Pablo Ortiz
Caminamos al borde
del precipicio, pero justo cuando parece que estamos a punto de
embarrancarnos, la tensión baja y los desastres se evitan o por lo menos se
difieren. ¿Qué es lo que evita que los bolivianos caigamos en el total
desastre? Disciplina, responden nuestros cinco panelistas.
Aunque cotidianamente no se lo perciba, aunque tengamos una imagen de
juergueros, distendidos e impuntuales, los bolivianos -según la historiadora
Ana María Lema- tenemos un gran poder de autocontrol. “Tenemos la virtud de
echarnos para atrás porque al fin y al cabo nos podemos reunir detrás de una
cerveza o de un balde de chicha a hablar sobre nuestras diferencias. Cositas
tangibles son las que terminan por unirnos”, dijo.
Para Esther Balboa, Bolivia es uno de los países más organizados del
continente y la afirmación es fácil de sustentar. Un campesino, sea del
oriente o del occidente, pertenece al menos a dos instituciones y acata las
órdenes de sus dirigentes.
Para Roberto Valcárcel, esta situación demuestra que somos disciplinados, que
respetamos las jerarquías. “Precisamente el ser disciplinados es lo que ha
hecho que nos mantengamos dentro de los límites razonables. En otros lugares,
esto hubiera estallado en caos y estampidas de violencia. Sin embargo, los
bolivianos disciplinadamente, los unos y los otros, medían fuerzas y se
retiraban a tiempo”, explicó.
En su opinión, esta característica puede ser buena o nefasta. Por un lado, se
podría construir una nación sobre la base de esa disciplina, pero también
podría prestarse a los fascismos más oscuros.
Balboa suma a la disciplina el carácter de cumplidor de roles del boliviano.
Le otorga un carácter de porfiado, de ser que se concentra en lo que se le
asigna y no se mueve un milímetro de ello. A eso atribuye el éxito que muchos
obreros nacionales alcanzan en países extranjeros.
Sin embargo, para Balboa esta disciplina no quita el hecho de que Bolivia sea
un Estado que se define como ‘adjetivado’. La psicóloga, doctora en
humanidades, afirma que los nativos bolivianos no han podido romper la carga
calificativa de nombres como indígenas, originarios, collas o cambas.
Bacardit lamenta que los bolivianos vivamos mirando hacia afuera, que para la
mayoría el sueño sea irse del país. “Hay gente que se ha ido a España por
moda, no por necesidad. Por vivir la experiencia de vivir en el Viejo mundo,
conocer lugares y además ganar un poco de dinero. Los bolivianos miramos mucho
para afuera”, explicó. Según el sacerdote, esto es producto de una baja
autoestima nacional, que hace que el boliviano se vea a sí mismo como
ingobernable, flojo, corrupto y frustrado. “Yo estoy convencido de que un
boliviano no es ni más ni menos que un gringo, un europeo o un japonés.
Corrupción y gente floja hay en todos lados”, dijo el sacerdote.
Balboa propone además recuperar la ética originaria, en la que las personas
valían por lo que eran, por su cultura y no por su poder económico. Así,
Bolivia podrá contar con sus mejores hombres y no sólo con los más
influyentes.
Zabaleta: somos un país de
primos
Cecilia Moreno
recurre a una frase de René Zabaleta Mercado -quizá el ensayista más
importante que tuvo Bolivia en el siglo XX-, para referirse a una forma de
relacionamiento muy nacional.
“Somos una sociedad de primos”, dijo, para explicar un poco el sentido
gregario, comunitario y disciplinado de los bolivianos.
En opinión de la socióloga, a través de parentescos, compadrazgos y amistades
se tejen enormes relaciones en todo el país. “Creo que le da un carácter de
familia a los bolivianos y todavía incide mucho en la vida de los bolivianos.
Creo que ese carácter nos lleva a establecer relaciones más allá de la
individualidad”, dice.
Valcárcel señala que eso también teje redes de ‘favores’. “Digo: tengo una
cosita en la Aduana, ¿A quién conoces ahí? Esto sirve también para tejer
pequeñas mafias y favores”, recuerda.
Más allá de eso, Moreno explica que este fenómeno se ve en procesos más
complejos como las migraciones, en las redes productivas y en cualquier tipo
de relacionamiento social.
“Creo que este tipo de característica forma un colchón para tanta diversidad,
para tantas visiones distintas que conforman Bolivia”, señaló la socióloga.
Para Lema, es necesario que en este tipo de escenario, comencemos a encontrar
lenguajes comunes que respeten esas diferencias que ya coexisten tanto en la
ciudad como en el campo.
