El teatro boliviano vive un resurgimiento desde fines de los años 90 con la
proliferación de festivales, talleres y un aumento considerable de elencos. Esto
ha venido acompañado de un crecimiento de espectadores, aunque en este caso,
según los entrevistados, todavía no se puede hablar de un público especializado
la actividad teatral.
Los directores Diego Aramburo y Roger Quiroz coincidieron, en diversos aspectos,
con los actores Jorge Ortiz, Elías Serrano y Claudia Peña, acerca del éxito
experimentado por el teatro nacional en los últimos años como también de sus
principales carencias.
Sobre esto último señalaron que a pesar de contar con buenos directores y
actores, se precisa una mayor cantidad para poder proyectar esta actividad mas
allá de nuestras fronteras. Asimismo, exigieron una mejor coordinación con los
medios de comunicación, que se constituyen en los principales canales de
información para incentivar al público a que asista a las salas.
A lo largo de los años han sido contadas las veces que artistas nacionales se
han presentado en escenarios del exterior. La promisoria época que se vive
actualmente, contrasta con lo ocurrido a mediados de los 80 cuando se
experimentó un notorio estancamiento.
"Una de las etapas más difíciles que me tocó vivir en mi carrera fue en 1985,
cuando muchas de la compañías profesionales estaban a punto de desaparecer. Esto
me dejó una buena enseñanza porque aprendí a ser solidario y a valorar el
trabajo en equipo. Parte de esa mística se fue perdiendo; sin embargo, los
nuevos grupos están en la obligación de recuperarla", señala Jorge Ortiz.
Por su parte Elías Serrano indicó que la crisis de los 80 fue intermitente.
"Durante un tiempo La Paz y Cochabamba fueron los centros de mayor actividad,
últimamente este lugar ha sido ocupado por Santa Cruz. Esto se debe a la gran
cantidad de festivales que se crearon, llegando incluso a organizarse hasta 14
por temporada, lo cual produjo una eclosión de actores que salieron sobre todo
de colegios y universidades".
Diego Aramburo, de Kíkinteatro, menciona a David Santalla y David Mondacca como
dos personajes fundamentales para la supervivencia del teatro hace 20 años, pues
"gracias a su trabajo no se cortó la actividad escénica en momentos no tan
fáciles para las tablas".
Claudia Peña también resalta el trabajo de Mondacca de quien asegura que su
labor va más allá de la actuación. "Es sorprendente su capacidad de encantar.
Muchos jóvenes actores han sido seducidos por él para acercarse al teatro, y en
muchos casos han dejado carreras 'serias' por las tablas".
Continuando con la mirada al pasado, el director de Nosotros Dos, Roger Quiroz,
menciona los tres ejes que dieron movimiento al teatro nacional. El primero, fue
en La Paz gracias al trabajo del Teatro Municipal; el segundo fue a fines de los
70 en Cochabamba, donde se destacó la tendencia hacia la comedia, con Peter
Travesí. Finalmente todo eso repercutió en Santa Cruz con los elencos de la Casa
de la Cultura y el aporte de Casateatro bajo la dirección de René Hohenstein. No
menos importante se constituye la labor de César Brie con Teatro de los Andes.
LOS MAYORES OBSTÁCULOS
A la hora de señalar los principales problemas, los artistas coinciden en su
mayoría en la falta de apoyo estatal. Aunque también existen otros factores como
las nuevas tecnologías, que para algunos se constituyen en la principal amenaza.
"Lo paradójico es que muchos de los jóvenes que hoy ingresan al teatro, lo hacen
con el afán de llegar a ser estrellas en la televisión, ése es su sueño.
Lamentablemente la programación televisiva en la actualidad tiene ingredientes
nefastos", aseguró Ortiz.
Serrano apunta a la televisión por cable como un enemigo mayor. "El espectador
tiene la opción de ver películas y programas de entretenimiento las 24 horas del
día en más de 80 canales. Esto hace que sea una competencia bastante fuerte para
el teatro, porque primero debemos hacer que la gente salga de sus casa, y para
ello se deben utilizar argumentos convincentes para lograr este cometido".
Según Quiroz, una salida para paliar los problemas sería la formación de
escuelas de teatro auspiciadas y apoyadas por el Estado y otras instituciones
como las universidades. "Esto se lo ha dicho muchas veces, el problema es que no
hay una visión macro del asunto, lo cual se refiere al apoyo institucional por
parte del sector público. Además no tenemos una ley de teatro, a pesar de que
existen asociaciones de actores".
UN NORTE INTEGRADOR
Serrano dice que es importante aprovechar el buen momento que vive el teatro
nacional, para plantearse los objetivos a corto, mediano y largo plazo.
Asimismo, Aramburo confía en que el principal cambio está aún por venir: "Por el
momento hay muchos grupos en actividad, esto es una señal de que está volviendo
el hábito en el público de ir al teatro. Lo importante es que se convierta en
una opción de entretenimiento y consumo cultural habitual, para ver distintas
propuestas. Me parece que el seguir caminando hacia ese punto es algo nuevo y
esperanzador".
"Lo que soñamos es un teatro con un perfil y característica nacional. Para ello
hace falta realizar un planteo epistemológico del teatro boliviano. Saber hacia
dónde se quiere llegar, incluso si conviene un solo teatro o buscar variantes.
Se necesita un estudio más profundo, primero teórico para luego plasmarlo en la
práctica", enfatizó Quiroz.
Según Peña, aún es muy temprano para hablar de una 'dramaturgia boliviana'. Por
lo tanto no hay un discurso que nos sea propio en el teatro. Ello llevaría años
construir: “Me parece que la oralidad de nuestros pueblos es una oportunidad
fantástica para que el teatro se yerga como una manifestación importante en
nuestra sociedad”.
Los entrevistados pusieron como un ejemplo de buen augurio, el tabajo de la
Escuela de Teatro en Santa Cruz, cuyos integrantes han demostrado un gran
interés en llegar muy, muy lejos con su arte.