Es un Presidente
de pocas palabras pero de decisiones firmes. No es por nada que en menos de
dos meses de Gobierno cambió a dos ministros de su gabinete, situación que
para él no es signo de debilidad.
También prefiere mantener un bajo perfil público y, a diferencia de sus
antecesores, no es amigo de las cámaras de televisión ni fotográficas. De
hecho, la política mediática que prevaleció durante la gestión de Carlos Mesa
fue lo primero en eliminarse desde la asunción de Eduardo Rodríguez Veltzé.
Es un hombre de pocas palabras, pero accedió a una entrevista con EL DEBER.
Fue cerca de las 21:00 del pasado lunes, después de haber agotado el ‘caso
Jemio’ (la renuncia del ministro de Hidrocarburos), abrió las puertas de su
despacho, se puso el saco, se sentó en su escritorio, bajó el volumen de la
música clásica que salía de su computadora y se resignó al interrogatorio.
Aceptó y respondió cada una de las preguntas. Lo que no soportó fue el clik y
el flash de la cámara fotográfica que no paraba de ‘dispararle’ y, de un
momento a otro, exclamó:
- “¡Ya no me tomes más fotos, por favor!”, le dijo al reportero gráfico. Lo
hizo de forma cortés, pero tajante, y después prosiguió con la entrevista.
Libros, papeles y un computador sobresalen en el escritorio del jurista que,
por su experiencia de juez, sabe que tiene que medir bien cada una de sus
palabras.
El semblante del Presidente no denotaba el cansancio que seguramente
sobrellevaba el día en que lo visitamos. Su jornada había comenzado antes de
las 09.00 y ya permanecía casi 12 horas en Palacio de Gobierno. Además,
acababa de ‘perder’ un miembro clave de su gabinete y, seguramente, sus
pensamientos estaban sumidos en la posesión del nuevo ministro de Hacienda,
anunciada para el día siguiente.
A sabiendas de que tampoco es amigo de las entrevistas y para distender el
ambiente formal, comenzamos con la anécdota. Aquella que se registró cuando él
era presidente de la Corte Suprema de Justicia:
- Yo lo entrevisté en mayo de 2004, cuando usted era presidente de la Suprema,
y le pregunté acerca de la posibilidad de que, a través de la sucesión
constitucional, llegara a ser Presidente del país. Pero usted descartó esa
probabilidad.
- Pensé así porque no es lo que debía suceder, ya que había un régimen
establecido, con un Presidente de la República y presidentes en ambas cámaras
del Poder Legislativo. Entonces, no había por qué creer en que deba realizarse
esa secuencia hasta llegar a un Presidente que salga de la Corte Suprema de
Justicia, que en rigor, tiene actividades distintas a la política.
De manera que yo no pensé, por entonces, de que eso iba a suceder.
- ¿Pese a que está contemplado en la Constitución Política del Estado?
- Nunca he cuestionado la legalidad, pero sí la posibilidad. Entiendo de que
la conducción política debía mantenerse a cargo de quienes hacen oficio de
ella.
- ¿Fue muy difícil tomar la decisión o fueron las circunstancias las que lo
obligaron a asumir la Presidencia, considerando la coyuntura que vivía el
país?
-Las horas previas a la determinación fueron muy intensas, en ellas consideré
que la posibilidad (de ser Presidente) podría estar cerca. Pero tampoco tenía
otra alternativa y, en todo caso, importaba más el deber constitucional que no
estaba dispuesto a eludir.
-¿Estuvo Bolivia al borde de la guerra civil en esos momentos (convulsiones de
mayo y junio pasado)?
- No creo. Yo no haría una afirmación tan tremendista. Que hubo una crisis
política severa sí, la hubo, pero no creo que el pueblo boliviano hubiera
llegado al extremo de enfrentarse en una connotación de ese orden.
- Dicen que desde Santa Cruz le impusieron un ministro y al prefecto cruceño.
¿Recibió presiones de las élites del oriente?
- Le reitero lo que dije cuando posesioné a mi gabinete. Que es posible que
surjan críticas o sugerencia de mejores mujeres u hombres para esos cargos.
Pero lo que importaba para mí era que tengan voluntad de trabajo y de
servicio, que la expresaron estos ciudadanos a quienes yo confié la conducción
de esta responsabilidad conmigo.
