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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 12, Junio de 2005
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Defensor del Lector
En la anterior entrega de esta columna se comparó la regulación del
comportamiento de los medios de comunicación de Bolivia por el Estado mediante
normas jurídicas con la autorregulación que realizan los periodistas mediante
normas éticas. En esta entrega se describirá un tercer mecanismo para influir en
la conducta de los medios de comunicación: presión por parte de la sociedad
mediante la “veeduría”. Y se indicará lo que se ha comenzado a hacer para
establecerla en Bolivia.
Por veeduría de comunicación puede entenderse una agrupación de diversas
instituciones sociales que fiscaliza sistemáticamente la conducta de los medios
– en sentido cívico y cultural en general y en sentido ético y de
responsabilidad social en particular – mediante su evaluación periódica a fin de
promover cambios en esa conducta por debate ciudadano, por regulación y por
autorregulación.
Este mecanismo cooperativo de investigación, reflexión y acción se asienta en la
convicción de que, puesto que el pueblo tiene hoy derecho a la información, está
facultado para participar de la orientación y del desempeño de los medios de
comunicación mediante sus organizaciones sociales.
La experiencia precursora y sobresaliente en la región es la de la Veeduría
Ciudadana de la Comunicación Social del Perú. Inspirada e impulsada por la
Asociación de Comunicadores Calandria, ella reúne a cuatro agrupaciones
profesionales de comunicadores con la Defensoría del Pueblo, la Asociación de
Consumidores, el Instituto de Defensa Legal, la Asociación Civil Transparencia y
el Foro Educativo.
Estos son sus objetivos: (1) vigilar el comportamiento de los medios en cuanto a
su aporte a la democratización del país, al desarrollo de la sociedad y al
ejercicio de la libertad de expresión para todos; (2) propiciar la participación
de los ciudadanos en la reflexión crítica sobre la conducta de los medios, así
como educarlos para el ejercicio de sus derechos a la información y a la
comunicación; (3) colocar en la agenda pública el tema de los medios fomentando
el debate ciudadano sobre los papeles que cumplen en la sociedad; y (4) proponer
sistemas democráticos eficaces de regulación y de autorregulación.
Los métodos de la operación de la veeduría peruana son diversos y creativos. Por
ejemplo, para hacer la vigilancia de la televisión graba periódicamente una
muestra representativa de los programas informativos de los principales canales,
los analiza críticamente y divulga los resultados y sus conclusiones y
recomendaciones.
O, para estimular al pueblo a que participe del debate sobre los medios, hace
campañas dialógicas cortas pero intensas. Una es la “caravana ciudadana” que
lleva a cabo en plazas mayores de sitios públicos clave para informar a la gente
y recoger sus opiniones. Ella hace la consulta ciudadana mediante cabinas de
grabación callejeras, murales con una pregunta en grandes letras y amplio
espacio en blanco para que los transeuntes la puedan contestar, “macroánforas”
para recoger propuestas escritas y “video-conversa” en público con auxilio de
pantalla gigante.
Por supuesto, la veeduría también hace esa consulta por medio de encuestas de
opinión pública. Por otra parte, para lograr cambios en la regulación estatal a
beneficio de las mayorías, ella plantea propuestas como la que presentó al
Parlamento para una nueva Ley de Telecomunicaciones que mejore la conducta de la
radio y la televisión, privada y pública. Y, para intercambiar ideas con líderes
del país, recurre a conversatorios individuales y con grupos.
Ejemplos como el de esa experiencia peruana y los resultados de una
investigación propia sobre los medios de comunicación de Bolivia que hiciera a
principios del 2004 llevaron al Centro para Programas de Comunicación a sugerir
el establecimiento de una veeduría de la sociedad civil. A partir de abril de
ese año invitó para tal fin a dirigentes de algunas instituciones sociales y a
personas interesadas en el asunto a explorar conjuntamente la posibilidad.
Los diez encuentros que irían a realizarse con participación de cerca de veinte
instituciones a lo largo de cuatro meses registraron consenso sobre la
conveniencia de constituir en el país tal veeduría.
Esto se basó principalmente en las siguientes percepciones de la situación. Que
los medios siguen tomando a la libertad de información como equivalente a la
libertad de empresa y no reconocen el derecho a la información que hoy tienen
los ciudadanos. Que aquellos están desacreditándose por su manejo poco ético y
poco responsable de la información. Que, además, constituyen clave de
legitimación del poder de los políticos y de deslegitimación del poder de los
ciudadanos, lo cual no guarda afinidad con el ideal democrático.
Y que, siendo ése el caso, cabía dudar de la eficacia de la autorregulación –
gremial o empresarial – para lograr por sí sola los importantes cambios de
conducta deseables. En consecuencia, cuajó la convicción, había que dar la
palabra al pueblo en la materia por medio de la veeduría.
Pero el paso de la convicción a la acción no parece hasta la fecha haber sido
muy productivo. Se logró delinear las bases de organización trazando los
objetivos y previendo los procedimientos y se alcanzó a compartir la inquietud
con más instituciones sociales. Pero no se pudo conformar ni una pequeña planta
ejecutiva para llevar adelante el proyecto.
Esto principalmente porque no pareció darse la forma de financiarla. Y, quizás,
ello ocurrió porque no surgió en la escena una entidad central que se
comprometiera a asumir el liderazgo del ejercicio buscando fondos para ello.
Algunos, sin embargo, no descartan la posibilidad de reactivar el empeño cuando
la convivencia social haya vuelto a la normalidad en Bolivia.
Luis Ramiro Beltrán
defensor@eldeber.com.bo |
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