Un militar chileno, trepado en los 4.660 metros de Tambo Quemado, donde
a finales de los 70 el ex dictador Augusto Pinochet sembró miles de minas para
‘matar’ a los bolivianos que se atrevan a husmear su territorio con malas
intenciones, preguntó si podía cruzar a La Paz con su camioneta, que si no
tendría problemas cuando abra la boca y delate su nacionalidad. “Es que por
esa pelea marítima siento que los chilenos somos mal vistos en tu país”, dice
con una cara compungida.
Pero el pasado jueves 21, al escuchar a los ministros de Defensa de Bolivia,
Gonzalo Méndez, y de Chile, Jaime Ravinet, refiriéndose a que el inicio del
desminado en Tambo Quemado marcaba un giro histórico en las relaciones de
ambos países, el militar chileno entendió que ahora hay un motivo de unión.
Según el Ministerio de Defensa de Bolivia, los campos minados en Chile cubren
una superficie de 3.158 metros cuadrados y se estima que existen por lo menos
196.767 artefactos explosivos bajo tierra. Para Chile, esta cifra es muy
elevada y cree que sólo hay 22.998. Pero Ravinet dijo que están abiertos a
tomar en cuenta la versión boliviana, puesto que existe el compromiso de
cumplir con las exigencias de la Convención de Ottawa, del que forman parte
150 países, que establece que hasta el año 2011 deben eliminarse los
explosivos.
“Una mina antipersonal cuesta entre uno y cien dólares, pero desenterrarla
cuesta entre 300 y 1.000 dólares”, detalla el militar chileno que aseguró que
cuando llegue el verano visitará Bolivia, entrará por La Paz y llegará hasta
Santa Cruz. “Les hablaré a los bolivianos sobre las minas que está
desactivando mi país”, dice, y se lo nota feliz.
Cada 20 minutos alguien es herido por una mina
Lo que queda después de la furia de una explosión
Los afectados