Para mí lo más importante en esta gente (su equipo de Gobierno) es su
dedicación y su entrega en circunstancias en que es muy particular (período
corto) el plazo de tiempo. Algunas personas no han aceptado venir por ese
motivo, de manera que yo he resaltado la entrega de estos ciudadanos que me
están colaborando.
- Entonces, ¿le costó mucho conformar su equipo?
- Sí, no fue fácil, para nada. Pero parte de la dificultad estribaba en que no
todos los ciudadanos estaban dispuestos a comprometer su capacidad para un
período tan corto.
- Pero, ¿le impuso Santa Cruz un ministro y un prefecto?
- No, nadie me impuso nada. Admitir que hubiese recibido una imposición es
algo que no estoy dispuesto a aceptar.
- ¿Y las empresas petroleras, están presionando a su Gobierno?
- No, no hay ninguna presión.
- ¿Cuáles son sus prioridades hasta diciembre próximo?
- El principal objetivo del Gobierno de transición es conducir unas elecciones
imparciales, libres e independientes, en las que los ciudadanos puedan elegir
a sus autoridades y sobre todo sean capaces, en el proceso electoral, de
participar de una confrontación de ideas y visiones, de manera que su voto no
solamente elija personas sino también opciones para una futura gestión.
- Ese proceso electoral ya comenzó. ¿Cómo lo evalúa usted?
- Es un proceso en el que se están definiendo las candidaturas. Ahora resta
oír o conocer cómo concluirá esa selección de candidatos, pero todavía veo muy
débil el debate o la presentación de las ideas. Es todavía muy preliminar la
contienda electoral.
-¿Su paso por el Gobierno no lo motiva a quedarse en la política y dejar el
Poder Judicial?
- No. En principio no tengo ningún interés para seguir una carrera política.
- En principio. ¿Y después?
- No. Ni en principio ni posteriormente. No veo que mi voluntad esté orientada
a tentarme en la política.
- Pero ya existen encuestas y sondeos que lo ubican con niveles de popularidad
en la población.
- No, no quiero caer en ninguna tentación de oír esos cantos. Yo tengo un
compromiso pendiente con el sistema judicial. Tengo algunos proyectos y
desafíos que me tracé. Usted debe recordar, tal vez, que resta mucho por hacer
en el sistema judicial, dentro y fuera de él. Hay que restablecer la capacidad
de servicio del Estado para proveer justicia, y creo que ése es uno de los
desafíos más importantes y es una deuda que tiene el país con la población.
Yo, antes de promover una figura política o potencial presencia mía en el
escenario político, quisiera avanzar en estos programas de promoción y mejora
del sistema judicial.
- Los problemas de fondo del país, que motivan las frecuentes crisis, son la
injusticia social y la económica que persisten desde la creación de la
república y que se han ahondado en los últimos años. ¿No será éste, el Poder
Ejecutivo, el mejor espacio para buscar esa justicia negada históricamente?
- Es una pregunta muy interesante. Y la respuesta está en la Constitución
Política del Estado, la cual señala que el Gobierno se ejerce mediante los
tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
Creo que en la dimensión funcional de cada uno de ellos se ejerce el gobierno.
Pero la tendencia común es pensar que sólo el Ejecutivo es el que gobierna. Yo
creo que es una responsabilidad compartida, donde el Ejecutivo tiene,
indudablemente, gran preponderancia debido al sistema presidencialista; y el
Legislativo prevalece en la medida en que define el marco legislativo y muchas
de las políticas de Estado.
- Presidente, ¿tampoco le interesa participar en la Asamblea Constituyente?
- Creo que la Constituyente es algo que debe interesar a todos los bolivianos.
Es un espacio en el que se va a ejercer poder constituyente y ese ejercicio
exige alta responsabilidad; por eso debemos poner mucho esfuerzo.
El Poder Legislativo nos ha encomendado organizar, a través de un decreto
supremo, los consejos preconstituyente y preautonómico. Tenemos planificado
hacer la norma y aprobarla alrededor del 6 de agosto para hacer funcionar los
consejos con la participación fundamental de los tres poderes del Estado y las
principales organizaciones del país y de todos los sectores sociales.
