- ¿Cuál es su visión respecto al sistema judicial actual en Bolivia? ¿Percibe
usted algún retroceso tras el paquete de leyes que se lanzaron en su gestión?
- Muchos de los mecanismos que se desarrollaron en mi gestión, hace 10 años,
están dando sus frutos, particularmente el Tribunal Constitucional. Ha sido un
logro de los bolivianos y está funcionando muy bien. He leído algunos de los
fallos y son de gran alcance, tanto en lo doctrinal como en su visión. El código
de Procedimiento Penal también está funcionando, aunque hay algunas falencias
que son más atribuibles a la falta de medios y de atención del Estado a una
prioridad como es la seguridad del ciudadano. Si bien es garantista, da los
mecanismos para una adecuada investigación y sanción de los delitos.
- ¿En qué aspectos puntuales nota usted fallas que provienen del Estado?
- Cuando dejamos el Ministerio de Justicia teníamos un índice de presos sin
condena de cerca de un 50 por ciento, ahora es de un 90 por ciento, o sea,
estamos como antes de la fianza juratoria, que fue el mecanismo para arreglar
esto. Las cárceles están abarrotadas, los procesos duran bastante. Pasó mucho
tiempo para que se apliquen algunos mecanismos que tenían que implantarse en ese
momento, paralelamente al Código de Procedimiento Penal, como son los casos de
una Escuela Judicial, y el Instituto de Medicina Forense. Recién ahora se está
poniendo en marcha la Escuela Judicial y el Instituto de Medicina Forense no
cuenta con el apoyo que debería tener.
- ¿Estas falencias obedecen a la carencia de recursos económicos, desatención o
a la falta de una política de Estado en el ámbito judicial?
- Hace años en el país tenemos falta de brújula y eso repercute en todas las
instituciones. Hemos entrado en un proceso de desinstitucionalización de todos
los organismos.
- ¿Se ha agravado el problema de retardación de la justicia?
- Hemos entrado en una fase que va en esa dirección, pero veo que hay esfuerzos
también en una dirección determinada. Por ejemplo, el Tribunal Constitucional es
un niño que está empezando a abrir sus ojos y endurecer las piernas. Si algo no
está bien, hay que apoyarlo, no darle golpes. Tenemos que valorar nuestras
instituciones, las características de nuestras regiones y enderezar el proceso.
Tengo la impresión que las preguntas que se están haciendo ahora son las mismas
que me hacían hace diez años, pero el mundo va evolucionando. También las leyes
no son inamovibles, se adaptan a la sociedad.
- ¿Cuáles leyes cree que deberían modificarse?
- El Código de Procedimiento Penal fue la ley más consultada, analizada y
discutida desde la fundación de la República. Refleja el sentir de un momento
determinado, si hay que hacer ajustes hay que hacerlos, pero que no sean para
retroceder. El sistema de procedimiento penal de Bolivia está en todo el mundo y
nosotros no somos extraterrestes que necesitamos volver 20 años atrás. Se ha
avanzado mucho y en un momento Bolivia asumió un liderazgo regional en reformas,
pero lo hemos perdido, ya no existe. Me parece bien que el Presidente haya
convocado a un grupo de expertos y ojalá que los cambios no se hagan al calor
del entusiasmo político.
-¿Por qué cree que ha sido tan difícil aplicar el Código de Procedimiento Penal?
- Hubo un momento en que se le dio prioridad al Código de Procedimiento Penal
como política de Estado y después desapareció. Una prueba concreta se refleja en
lo que pasó con la defensa pública, que en el área rural y urbana era un modelo
para Sudamérica. ¿Se politizó? Volvimos a los mecanismos que hemos tenido a lo
largo de la historia, de dar posiciones a los allegados políticos. Hay códigos
modernos, pero existe una falta de atención y creo que es porque ya no hay
impulsores del cambio. En el campo penal jamás se ha aplicado el artículo
concreto del Código, que dice que el juez que incurra en retardo judicial tendrá
cárcel. El cambio necesita gestores, fuerza y poder. Si no hay, existe el riesgo
de volver a fojas cero.
- ¿Por qué no avanza la modernización o reforma de la Policía?
- La prioridad de hace doce años fue la reforma de la Policía y hasta ahora no
se ha hecho. Es una prioridad y debía haber acompañado al proceso de Reforma del
Código de Procedimiento Penal, era el elemento adicional.
- ¿No hay voluntad política de la Policía para encarar los cambios?
- Hay algo que veo con preocupación. En Guatemala fue un problema que el
ejército haya desarrollado funciones propias de la Policía. No se hace un favor
a ninguna de las dos instituciones, lo correcto sería fortalecer
institucionalmente a la Policía.
- ¿Cómo ve la demanda permanente que hay en Bolivia de incorporación de las FFAA
a la seguridad ciudadana?
- La experiencia que se ha tenido en América Latina en su conjunto no ha sido
buena. Ha dañado a ambas instituciones. Ha debilitado a una y a puesto mal a
otra. Las Fuerzas Armadas deben cumplir un rol claro en un Estado democrático,
la Policía también. Estamos empezando a mezclar funciones. Se tuvo luego que
hacer grandes esfuerzos para tratar de fortalecer en Centroamérica a la Policía
como institución y para que el Ejército cumpla su rol.
- Usted plantea el potenciamiento de la Policía para viabilizar el Código. ¿Cómo
se debe dar ese potenciamiento?
- Soy un convencido de que necesitamos instituciones fuertes. He percibido que
nuevas tandas de la Policía tienen ya otras bases, están familiarizadas con los
mecanismos del Código, pero creo que la implantación de programas de cooperación
y los aumentos en los presupuestos pueden hacer que comience a cumplir su rol.
Sin embargo, veo que la tendencia más bien es a debilitarla.
- En definitiva, ¿se necesita más presupuesto para la Policía?
- Se requiere que encauzar el presupuesto que tiene, que realmente vaya a la
Policía, es decir, más racionalización de los recursos y mayor atención general.
Si no tenemos instituciones fuertes entramos en un proceso de desintegración.
- ¿Por qué se ha agravado el problema de la inseguridad?
- Porque el país se ha empobrecido, porque las instituciones se han debilitado y
el Estado hace mucho tiempo que no ha respondido a las necesidades básicas de
los ciudadanos. Habrá siempre más delincuencia cuando haya más pobreza y
desatención. Si no existe progreso económico y fortalecimiento de las
instituciones, aumentará la delincuencia.
- ¿Tiene la inseguridad una causa esencialmente económica?
-Una parte. No se olvide que nosotros somos uno de los países más pobres del
mundo, entonces hay menos control y respeto a las autoridades. Es una mezcla de
todo, el crimen se ha internacionalizado, cuanto más débil es un estado más
fuerte es la injerencia del crimen.