Pablo Ortiz
Carta de navegación del país (infografía)
La frase suena a
verso de político tradicional, pero no lo es. En los próximos 12 meses,
Bolivia deberá dar un golpe de timón si no quiere chocar contra el iceberg de
la convulsión social. En realidad, el viraje ya se inició con la aprobación de
la elección de prefectos. Esta es la antesala de las autonomías, algo que los
sociólogos Álvaro García Linera y Juan Ramón Quintana, y la historiadora Paula
Peña consideran irreversible. Es más, Quintana ve este proceso como una
“verdadera victoria nacional. Las autonomías crearán una nueva realidad
política”, sostuvo.
Pero para llegar a ello, antes hay que elegir nuevas autoridades el 4 de
diciembre. Hasta entonces, Eduardo Rodríguez es el capitán de la nave.
Para García Linera, lo mejor que puede hacer el Presidente es quedarse quieto,
no crear olas. Según el analista, el problema nacional es tan complejo que
Rodríguez no tiene la posibilidad política (bancada) ni el tiempo (4 meses de
mandato) para conducir el cambio. “Caminamos en un campo minado, y si se pone
a correr seguro que algo estallará. Lo mejor es quedarse quietito hasta que
lleguen los que tienen el ‘equipo’ para andar sobre las minas”, dijo.
Peña coincide en que el tiempo es el principal verdugo para cualquier
iniciativa del mandatario; sin embargo, considera que en los casi dos meses de
mandato ya ha hecho más que Mesa. “Nos ha dado certidumbre, un norte y una
agenda electoral”, dijo.
Quintana añade que Rodríguez debe invertir todo su capital político en
mantener la estabilidad, algo que ha visto amenazado en los últimos días. El
analista elogia la respuesta del Presidente al destituir a dos ministros: una
que podía generar un conflicto por tierras y el otro que realizó declaraciones
desafortunadas, que pudo influir en el proceso electoral.
De conseguir llegar con normalidad a las elecciones generales, Bolivia se
enfrentará a una encrucijada que se repite desde los comicios de 1985: un
escaso margen entre el ganador de la contienda y sus perseguidores. Basados en
las encuestas, tanto para García Lineras como para Quintana, los tres
candidatos que más opciones tienen de llegar en punta son Quiroga, Doria
Medina y Evo Morales. García Linera considera necesario un pacto intermodélico.
“Si gana la centroderecha deberá buscar un pacto con la centroizquierda y
viceversa. Es la única forma de aislar a la derecha y a la izquierda más
radicales”, dijo.
Para Quintana, el MAS parte en desventaja y la única alternativa que tiene es
ganar las elecciones. Los proyectos de Quiroga y Doria Mediana son más
cercanos ideológicamente. Sin embargo, advierte que una alianza entre Tuto y
Samuel no garantiza la gobernabilidad, ya que sería reeditar el pacto ADN-MIR,
“caricaturizado en una agrupación ciudadana y un industrial exitoso”, dijo.
En el caso de que Evo sea el ganador ‘cívico’ de la contienda, Quintana
explica que ve a Quiroga más proclive a apoyar a Morales que a Doria Medina.
“El ex presidente Quiroga puede expresar un gesto de renuncia y adherirse a lo
más democrático y enriquecedor del proyecto del MAS. Tuto trabaja en un
proyecto a largo plazo y no le conviene quemar sus naves porque tiene una
larga vida por delante”, opinó.
Para García Linera, que fue invitado por el MAS para ser candidato a
vicepresidente, el partido de centroizquierda tiene más fácil un acuerdo
programático que los de centroderecha. “El MAS tendría que dar tranquilidad a
la inversión privada y garantizar la seguridad jurídica; mientras que Tuto o
Samuel deberían cambiar su programa para cumplir demandas de los sectores
sociales (nacionalización de hidrocarburos)”, señaló.
Al que resulte elegido Presidente le esperan procesos en extremo complejos.
García Linera aísla cuatro: cambio de modelo económico, recomposición política
del país, el tema regional y el indígena. En su opinión, los dos primeros
definirán nuestra forma de vida por los próximos 20 años; los restantes por
los próximos 100.
Para Quintana, el nuevo Gobierno deberá conseguir primero una tregua política
que le permita restablecer principios democráticos de autoridad más que de
poder (conciliar, no reprimir). Eso le dejará encarar sus dos siguientes
retos: conciliar la agenda política y la económica, y llegar a acuerdos de
gobernabilidad con las nuevas autoridades regionales o autonómicas
(prefectos).
De no ser así, ambos dibujan escenarios dantescos. García Linera considera que
ésta es nuestra última posibilidad democrática de reconstrucción del Estado.
Quintana cree que lo peor que nos puede pasar es un empantanamiento congresal
que ponga en juego la democracia. Sin embargo, advierte que el pueblo no está
dispuesto a sacrificar más su calidad de vida en pos del juego político.
