Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, domingo 24, julio de 2005
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Optarán por los más grandes
Mario Rueda Peña

En épocas de crisis profunda, cuando faltan los empleos y la incertidumbre acecha a la vuelta de la esquina, el pueblo es presa fácil de la ilusión. Entabla enseguida una relación poco menos que supersticiosa con quien le cree capaz, desde el poder político, no sólo de mostrarle la luz al final del túnel, sino también de garantizarle que ella le bañará el cuerpo entero, alcanzando fulgor magnánimo en los bolsillos.
En América Latina son numerosos los casos de encandilamiento de la masa electoral por una opción de última hora. Hace años, por ejemplo, en Perú, la candidatura presidencial de Fujimori logró aquello en menos de cuatro meses. Castigada por la guerrilla y el terrorismo de Sendero Luminoso, así como por el desempleo y otros males, la gente de la nación hermana estaba harta de los partidos tradicionales, en los cuales veía la causa de todos sus padecimientos. De pronto, salta un desconocido a la escena preelectoral. Llega con antecedentes académicos y certificado de virginidad político-partidaria a la pugna por el poder. Además, echa sapos y culebras contra los sistémicos, prometiendo que jamás haría lo que éstos habían hecho. Por último, promete acabar con el terrorismo, a fin de que Perú vuelva a la paz, seguridad y normalidad que tanto anhelaban sus compatriotas. En definitiva, la novedad inductora de una ilusión lindante con la superstición. Ambas le permitieron ganar por goleada en las urnas al debutante peruano-japonés.
Debe ser bastante elevado el porcentaje de los ciudadanos bolivianos que no votaría por nadie o lo haría en blanco si en estos momentos se realizaran elecciones presidenciales. Creemos que la cifra asciende a más del 60%. Se trata de electores que se mantienen a la expectativa. Naturalmente, de alguna opción político-electoral que les satisfaga. Es decir, no asociable al pasado que detesta y más bien a un futuro augural de mejores días para sí y para el país. Algo que aún no se visualiza ni parece percibirse en el horizonte preelectoral del país. Es cierto que todavía falta algo más de cuatro meses para las elecciones de diciembre, pero también es evidente que en Bolivia, actualmente, no se dan las condiciones subjetivas necesarias para que un recién aparecido alcance, electoralmente hablando, la aplastante dimensión cuantitativa que en dicho periodo de tiempo se apuntó Fujimori en Perú.
O sea que, en diciembre los electores bolivianos estarían condenados a votar no por la novedad, sino por lo que ya conocen y saben a qué huelen. Neopopulistas (Evo, el MAS y cuantos se sumen a su cortejo político-electoral), neocentroizquierdistas (tipos que quieren atraer a la masa electoral con repiques de campanas en parroquias municipales) y socialdemócratas (alineados con la economía de mercado) son las opciones por las cuales votar. ¿Ilusión? ¿Superstición? De ninguna manera. Serán otros los factores que induzcan a los ciudadanos a votar en una u otra dirección.
Para decirlo en términos gráficos, los electores estarán como quien en una pasarela se fija más en los más grandes de la cuadrilla de pigmeos. Más votarán por los primeros que por los segundos. El pueblo que elige quiere para diciembre un Gobierno políticamente fuerte y programáticamente compacto. No le importará mucho que la estatura cuantitativa no sea propia, sino la suma de muchas piezas político-partidarias. Se inclinará por una coalición fuerte que le garantice gobernabilidad, paz social y vigencia plena de la ley. Sabe que sin estos requisitos ningún país atraca en puerto alguno. Es barco a la deriva...