Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, domingo 24, julio de 2005
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Terror bajo tierra42 campos minados hoy unen a Bolivia y Chile

Impacto. Cuando detonó la primera, de las dos minas antipersonas, en Tambo Quemado, el frío dejó de cortar los rostros de los que acudieron el pasado jueves al proceso de eliminación de explosivos
Texto: Roberto Navia Gabriel
Fotos: Clovis de la Jaille Menacho

Un militar chileno, trepado en los 4.660 metros de Tambo Quemado, donde a finales de los 70 el ex dictador Augusto Pinochet sembró miles de minas para ‘matar’ a los bolivianos que se atrevan a husmear su territorio con malas intenciones, preguntó si podía cruzar a La Paz con su camioneta, que si no tendría problemas cuando abra la boca y delate su nacionalidad. “Es que por esa pelea marítima siento que los chilenos somos mal vistos en tu país”, dice con una cara compungida.
Pero el pasado jueves 21, al escuchar a los ministros de Defensa de Bolivia, Gonzalo Méndez, y de Chile, Jaime Ravinet, refiriéndose a que el inicio del desminado en Tambo Quemado marcaba un giro histórico en las relaciones de ambos países, el militar chileno entendió que ahora hay un motivo de unión.
Según el Ministerio de Defensa de Bolivia, los campos minados en Chile cubren una superficie de 3.158 metros cuadrados y se estima que existen por lo menos 196.767 artefactos explosivos bajo tierra. Para Chile, esta cifra es muy elevada y cree que sólo hay 22.998. Pero Ravinet dijo que están abiertos a tomar en cuenta la versión boliviana, puesto que existe el compromiso de cumplir con las exigencias de la Convención de Ottawa, del que forman parte 150 países, que establece que hasta el año 2011 deben eliminarse los explosivos.
“Una mina antipersonal cuesta entre uno y cien dólares, pero desenterrarla cuesta entre 300 y 1.000 dólares”, detalla el militar chileno que aseguró que cuando llegue el verano visitará Bolivia, entrará por La Paz y llegará hasta Santa Cruz. “Les hablaré a los bolivianos sobre las minas que está desactivando mi país”, dice, y se lo nota feliz.

Cada 20 minutos alguien es herido por una mina

Lo que queda después de la furia de una explosión

Los afectados