Necesita respuestas concretas de sus líderes. Con esos escenarios trazados, a
Bolivia le quedan 12 meses de definiciones que nos pueden durar el resto del
siglo XXI.
Hacia los rumbos de la
‘tercera vía’
Lo que Álvaro García
Linera llama posneoliberalismo y Paula Peña define como un neoliberalismo con
empresas que posean responsabilidad social, Juan Ramón Quintana lo bautiza
como economía social de mercado. La famosa tercera vía inventada en la
Alemania de posguerra, según los analistas, será el modelo que reemplace al
instaurado por el decreto 21060.
García Linera considera que la próxima gestión deberá dirimir cuánto de Estado
y cuánto de empresa privada habrá en Bolivia y Peña duda que alguno de los
candidatos a la Presidencia se juegue por hacer reformas radicales al modelo
económico.
Quintana, por su parte, cree saber qué tipo de receta seguirá Bolivia: la
europea. En su opinión, es cierto que el modelo neoliberal ortodoxo está
agotado, pero también es verdad que el país no tiene los petrodólares de
Venezuela para abrazar el socialismo chavista. Es por eso que se decanta por
la tercera vía.
Señala que es imprescindible generar una inversión estatal masiva destinada a
reducir los márgenes de desempleo, los cuales generan descontento social. “Por
lo tanto, el próximo Gobierno tendrá que hacer una extraordinaria ingeniería
financiera para desactivar la conflictividad social”, dijo Quintana.
Actores externos también
juegan
¿Es Bolivia el
escenario de una nueva pulseada entre Estados Unidos, Venezuela y Cuba? Todo
hace indicar que sí. Durante la crisis de mayo y junio, la nación del norte
denunció ante la OEA la injerencia chavista en los conflictos nacionales,
mientras que el revolucionario bolivariano veía con buenos ojos el alzamiento
popular en el país. En la última semana, las declaraciones del ex ministro
Jemio volvieron a poner el tema en el tapete.
Más que una metida de pata, Quintana ve intencionalidad en las declaraciones
de Jemio. Piensa que fue portavoz de la opinión estadounidense. “Tengo la
sensación de que EEUU siente una fuerte crispación ante el avance del MAS y
éste emite sus mensajes por terceras vías”, dijo. Aclara, eso sí, que no es
sólo esta potencia mundial la que tiene injerencia, sino que también lo hacen
los organismos financieros internacionales, así como los Gobiernos de
Venezuela y Cuba. “Nunca el país ha estado tan presionado como ahora”.
Para dos analistas internacionales, César Arias, catedrático de la Universidad
del Pacífico en Lima; y Paul Crespo, especialista en América Latina de la
Universidad Florida State, Bolivia ha sido un mal ejemplo para sus vecinos en
los últimos dos años. Ven una alta peligrosidad en que, de volver las
convulsiones, otros países de América Latina puedan contagiarse.
Crespo observa en la alianza entre Castro, Chávez y Morales una amenaza de
retroceso en la región. “Parece que están tratando de digitar un regreso a la
época de los 70 y 80, a los movimientos revolucionarios, que no nos trajeron
nada bueno”, dijo. Se quejó, además, de que los países latinoamericanos le
echan la culpa de todos sus males al modelo neoliberal, cuando la mayoría lo
ha aplicado a medias. “El único que lo ha llevado de forma completa es Chile”,
añadió.
Arias dice que Perú es la nación más proclive a contagiarse de Bolivia, ya que
cuenta con una composición social muy similar a la nuestra. Más que la
injerencia de uno u otro bando, a Arias le preocupa la reacción de los
sectores conservadores del empresariado a una posible presidencia de Morales.
“No sé si Santa Cruz lo aceptaría. Eso podría inviabilizar el país”, dijo.
Influyentes
Estados Unidos.
La posición oficial de la Embajada estadounidense es que respetará la decisión
del pueblo boliviano y trabajará con quien sea elegido. Sin embargo, en 2003
el embajador Rocha salió a pedir que no votaran por Evo Morales. Consiguió lo
contrario.
Organismos financieros. Quintana teme que el FMI y el Banco Mundial
puedan condicionar la ayuda a la continuidad del modelo neoliberal.
Cuba y Venezuela. Morales, Castro y Chávez estuvieron reunidos en La
Habana poco antes del inicio de las protestas en Bolivia. Se acusó al
presidente venezolano de financiar las movilizaciones de los cocaleros.
Morales presentó documentos de los aportes de las federaciones del Trópico de
Cochabamba para la marcha y la estadía en La Paz.
Transnacionales. En la opinión de Quintana, al estar en juego la
nacionalización de los hidrocarburos, las petroleras ‘apostarán’ por apoyar a
un candidato de centroderecha.