Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 6, agosto de 2005
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Bases para alianzas

Tiempo que debía haberse empleado en presentar propuestas, en unificar criterios acerca de las realidades que confronta el país, en aclarar y/o justificar posiciones ‘principistas’, está siendo lamentable y penosamente desperdiciado.
Aquéllos que activamente participan de la gimnasia política en estos momentos, con miras a las próximas elecciones, no han dado la cara o lo han hecho con extrema cautela y singular disimulo cuando se esperaba de ellos la exposición de programas de acción con sus grandes y sus pequeños detalles.
Destaca a la vista que lo que tratan de hacer los actores centrales que ya están involucrados en la lid electoral no es otra cosa que ganar, alzarse con la victoria. A tal efecto vuelcan sus preocupaciones y sus afanes en dirección de potenciales aliados. No es malo, desde luego, es un recurso legítimo más bien, muy importante sobre todo en Bolivia donde siempre se hace cuesta arriba ponerse de acuerdo unos con otros, particularmente durante las confrontaciones partidarias.
Gran cosa sería, seguramente inédita además, que a los comicios que se avecinan, que ya están a la vuelta de la esquina, llegásemos como resultado de una gran concordia nacional. Tal vez un objetivo de esta índole no esté a nuestro alcance en mucho tiempo aún.
Resumiendo: nada de objetable, nada de negativo ofrece el hecho de tener volcadas las iniciativas en torno al propósito de acumular adeptos en procura de la toma del poder político. Eso es lo que corrientemente sucede no sólo en nuestro país sino en cualquier otro del ancho mundo. Conocimientos concretos sobre el particular desde luego que los tenemos. Incluso hemos asistido, en medio de una lógica incredulidad, al encuentro de los extremos, a la alianza de los opuestos con el fin de asegurar las riendas que controlan a las multitudes sin excepción.
Pero pensamos que no es bueno que las alianzas se consumen sólo a título de instrumento para alcanzar el poder. Con sentido común apenas, creemos que además, entre quienes se dan la mano, deben existir coincidencias de principios sociopolíticos, sin importar si son pequeñas. Cuando faltan estas coincidencias, las alianzas son inestables, frágiles, y por regla general se rompen en los primeros barquinazos del camino abrupto.
Pero si tiene que darse una coincidencia ideológica en lo político y en lo social, de igual manera la coincidencia debe manifestarse respecto de los propósitos. Las alianzas serán fuertes, duraderas, confiables siempre que las partes alienten las mismas metas o, cuando menos, objetivos parecidos. Caso contrario, si de un lado se busca la felicidad a través de la holganza -pongamos por ejemplo-, y de otro se la promueve haciendo culto del trabajo, puede apostarse sin temor a equivocarse, que el acuerdo no llegará lejos nunca.
En el momento que estamos viviendo nos parece que es extrema la superficialidad de las alianzas que se intentan y de las que incluso ya han sido oleadas y sacramentadas. El poder y su toma es la razón única que las mueve. Sobre cómo y en qué dirección orientarlo, poco o nada se ha dicho. Deseamos sinceramente que nuestra percepción esté errada.


Contra el olvido
Tertuliador ®® Desde el Mojón de la esquina

No somos, sensiblemente, del todo consecuentes con personajes que, de una u otra manera, hicieron historia a la sombra de nuestro cálido campanario.
En particular, con aquéllos que vinieron al mundo en estos parajes tan encantadores.
Que aquí se formaron.
Que tuvieron sueños e ilusiones.
Que los vivieron intensamente.
Y que, con coraje y voluntad indomables, echaron las simientes del desarrollo y del progreso.
No somos del todo consecuentes.
Y la inconsecuencia se patentiza porque los tenemos echados en el olvido.
***
Ponemos un poco en aquéllos que se dieron un abrazo fuerte con la tierra buena y generosa.
Los que empezaron cultivando pequeños cañaverales para que llegase hasta nuestras mesas la deliciosa azúcar morena.
Esos pioneros probaron las magníficas posibilidades de nuestra tierra bendecida por los soles, los aguaceros y los vientos.
Esa gente de gran fortaleza, de mucho amor y de inclaudicable fe sentó las bases de lo que hoy es la pujante y diversa industria azucarera.
La que mejoró y diversificó la agricultura.
La que le abrió camino ancho a la ganadería.
¿Se la recuerda como es debido?
¿Se tienen en mente siquiera sus nombres?
O yacen bajo las losas pesadas del olvido.
***
Pastores de almas, que los tuvimos intercediendo por nosotros ante el Altísimo y su Santa Madre, también fueron numerosos.
Casi todos ellos trascendieron los marcos de sus sagrados ministerios y fueron leales soldados al servicio de causas justas.
Casi todos ellos se incorporaron entre los próceres y aceptaron las asperezas del entorno.
Se los tiene anotados, por sus nombres, en calles y avenidas de la urbe grigotana.
Pero... ¿viven en el recuerdo ciudadano?, ¿O de igual modo yacen bajo el manto denso del olvido?
***
Frágil en extremo es la memoria humana.
Y no pocas veces lo es mezquina, además.
Somos, en todo caso, más proclives a recordar a los malos o las cosas malas.
Y al parecer ya es tarde para intentar un cambio de actitud.