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Bochorno en la Universidad
Para esa juventud con aspiraciones, que quiere abrirse paso,
que busca llegar más arriba, hasta las cumbres de sus propósitos legítimos, la
Universidad viene a ser el instrumento que le confiere idoneidad, que le otorga
razón a lo que busca. Muy difícilmente la juventud logra acceder a sus cimas
ideales si no pasa por los claustros de las superiores casas de estudios. Las
universidades son algo así como el peldaño que la juventud debe remontar para
llegar a ser algo y no eclipsarse en el penoso anonimato o en la indisimulable
mediocridad.
En las universidades, la juventud adquiere la categoría académica. Mas no se
vaya a pensar que esta categoría se logra con tan sólo trasponer las puertas de
las superiores casas de estudios. De ninguna manera. La calidad académica es la
consecuencia del estudio, de la maduración humana y de la adopción de un alto
concepto en materia de responsabilidades. A las puertas de las universidades
tienen que quedar colgados los caprichos y las cosas de chiquillos consentidos.
Entonces, es un aplomo, es un comportamiento adecuado lo que se requiere para
ingresar en las casas superiores de estudios y hacerse merecedores de la
condición académica. Del provecho que se logre de las aulas universitarias
depende, en medida casi decisiva, la clase de ciudadanos que las comunidades se
darán para hacer frente a los serios y duros desafíos del presente y del futuro.
Nos ha causado preocupación e incluso pena la serie de informaciones que han
tomado carácter público, en relación con bochornosos incidentes ocurridos en
nuestra Alma Mater, en conexión con las pugnas por el gobierno universitario. El
bochorno, negativo allí donde se manifiesta, lo es doblemente en las casas
superiores de estudios, y peor si los protagonistas son los propios
universitarios. Ni siquiera a título de que la juventud, la universitaria o
cualesquiera otras, es de por sí impulsiva e irrefrenable, se puede admitir de
brazos cruzados que incurra en desbordes, que sea responsable de asonadas, con
todas las agravantes imaginables, pues hasta de excesos en el consumo de bebidas
alcohólicas se ha comentado en términos por demás elocuentes.
De la juventud, en estos tiempos en que tanto preocupa el porvenir, se dice
muchas cosas y casi todas con sobrados fundamentos. Se dice, por ejemplo, que la
juventud es el futuro de la patria. Pues nosotros, pidiendo perdón por la
inmodestia, pensamos que la juventud no es sólo el futuro, sino que es,
asimismo, el presente. La generación que está actualmente moviendo los hilos de
nuestros destinos, un poquito como que ha perdido dominio, un poquito como que
está pasando sin dejar hitos para los que vienen tras ella.
Y no es que se hubiese desgastado en medio de fuegos de artificio. Muy por el
contrario, su desgaste es el resultado de los tiempos duros, ásperos, escabrosos
en los que esta juventud que está pasando, se ha visto envuelta de manera
inevitable. El rol ha sido desempeñado y es de justicia reconocer que se lo ha
ejercitado con alto sentido de la responsabilidad y con no poca vocación para la
entrega hasta el sacrificio.
Que los universitarios, hoy mezclados en un tumulto penoso, recuperen la línea y
demuestren que están en condiciones de ser los buenos líderes del inmediato
futuro.
Entre Campo Grande y Santa
Cruz
Dominicus
Cuando hace poco estuve por primera vez en la capital del
estado de Mato Grosso do Sul, me acordé de inmediato de mi buen amigo el
analista Gustavo Maldonado Medina, quien publicó varias y muy interesantes notas
de naturaleza comparativa entre Santa Cruz y esa región de Brasil.
La capital, Campo Grande, no tiene la ubicación estratégica que tiene Santa Cruz
de la Sierra, ya que recostada sobre el fin de los últimos contrafuertes
andinos, con mirada hacia el Amazonas y el Plata, nuestra ciudad es el pivote
del ‘heartland’ (núcleo vital) de Sudamérica. No, Campo Grande –aunque puede
formar un interesante eje geopolítico con Santa Cruz y Cuiabá– es más una ciudad
rural, linda, apacible, rica, como corresponde a un estado que es gran productor
de soya y tiene un lote de ganado (datos de Gustavo Maldonado) de más de 25
millones de cabezas.
Lo que me impactó en Campo Grande fue la limpieza y pulcritud de la ciudad. Por
ser del mismo tamaño y con similar cálido clima que Santa Cruz, surge la
inevitable comparación; en ella perdemos duro.
Dejando de lado la superioridad cruceña en materia de localización geoespacial,
es un hecho que nuestra ciudad es una ‘cochinera’ al lado de Campo Grande.
Solamente esto ya es motivo de vergüenza.
Lo peor de todo es que podríamos ser tan limpios o prolijos como el que más, si
hubiera conciencia ciudadana, represión para el que ensucia y municipalidad que
haga y vigile. Pero no hay nada de eso y entonces la ciudad sigue estando entre
las más sucias del continente, descuidada, con sus jardineras y rotondas
transformadas en muladares o lugares de estacionamiento indebido, etc. El
panorama es desolador.
No he comparado Santa Cruz con ciudades estelares como Ginebra o Bruselas, sino
con una ciudad vecina de casi la misma población y vegetación, como lo es la
capital de Mato Grosso do Sul. Y aún así seguimos bien abajo...
Es hora de cambiar y mejorar las cosas, no puede ser que el departamento de
Santa Cruz aspire a cosas mayores si no pone su principal centro urbano en
orden.
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