Cerca de 110 millones de minas antipersonas están
enterradas en más de 70 países, causando 24.000 muertes y heridos por año. En
el contexto mundial, cada 20 minutos estos artefactos explosivos matan o
mutilan a una persona, según instituciones que luchan para erradicar esta arma
bélica.
Bolivia no es ajena a esta problemática, puesto que el Gobierno estima que a
lo largo de la zona fronteriza con Chile existen casi 200.000 minas.
EL DEBER llegó hasta algunas de las regiones limítrofes donde Chile sembró
minas antipersonas y antitanques. “El impacto de un explosivo es el mismo en
la frontera con Bolivia que en Colombia o en Irak”, comenta Roberto Cuagira,
que vive en la población orureña de Pisiga.
“Cuando hice el cuartel iba seguido a Espíritu Santo, que queda más arriba de
Pisiga. Ahí encontré tiradas en el suelo 10, 20 y hasta 30 llamitas con la
boquita abierta. Mis superiores me explicaron que los animales habían pisado
las minas chilenas”, cuenta el ex soldado que ahora se gana la vida como
recepcionista de un alojamiento de pocas comodidades. “También me enteré de
personas que las hicieron estallar”, dice y fija sus ojos en el techo del
alojamiento como queriendo recordar más detalles del impacto de las minas.
Los padres de familia de Laqueca, cerca de Coipasa, dicen que lo primero que
hacen cuando sus hijos ya tienen uso de razón, es prohibirles que pasen los
alambrados que están en territorio chileno. “Es que nuestras guaguas se ocupan
de traer leña y cuidar del ganado y muchas veces cruzan hasta Chile”, cuenta
un hombre de avanzada edad del pueblito orureño.
Los adultos de Laqueca tienen sobrados motivos para preocuparse. La ONU
reconoce que una mina terrestre es diez veces más susceptible de matar o herir
a civiles después de los conflictos que durante las hostilidades mismas y que
al ser detonadas pueden mutilar los pies y volar la cabeza de quien las haga
estallar.
El ministro de Defensa de Bolivia, Gonzalo Méndez, si bien reconoció a Chile
su interés de deshacerse de las minas que guarda en su frontera con Bolivia,
dijo que la paz no se debe limitar únicamente a estos dos países, sino que
también se deben hacer gestiones para que se desactiven todas las minas del
mundo.
Minado
chileño
El 2 de mayo de 1977, la reina de
Inglaterra emitió un fallo arbitral confirmando la soberanía de Chile sobre
las islas Picton, Nueva y Lenox, ubicadas en el Canal de Beagle. La decisión
motivó una serie de peligrosos desencuentros con Argentina que, de no mediar
el papa Juan Pablo II, habría llevado a ambos países a la guerra.
Diferentes fuentes estiman que cerca de 300 mil minas, compradas en EEUU,
fueron enterradas por Chile a finales de los 70 y lo hizo no sólo en su límite
con Argentina, sino también con Bolivia y Perú. Chile, además de colocar minas
antipersonales M-14 también dispuso el entierro de artefactos antitanques.
Acuerdos
Acuerdo. Chile suscribió el Tratado de Otawa, que busca
eliminar las minas antipersonas y antitanques, el 3 de diciembre de 1997, y el
10 de septiembre de 2001 lo ratificó. Hasta el momento han suscrito el
convenio 150 países, menos Estados Unidos, Cuba, China, Rusia, entre otros
estados.
Informe. En el marco del acuerdo, Chile declaró que poseía 336.519 minas
antipersonas almacenadas y enterradas en zonas fronterizas con Perú, Bolivia y
Argentina.
Dinero. Desenterrar y desactivar las minas en las zonas limítrofes le
costará a Chile cerca de $us 200 millones.
Resultado. Desde la firma del pacto, decenas de millones de minas
antipersonas han sido destruidas, 1.000 kilómetros cuadrados de campos minados
fueron limpiados y 5 millones de minas han sido desactivadas.
Pendiente. Sin embargo, se calcula que todavía quedan entre 60 y 110
millones de minas diseminadas por el mundo, en su mayoría en Afganistán,
Camboya, Bosnia y Colombia.