El tema de la Asamblea Constituyente es crítico. Será como llevar a un
paciente al quirófano, y los constituyentes serán los cirujanos que deberán
tener por lo menos la radiografía, la historia clínica y el tipo de sangre
para saber qué van a operar. Por eso, hay que generar esa información, y
espero que los consejos preconstituyente y preautonómico sean capaces de dar,
a quienes integren la Asamblea Constituyente, la información y lo necesario.
- ¿Cuando le pregunté si no le interesaba la Asamblea, me refería a si usted
no quisiera ser un asambleísta o un constituyente el próximo año?
- No es algo que pueda responderle ahora. Me interesa mucho el concepto del
poder constituyente. De hecho, a mi criterio, los tres poderes del Estado
deben tener un nivel de participación en la Asamblea. Creo que la ley que
defina, por dos tercios de voto, la modalidad de la composición y de la forma
de organización de la Asamblea debe incorporar la participación, en alguna
modalidad, de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Y si yo sigo
siendo parte de este último, eventualmente, me interesaría mucho.
- ¿Hasta cuando estarían formados los consejos preconstituyentes y
preautonómico?
- El Poder Ejecutivo ha preparado un anteproyecto de decreto supremo y lo ha
remitido a los poderes Legislativo y Judicial para conocer sus criterios y, si
fuera necesario, enmendarlo, para poder promulgarlo hasta el 6 de agosto. Si
así fuese, pues tan pronto esté en vigencia la norma, lo pondremos a andar.
- Usted está gobernando con autoridades heredadas de la gestión de Carlos
Mesa, como el caso del ex ministro Jemio, ¿esto no es peligroso para su
administración?
- No creo. Confío en la buena fe de las personas. En política, si bien pueden
haber sorpresas, hasta donde he podido experimentar, creo que las crisis que
hemos soportado obedecen a factores no necesariamente de peligro, sino de
reconducción institucional, nada más.
- Su gestión dio de baja a dos ministros en menos de dos meses. ¿Cómo se puede
interpretar esta situación, como debilidad o como ejercicio de autoridad?
- Creo que hay paradigmas, como aquél que dice que el Presidente no puede
cambiar con mucha frecuencia su equipo. Yo no creo en él.
Pienso que si bien es importante tener un equipo estable, también hay que
tener en cuenta que la actividad administrativa es susceptible, por principio,
de reconducirse, de sanearse y ajustarse. Por eso no veo ninguna dificultad en
realizar esos cambios, porque yo no tengo un aparato político, tampoco
alianzas de orden político, ni una cogobernabilidad pactada con nadie y lo
único que he perseguido, a tiempo de formar el Gobierno o ajustar un gabinete,
es la eficiencia administrativa y la buena conducción de los objetivos que
tiene cada cartera.
- ¿Cómo ve usted a la nueva Bolivia, aquella que debe salir del quirófano
(Asamblea Constituyente) que hacía referencia?
- Yo aspiro a ver, más que a una nueva Bolivia, a una nueva generación o a un
nuevo conjunto de bolivianos que seamos capaces de encontrar entre nosotros,
con nuestra propia capacidad, mejores tiempos.
Ha llegado el momento, sobre todo a través de estos mecanismos democráticos
como las elecciones, el referéndum de las autonomías y la Constituyente, de
encontrar los valores en nuestra propia capacidad.
Los bolivianos somos capaces de lograr muchas cosas y no necesariamente con
ayuda externa. No me refiero a la cooperación internacional, sino a la
competencia que tenemos y a nuestra capacidad de diálogo.
Parte de la liberación, y esto no es una idea mía, sino un concepto
filosófico, señala que la emancipación está en el conocimiento, en el respeto
por los demás y en el convencimiento de que podemos mejorar. Ésa es mi
explicación, así de simple, de que no es Bolivia la que debe cambiar, sino que
somos los bolivianos los que podemos encontrar mejores días.
Casi todo le sucedió en marzo
En marzo de 1999
comenzó su carrera en el Poder Judicial. Fue entonces cuando el Congreso
Nacional lo eligió como ministro de la Corte Suprema de Justicia.
Cinco años después, también en marzo, fue elegido presidente de la Corte
Suprema y del Consejo de la Judicatura.
Eduardo Rodríguez Veltzé también nació en marzo, el día dos, del año 1956 en
Cochabamba.
