Personajes
Siete conocidos sorprendieron a
la gente en nuevos oficios
Dica Rodríguez
Se imagina subir a su auto, llegar a una de las tantas
rotondas donde se ubican los ya conocidos limpiaparabrisas y toparse con Ernesto
Ferrante haciendo el oficio? Luego de la sorpresa y de haber buscado rápido una
moneda para pagarle el servicio, continuar su recorrido, llegar al mercado 7
Calles y que la Magnífica Carla Morón, con su mejor sonrisa le ofrezca un
mocochinchi a Bs 1, comprarle un vaso, seguir su camino y al sentarse en una de
las butacas de la plaza 24 de Septiembre para hacerse lustrar las botas, darse
cuenta de que hay un nuevo trabajador, nada más y nada menos que Ario Freire?
Para tratar de salir del asombro, decide comprar un café y, ¿qué se imagina? La
vendedora es otra Magnífica, Claudia Lampe con su carrito, termos y vasos.
Pensando que se trata de un sueño, decide relajarse en la Monseñor Rivero. Al
paso, rumbo a la avenida Monseñor Rivero, en una esquina el fotógrafo Pablo
Manzoni está vendiendo mandarinas. “La bolsa a Bs 5, para los niños
necesitados”, le dice con cara de circunstancia. Compra y en la esquina del
Palacio de Justicia, más sorpresas, el campeón de bicicross Paulo Víctor
Aguilera le ofrece maní a 50 centavos. Le compra uno, lo engulle casi sin
saborearlo y elige uno de los tantos locales del bulevar para tomarse un café
para ver si eso lo hace despertar, pero completa el cuadro una linda mesera, la
carismática presentadora de televisión Sandra Parada. ¿Qué haría?
Eso mismo nos preguntamos y llevamos a la calle a esos siete personajes para que
realizaran esos oficios. Aceptaron gustosos el reto y pusieron manos a la obra.
Fue un día diferente en sus vidas y en las de quienes se toparon con ellos.
Sandra
Parada | Mesera
Cambió las cuentas
de dos mesas
La experimentada
presentadora de televisión se puso muy nerviosa antes de empezar a atender mesas
en Mr. Café. Sus manos temblaban y hasta ella se sorprendió de sentirse así. Sin
embargo, eso no la amilanó, se puso el uniforme: polera, delantal y gorra, y
tomó la comanda para iniciar su labor. Pero los nervios la acompañaron todo el
tiempo, aunque disimuladas con una amplia sonrisa. Atendió dos mesas y aún así,
llevó la cuenta de una a la otra. Al darse cuenta del error, pidió disculpas y
corrió por la verdadera. Las propinas las dejó para los verdaderos meseros.
Ernesto
Ferrante | Limpiaparabrisas
La
goma limpiavidrios se partió en dos
Con los implementos
necesarios para realizar su trabajo, el humorista de Chaplin Show Ernesto
Ferrante llegó hasta la plazuela del Estudiante con su polera de Oriente
Petrolero y una gorra. Pidió prestado un balde con agua y jabón y con la goma
limpiavidrios esperó a que cayera su primer cliente. Unos malabaristas
extranjeros que estaban en el mismo lugar comenzaron a gritar: “Cobrale
alquiler, pedile plata por tus cosas”, decía.
Aunque lento para el oficio, el cambio de semáforo no le alcanzaba para terminar
a cabalidad la limpieza de parabrisas, tuvo suerte. Dos de los tres vehículos a
los que ofreció sus servicios, terminaron aceptando la limpieza. Su jornada
transcurrió entre los nervios de su primera vez y el mal estado de la goma, que
se partió en dos pero que inmediatamente la arregló y pudo terminar su trabajo.
“El auto más ‘michi’ me dio un peso y el más fino, sólo 50 centavos”, comentó y
se mostró complacido por haber hecho un buen trabajo.
Claudia
Lampe | Vendedora de café
Los
piropos la acompañaron en las ventas
Su tamaño no la deja
pasar desapercibida en ningún lugar. Aunque vestía pantalón y una chamarra de
jeans, Claudia Lampe recibió varios piropos. "Con esta ventera, debe saber más
rico el café", le dijeron un par de ancianos. Otro joven, por hacerse el galán,
terminó comprando café para él y sus cuatro amigas. "A ver si te alcanza",
bromearon ellas. Claudia no se achicó y carrito en mano, le dio media vuelta a
la plaza vendiendo en cuestión de 10 minutos ya tenía 12 cafecitos. "Para vender
esa cantidad yo tengo que darle 10 vueltas a la plaza", dijo el cafesero.
