Las artes plásticas en Bolivia han formado parte de sus diversas expresiones
culturales; incluso en la época de la colonia, cuando pertenecía a la Audiencia
de Charcas, se transformó en un centro intelectual importante para las regiones
meridionales
No obstante, en la actualidad algunos artistas sostienen que la pintura
boliviana nunca tuvo una identidad nacional, pues durante mucho tiempo sólo se
circunscribió a la zona andina. Valia Carvalho, Roberto Valcárcel, Alfredo
Müller, Guiomar Mesa y Tito Kuramotto, expusieron su visión sobre este tema.
Roberto Valcárcel señala que en la historia de Bolivia muchas veces se ha
intentado encontrar una identidad propia, sin embargo, en nuestra época se ha
caracterizado por vanos intentos en buscar un nuevo lenguaje artístico basado en
estilos foráneos.
"El artista boliviano se ha situado en una disyuntiva entre si su trabajo es
para un público local o solamente merece ser visto en el exterior. Eso es algo
que antes no se daba porque los artistas no tenían la oportunidad de participar
en exposiciones fuera del país ".
Por su parte, Valia Carvalho asegura que el arte boliviano, como gran parte del
arte latinoamericano, estuvo supeditado a lo que se hace en los centros
artísticos de afuera, principalmente de Europa.
Alguien que ha intentado mirar adentro con el objetivo de conocer más sobre el
arte del oriente boliviano es Alfredo Müller, que ha mostrado la evolución del
arte sacro de esta región expresado en vírgenes con rasgos indígenas, entre
otras características. "Me di cuenta de que ésta era una parte de nuestra
cultura que debía ser rescatada y si hoy hablamos de integración que mejor forma
de integrarnos conociendo esta antigua forma de expresión artística".
Guiomar Mesa valora todo intento de renovación en estos tiempos, siempre y
cuando la calidad se imponga a la cantidad. "El arte en Bolivia ha sido
principalmente figurativo y está en una constante búsqueda de identidad propia.
Hoy en día se puede demostrar que los resultados de esa búsqueda han sido
diversos y no tanto como se esperaban", sostuvo la pintora paceña.
A su vez Tito Kuramotto señala como obstáculo algunos círculos de poder de donde
salen las ideas y se define lo que se debe y no se debe mostrar como arte.
Carvalho corrobora estas afirmaciones y sostiene que el arte nacional se queda
siempre en el círculo de los mismos artistas y de algunos pocos espectadores.
"No veo que el arte tenga un gran impacto en la sociedad boliviana. En el país
hay realidades más apremiantes, patéticas y problemáticas, que hacen que el arte
se quede corto”.
EL CUESTIONADO
COMPROMISO DEL ARTISTA
Mucho se ha declarado acerca del artista comprometido con su realidad y su
tiempo, reflejando una clara preocupación social y existencial.
Kuramotto está convencido de que un artista tiene un compromiso con su entorno,
mas no así con alguna causa social o política. Valcárcel afirma que este
compromiso ha estado siempre ligado al pensamiento de la izquierda. "Hay algo
que debe quedar claro: el arte no debe tener ninguna injerencia en la sociedad,
pues se trata de una forma de expresión espontánea y no forzada por una
situación coyuntural".
A su turno, Carvalho sostiene que se trata de una opción personal. "Si cada
artista es honesto consigo mismo, trabaja con lo que cree y si esto es
importante para él, pues lo hace. A veces la realidad abofetea y es difícil que
no te afecte".
UN HORIZONTE CONFUSO
La mayoría de los entrevistados mencionó que esta actividad en nuestro país
tendrá mejor futuro sólo cuando exista un apoyo real del sector público. "Las
exposiciones son permanentes; sin embargo falta mayor incentivo para que el
artista no se las tenga que batir solo a la hora de exponer una obra, sobre todo
si es en el exterior", dice Müller.
Carvalho afirma que no existe voluntad para hacer un arte que contribuya a
forjar una imagen positiva del país en el exterior.
Los creadores mantienen la fe en que esta situación cambiará a medida que
aparezcan nuevos talentos.
Mesa considera que lo más destacado es la apertura de las nuevas generaciones a
utilizar nuevos medios.
El optimismo de Valcárcel, se apoya en el poder creativo que le es inherente a
cada creador. "Uno de los paradigmas del arte es la creatividad. Esta obliga al
artista a ser independiente de la realidad social que lo rodea. Para ello es
importante conservar siempre la libertad individual", afirma.