Pero marzo no se le impuso en la vida ni en la carrera profesional del
jurisconsulto. Esa superflua coincidencia terminó el pasado 9 de junio, cuando
Rodríguez Veltzé, sin la banda y sin la medalla presidencial, juró servir a la
patria como Presidente constitucional.
Eduardo Rodríguez es fruto de la universidad pública. Estudió derecho en la
San Simón de Cochabamba. Luego hizo una maestría en Administración Pública en
la Escuela de Gobierno J. F. Kennedy de la Universidad Harvard,
(Massachussets, EEUU).
El Presidente es padre de cuatro hijos: dos adultos y dos niños y está casado
con Fanny Elena Arguedas Calle. Después de su posesión como Presidente, hoy
será su primera visita oficial a Sucre, ciudad que dejó un día después de su
asunción.
Confrontaciones deben
resolverse en tribunales
La entrevista con
Eduardo Rodríguez Veltzé coincidió con el inicio del paro y bloqueo cívico en
Camiri, que es la primera presión radical que confronta su gestión. Como
hombre de leyes, cree que las demandas sociales deben dilucidarse en los
tribunales de justicia y no en las calles.
“Para mí es muy importante que se recupere la capacidad de servicio y de
confianza que debe tener el Poder Judicial para que los problemas,
contradicciones y confrontaciones se resuelvan en los tribunales y no a través
de actos de presión, traducidos en bloqueos, paros cívicos y expresiones que,
si bien pueden ser legítimas, tienen una gran dificultad: reclaman derechos y
al hacerlo, en muchos casos, atropellan los derechos del prójimo, del
conciudadano”, precisó el Presidente.
El mandatario sostiene que para que la justicia responda a las demandas
ciudadanas no sólo debe modificarse el sistema judicial, sino los tres poderes
del Estado. “Por una parte, el Poder Judicial tiene que tener la capacidad de
atender y resolver los problemas con mayor celeridad; por otra, el Poder
Ejecutivo debe preservar el orden público, y por último, el Legislativo debe
ajustar el marco normativo y producir normas que permitan esta sintonía que
debe haber entre los tres poderes”, apuntó.
El Presidente cree que en las demandas y presiones sociales, el Poder Judicial
puede jugar un rol fundamental, no solamente en el ámbito represivo, sino en
la capacidad que debe tener el Estado para que los particulares que tienen
controversias entre ellos o con el mismo Estado, las resuelvan en los
tribunales y no en las calles.
“Si las generaciones que nos van a suceder se dan cuenta de que la única forma
de lograr algo es a través de la violencia, entonces creo que el futuro del
país está en serias dificultades”, advirtió.
Tiene cinco hombres de
confianza
Lo que dijo Eduardo
Rodríguez Veltzé respecto de lo difícil que le resultó organizar su gabinete
ministerial es muy real. De hecho, su entorno es muy reducido y está compuesto
por cinco hombres clave, aunque su gabinete tiene 11 hombres y una mujer.
Las cinco personas que acompañan cercanamente al primer mandatario son: Iván
Avilés, ministro de la Presidencia; Jorge Lazarte, delegado de Asuntos
Políticos; sus asesores políticos, Antonio Miranda y Óscar Salinas, y el
director de Comunicación y Prensa de la Presidencia de la República, Julio
Pemintel.
Ése es el equipo político con quien Rodríguez comparte jornadas de trabajo
extensas en el Palacio de Gobierno.
El Presidente es un hombre que no se conforma con los informes oficiales de
prensa que sus asesores o los comunicadores que trabajan con él le reportan.
Según sus allegados, Rodríguez Veltzé revisa, en Internet, la prensa nacional
y extranjera todos los días. Además, visita varios sitios web de donde también
se nutre en materia informativa.
Gusta de la música clásica y del rock de los años 70 y, cuando el país se lo
permite, juega tenis con su familia o amigos.
El 9 de junio pasado, Eduardo Rodríguez juró como presidente en Sucre; al día
siguiente se fue a La Paz y solamente en una ocasión retornó a la capital del
país (no lo hizo de forma oficial) para recoger algunas de sus pertenencias
que dejó en la presidencia de la Corte Suprema de Justicia.
Desde el 10 de junio, él y su familia viven en la residencia presidencial,
lugar que no fue habitado desde el 17 de octubre de 2003, cuando el ex
presidente Gonzalo Sánchez de Lozada lo abandonó y emigró del país.