Pablo
Manzoni | Vendedor de mandarinas
Siente que es el mejor vendedor
Quien lo conoce sabe
que carisma es lo que le sobra al fotógrafo y creador de Las Magníficas, Pablo
Manzoni. Parado en una esquina, aprovechando cada cambio de semáforo, vendió
seis bolsas de mandarina a Bs 5. Claro que hizo trampa desde la primera venta.
“Es para los niños pobres”, dijo pero luego justificó que era “para los niños
del dueño de la mandarina, el verdadero vendedor”. Descubrimos de esta manera
que Pablito, además de tener buen ojo para descubrir talentos en el modelaje, es
un excelente vendedor. De las siete personas a las que ofreció su mercancía,
mostrando cara de angustia, sólo una no le compró. “Soy el mejor vendedor del
pueblo”, comentó feliz. Al final quedó con los brazos doloridos por el peso de
cargar por unos escasos minutos diez bolsas de mandarinas. El vendedor, un
anciano del interior, no se cansó de agradecer la ayuda que recibió, ya que
logró apurar las ventas en un día que se pintaba malo.
Ario
Freire | Lustrabotas
Un
nervioso rey de las pasarelas
El rey de las
pasarelas, el brasileño Ario Freire, se puso nervioso a la hora de realizar un
nuevo trabajo, aunque confesó que en el cuartel ya había lustrado muchas botas.
Se sentó en uno de los bancos de la plaza 24 de Septiembre y comenzó a buscar
clientes. Las mujeres pasaban suspirando por su lado, pero sólo una se animó a
dejarle sacar brillo a sus botas. Algunas ponían cara de pena porque no podían
tenerlo a sus pies, justo calzaban zapatillas deportivas, imposibles de lustrar.
En un español al mejor estilo camba, Ario le dijo a su única clienta: "A ver,
vení sentate, ¿querés que te lustre o no?". Ambos estaban nerviosos, tanto que a
la hora de pagar él sacó dos monedas del bolsillo para entregarle al verdadero
lustrabotas. A ella la lustrada le salió gratis.
Paulo
Víctor Aguilera | Vendedor de maní
Vende de todo en su tiempo libre
Ya tiene experiencia
en ventas, aunque su fuerte es, definitivamente, el bicicross. “Yo vendo de
todo, cuando estoy aburrido en la casa de mi abuela me salgo a vender jugo de
naranja”, contó. Así que con las mejores intenciones, Paulo Víctor Aguilera,
campeón de bicicross, tomó prestada una bandeja llena de bolsitas de maní y
habas tostadas de uno de los quioscos de la zona del Palacio de Justicia para
tratar de vender la mayor cantidad en el menor tiempo posible. El intenso
tráfico fue su mejor aliado. Su primera compradora no se quedó con la duda y le
preguntó: ¿Sos Paulo Víctor? Ante la respuesta afirmativa se apuró a entregarle
los 50 centavos de su compra. El deportista quedó encantado con la experiencia y
se ofreció para repetirla cuando se lo pidieran.
Carla
Morón | Mocochinchera
Vendió 25 vasos en 15 minutos
Llegó puntual, se
colocó el delantal y empezó a trabajar. "Mocochinchi a un bolivianoooo", repitió
la Magnífica a viva voz durante 15 minutos, ubicada en una de las esquinas del
mercado 7 Calles. Al principio la gente no la podía creer y pasaba mirando de
reojo. Y volvían para ser atendidos por la modelo más popular del país y de paso
verla de cerca y saludarla. Los que más se animaron a acercarse fueron,
increíblemente, las mujeres. Al parecer los varones son tímidos o tienen
vergüenza ser descubiertos in fraganti admirando a la modelo. Uno de los pocos
varones que le compró un vaso para su hijo, quedó en evidencia cuando el pequeño
comentó que su madre les avisó que la modelo estaba vendiendo mocochinchi. Por
lo visto, la señora no es nada celosa. La dueña del refresco quedó feliz con la
colaboración, pues Carla Morón vendió 25 vasos en cuestión de minutos. Al final
recibió un refresco como pago por su trabajo.