En Bolivia, no son pocos los que hacen cuanto les es posible
por apartar a los pueblos indígenas del camino de la democracia. Detrás de todos
ellos están algunas ONG financiadas por gente europea que tras la caída del Muro
de Berlín saltó del comunismo o el socialismo de izquierda a las filas del
ultranativismo. Atosigan a las escuadras que se dan modos de asumir la
representación de los indígenas con fórmulas exclusivamente alusivas a la
identidad étnicocultural y no a las metas económico-sociales que deben
perseguirse a favor de los pueblos nativos, a fin de que éstos salgan de la
exclusión en que actualmente se debaten.
Entre esos que le tuercen el camino a los indígenas se halla, en primer lugar,
el MAS de Evo Morales. Recibe asistencia no sólo de las ONG, sino de Chávez y
Castro. Fiel a las instrucciones ultranativistas de sus benefactores foráneos,
respecto a la Constituyente, por ejemplo, quiere entrampar a los indígenas
bolivianos en una modalidad corporativista de representación. Exige que se fije
un cupo determinado de curules por cada etnia existente en el país. Es decir,
que el asunto lo defina la pertenencia étnicocultural y no el voto del pueblo en
las urnas, como corresponde en toda democracia.
Sí, de tal modo se los entrampa y hasta limita en lo que concierne a sus
posibilidades reales de representación en la Constituyente. Debe tomarse en
cuenta que la población rural estrictamente ‘indígena’ debe ascender, en estos
momentos, a algo así como el 30% de la población nacional. A consecuencias de la
errática pregunta (inspirada, desde las sombras, por la tendencia ultranativista)
de “¿Se define Ud. como indígena?”, el Censo Nacional de 2001 registró un
porcentaje inflado sobre el particular. La verdad es que lo auténticamente
indígena es la población que todavía queda en los medios rurales del altiplano,
los valles y las zonas tropicales del país. La que se fue a lomo de la creciente
migración campo-ciudad, escapando de la pobreza extrema en que la mantenía el
minifundio improductivo, se volvió urbana, que entraña identidad cultural nueva,
diferente y hasta contrapuesta a la original, como lo puede comprobar cualquier
sociólogo o antropólogo que en ella haga pesquisas sobre lo que se considera y
persigue.
Aun así, aquel 30% , desde el punto de vista político-electoral, tiene innegable
importancia. Estamos hablando, prácticamente, de un poco más de un millón de
electores indígenas que organizados en un solo frente (“Pueblos Indígenas de
Bolivia”, por ejemplo), que uniendo a los nativos del altiplano con los del
valle y el trópico, podría obtener en las urnas mucho más de los 26 diputados
que los del MAS y de otras corrientes ultranativistas quieren arrebañar en la
Constituyente. Sólo para que les sirvan de instrumentos dóciles a sus
estrategias de poder y no para que hagan algo a favor de sus pueblos. En eso
están igualmente el MIP y ciertas organizaciones gremiales que hasta ahora no
entienden ni parece que entenderán los principios básicos de la democracia.
Ha llegado el momento, en consecuencia, de que el país se ponga en guardia
contra quienes pretenden deformar con la fórmula corporativista, la composición
de la Asamblea Constituyente. “Un ciudadano, un voto”, tiene que ser,
necesariamente, la fórmula definitiva, si es que queremos democracia para dicho
“poder de poderes”. Que sean los propios electores aimaras, quechuas y tupí
guaraníes, y no los Evo, los Quispe, los Veliz y otros tantos más, quienes
elijan a los representantes de los Pueblos Indígenas en la Constituyente. Que
sean verdaderas tales y no meras fichas de ajedrez de los sectores autoritarios
que el pueblo quiere que de una vez por todas dejen a Bolivia en paz..!
Las siete ‘maravillas’ viales
Juan Carlos Rivero
Las vías de Santa Cruz están hechas sólo para los que viven
aquí y se conocen la ciudad al dedillo. Los cruceños no necesitamos señalización
para saber que una avenida tiene preferencia sobre otra, ni para decidir cuándo
debemos virar antes de caer en un canal de drenaje.
Por la rutina, ya ni nos damos cuenta de las aberraciones viales que nos rodean.
En cambio, un turista que se atreva a conducir en esta urbe debe morirse de la
risa (o de miedo) cuando se topa con trazados carentes de toda lógica.
Aquí les presento las siete maravillosas chambonadas viales de Santa Cruz.
1. El segundo anillo. Está dividido en tres o cuatro vías sin son ni ton,
conectadas entre sí con accesos que nadie usa por riesgo a chocarse; tiene
desniveles abismales entre una y otra vía, con el lado más alto junto al canal
de drenaje para que el agua… suba?; rotondas partidas, rotondotas, rotonditas.
¡Qué monumento ingenieril!
2. Doble vía a La Guardia. Los carriles curvean sin razón alguna y los de la
izquierda terminan abruptamente, lo que obliga al conductor a tirarse a la
derecha; una cervecería tiene su propio carril de giro. ¡Genial!
3. Intersecciones del tercer anillo externo con avenidas Alemania, Beni y otras.
Son trampas tendidas para provocar accidentes; habilitaron pequeños puentes
sobre los canales pero se olvidaron de los semáforos; embotellamiento seguro en
horas pico.
4. Rotondas del futuro. Los anillos de la periferia se pavimentan dejando un
recodo que años más tarde servirá para hacer una rotonda. Al extranjero hay que
explicarle esto para que no piense que es Condorito el que construye estos
recodos en lugar de continuar en línea recta.
5. Letreros en la avenida Cristo Redentor: si un turista sigue las direcciones
de los letreros, termina perdido; el que viene de Viru Viru se topa con tres
inmensos carteles verdes que indican: quinto anillo hacia la izquierda, quinto
anillo hacia la derecha, quinto anillo, recto. ¡Gracias por semejante
orientación! ¿No será mejor quitarlos y poner en su lugar una publicidad de cuba
libre?
6. Rompemuelle en la Beni, cerca del colegio Eagle´s: cualquier rompemuelle es
una trampa mortal, pero hay que ver la muralla china que se mandaron aquí; si un
turista se la traga a 60 por hora, seguro que se pasa de largo… ¡pero sin el
chasis!
7. Cuarto anillo inconcluso: sólo nosotros los cruceños sabemos que la
circulación en un solo sentido se convierte en avenida de ida y vuelta sin
previo aviso. Imagínense la cara de espanto del turista en su autito alquilado
cuando se topa de frente con la flota Copacabana.
Muchas otras obras viales podrían tener el privilegio de estar en esta lista.
Sin embargo, ahora pondremos punto final ya que las maravillas nunca pasan de
siete, y no sé por qué razón.