Como sucede con muchos artistas que en un principio no se imaginan la
repercusión que tendrán sus obras, al argentino Rafael Cardoso le pasa algo
similar, con la diferencia de que en los 16 años que lleva en Bolivia gran parte
de su trabajo ha quedado en el anonimato. Él opta por perfil bajo y deja que sea
su hija Andrea (también artista y propietaria de Tatoomanía), la que aparezca
ante los medios de comunicación.
La exploración de otros contextos le ha permitido a Rafael ampliar en forma
ilimitada su creatividad en la pintura, lo cual se ve reflejado en su capacidad
para pasar del pincel al aerógrafo. Éste le da la posibilidad de obtener más
realismo en las imágenes y mejores combinaciones de color. Su talento se puede
apreciar en distintos lugares. Así como es capaz de diseñar portadas de libros,
también arma todo tipo de escenografías para espectáculos artísticos y eventos
especiales.
Unos de sus trabajos que ha tenido mayor difusión ha sido el body painting
(pintura corporal), aunque paradójicamente muchos desconocen que es pionero de
esta técnica en el país. “La mayoría no sabe que es un hombre el que pinta, pero
nunca he tenido problemas con las modelos, se han portado como profesionales",
afirmó.
El empeño que Rafael demuestra en su arte sedujo a los ejecutivos de la
Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), quienes le encargaron realizar un mural
en el frontis de sus oficinas ubicadas en el kilómetro 8 de la carretera antigua
a Cochabamba. "La idea era reflejar la riqueza de los parques Noel Kempff
Mercado y Amboró, para que la gente sepa identificar nuestro trabajo", señaló la
jefa de comunicación de FAN, Marie Claude Arteaga. La obra concluyó esta semana
y en ella se pueden apreciar la fusión de la flora y fauna de ambos parques.
Llaman la atención los detalles del bosque de helechos gigantes y una paraba
frente roja que se encuentra en peligro de extinción. Actualmente el artista
prepara una exposición a manera de retrospectiva.
Supo sacarle provecho a la adversidad
Rafael Cardoso nació en Salta hace 65 años. Desde pequeño demostró su
habilidad con el pincel. A los nueve años ya pintaba como un experto. Sin
embargo, inicialmente no estaba convencido de tomar la pintura como una
profesión. Amante del deporte, practicaba rugby, natación y paracaidismo. Pero a
los 20 años el destino lo involucró en un accidente que lo inmovilizó por un
largo tiempo.
Esa experiencia le permitió tener una visión más amplia de la vida, a la vez que
le obligó a dedicarse a una actividad menos riesgosa. Desde entonces vive
ensimismado en el arte. Tomó clases para perfeccionar sus técnicas y ahondó en
la investigación sobre los grandes artistas y movimientos pictóricos.
Una de las mayores satisfacciones que ha tenido con su trabajo fue durante la
visita del Papa Juan Pablo II a Salta. En aquella ocasión tuvo la oportunidad de
realizar un cuadro que el Sumo Pontífice se llevó de recuerdo.
Buscando nuevos horizontes, hace 16 años llegó a Bolivia con su familia. Su
esposa Estela y sus hijos Andrea y Leonardo son sus principales colaboradores,
Ellos han tenido mucho que ver con el éxito obtenido en cada uno de los
trabajos.