros, que los habrán de Paz Soldán, Homero Carvalho, Juan Lechín, Giovanna Rivero, Paz Padilla, Gary Daher, Wolfango Montes, Gustavo Cárdenas, Manfredo Kempff, Gonzalo de Córdoba, Germán Arauz, Gonzalo Lema, Emilio Martínez, Manuel Vargas, Centa Reck, por nombrar algunos”.

UNA CANCIÓN PARA BOLIVIA
Las canciones quizás son el medio más directo de reflejar lo que sucede en Bolivia. Retratan con crudeza los cambios sociales y los íntimos. Es también la forma de arte más accesible. Luis Rico, ese cantautor que peleó desde hace años por la democracia de Bolivia, habla de la situación actual de la canción, y su mirada sigue siendo tan escéptica como lo pudo ser en la época de la represión. “Nuestra música está en crisis, ya no existen los lugares donde normalmente hacíamos conciertos y festivales. La canción grabada no ha podido recuperarse de la piratería y nuestro viejo público ha disminuido por el avasallamiento de géneros como el rock o la cumbia villera, géneros no sólo sensuales, sino sexuales, que nos lleva a una crisis que no podemos resolver”, indicó Rico, que estuvo ocho veces preso, y lo comenta sin dejos de emoción en su voz, como si estuviese narrando un viaje por algún país aburrido, y afirma que la situación, con la democracia, no ha cambiado tanto como se quiere hacer creer. “Sólo nos ha ayudado para tener la libertad de hacer conciertos, pero no para incentivar la producción y la creatividad. Por eso seguimos luchando por una democracia auténtica, ya que la que estamos viviendo no es la que buscábamos”.
Al reto de definir a Bolivia con algunas palabras, Rico lo pensó por algunos segundos, y finalmente se atrevió a decir que “lo único que tengo valioso y plural es mi país, porque he sabido sentirme extranjero en otros países”.

MÚSICA E INFLUENCIAs
Bolivia es un laboratorio artístico. No hay espacio para el purismo, porque las fusiones musicales han marcado la pauta estética. Ruben Darío Suárez Arana, director de la orquesta Hombres Nuevos, habló de la fusiones musicales en el país: “La música boliviana tuvo su desarrollo con la música extranjera. Todos los países han tenido una mezcla de culturas que ha influenciado de una forma determinante en su evolución cultural. La música barroca del archivo de Chiquitos tiene un formato europeo, pero con importantes componentes típicos. Un ejemplo es la música de Azul Azul, que fusiona música boliviana con ritmos foráneos. Lo mismo pasa con músicos como René Eduardo”.
Bolivia es un país que contiene elementos modernos y pre modernos (Tiene ciudades con el ritmo de vida y con una estética globalizada, pero al mismo tiempo preserva elementos de décadas anteriores). Esta fusión de facetas tiene repercusiones en el proceso de hacer música. Suárez Arana explica esta situación. “Desaparecen los ritmos y se mantiene una melodía, en el caso de la música folclórica, pero los acompañamientos tienen el sabor extranjero, en el que se valora una forma musical externa, de forma tal que bailamos un taquirari con una melodía típica del taquirari, pero con frecuencias armónicas que no son nuestras. Esto no quiere decir que esté mal, sólo es parte de las transformaciones y la evolución que experimenta una sociedad”, manifestó el director de la orquesta Hombres Nuevos.
Al hablar sobre aportes recientes de la música boliviana, Suárez Arana remarcó la importancia que tuvo el cine en este proceso. “Los compositores que hacen música para películas incluyen instrumentos autóctonos con armonías que no pertenecen a nuestra realidad, un efecto que logra proyectar la identidad nacional y de los valores culturales que nos caracterizan. Este recurso no lo teníamos hace 20 ó 30 años”

ROCK AND BOL
Quizás el rock sea el producto bastardo de una serie de géneros. Esa condición de ilegalidad le ha permitido germinar y extenderse fuera de su contorno anglosajón. De forma tal que hay un rock argentino, uno mexicano y...¿ hay uno boliviano? Simón Luján, guitarrista de Octavia, cree que lo hay y da un diagnóstico del mismo: “Hay algunos chispazos que muestran algo de esperanza, después de un boom de más de 10 años atrás con Coda 3, Loukass y otras bandas que empezaron a hacer algo importante, pero después el panorama creado cayó en el olvido. Sin embargo, ahora estoy con más esperanza, ya que están apareciendo bandas como Tikiña que tienen una propuesta diferente”, comentó Luján.
Al preguntarle cuál fue el principal aporte de las bandas que participaron en ese ‘boom’ de hace más de 10 años atrás, Luján confesó que “abrieron muchas puertas y que educaron al público. Contribuyeron a crear una cultura de rock”
La tarea del que hace música no deja de ser dura, atestigua Juan Carlos Chiorino, más conocido como Matamba, el líder de Sión, que afirmó que es difícil grabar discos independientes porque la fórmula que mueve a la empresa es “Más pagas, mejor suena... menos pagas, bienvenido a Bolivia'"

EL SOUNDTRACK DE BOLIVIA
Si Bolivia fuese una película, según Chiorino Don't worry , de Bob Marley, sería una canción imperdible, ya que el mensaje es que hay que tomarse las cosas con calma. Para Luján, U2 sería la banda que mejor ilustraría a La Paz y Chico Buarque al oriente boliviano. Pero en la película que es Bolivia debería entrar de todo, porque es un experimento surrealista que ha sobrevivido por casi dos siglos.