La Gran Chiquitania llora a su último descubridor
Luto. Plácido Molina Barbery se fue la madrugada de ayer a los 94 años. Fue él quien promovió la
restauración de los templos y su declaratoria como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco
Escenas
El tiempo pudo más que don Plácido Molina Barbery. Desde hace
dos meses se lo había echado en falta en los actos culturales de la ciudad. Una
otitis lo postró en cama e hizo que lo internaran en la unidad de terapia
intensiva de la Caja Petrolera. A sus 94 años presentó pelea y aguantó dos
meses, hasta que una septicemia lo venció la madrugada de ayer. A las 3:00
dejaba de existir el redescubridor de la Gran Chiquitania, se había ido ese
hombre que dedicó casi 30 años de su vida a interesar al país en restaurar los
templos jesuíticos y valorar nuestro pasado. Ahora, sus restos son velados en la
funeraria Monte Olivo y hoy serán sepultados a las 11:00 en el Cementerio
General. Allí recibirá los homenajes de la Sociedad de Estudios Históricos y
Geográficos, además de otras instituciones cruceñas a las que perteneció.
Nacido el 25 de septiembre de 1910 del matrimonio entre el intelectual Plácido
Molina Mostajo y la compositora Julia Barbery, Plácido se crió entre Riberalta y
Santa Cruz de la Sierra. A los 14 años surgió la posibilidad de que estudiara
para sacerdote en Roma, sus padres y él aceptaron la beca y desde Buenos Aires
abordó el barco que lo conduciría a Italia. Estudió y recibió una amplia
formación humanista en el Pontificio Pío Latinoamericano.
Tenía 20 años cuando los médicos le anunciaron que por su frágil salud no podría
seguir la sacrificada vida de sacerdote. La noticia fue un golpe duro para el
joven que no concebía otro futuro para su vida. Fueron muchas noches las que
pasó llorando sin consuelo por su destino esquivo. De regreso a Santa Cruz fue
contratado para trabajar como regente del colegio Seminario, hasta que poco
tiempo después llegó la guerra con el Paraguay. El joven estuvo ocho meses en el
Chaco donde se desempeñó como estafeta hasta que una avitaminosis lo postró en
cama durante tres meses. Regresó y luego viajó a Sucre, donde vivían sus padres.
Volvió a su ciudad natal para luego de un tiempo regresar al Chaco como
voluntario e integrarse al Regimiento 24 de Infantería.
Al finalizar la guerra se fue a La Paz, donde fue nombrado secretario de la
Comisión de Límites con el Brasil que dirigía Humberto Vázquez Machicado. Así
llegó a Chiquitos.
Molina ya había caminado bastante por el mundo cuando una tarde de octubre de
1943 franqueó el enorme portal de la iglesia de San Ignacio de Velasco. Sin
embargo, en ese instante volvió a nacer. Sus ojos descubrieron el arte barroco
mestizo y los tallados misionales que eran testimonio de fe y de habilidad de
los indios chiquitos; pero también descubrió que todo se venía abajo, que si
alguien no hacía un esfuerzo urgente todo corría el riesgo de desaparecer. “No
se preocupe -le dijo el sacristán- ya la vamos a tumbar para hacer una nueva. Lo
mismo haremos en San Miguel, San Rafael, Santa Ana, San José, San Javier y
Concepción”.
Ahí comenzó su lucha. “Le escribía cartas al lucero del alba, porque nadie me
contestaba”, le confesó una vez don Plácido al historiador Alcides Parejas. Como
las palabras no eran suficientes, decidió fotografiar la grandeza de Chiquitos
para intentar convencer a alcaldes, prefectos y presidentes de la República. Su
amigo Rafael Gumucio le prestó una cámara Kodak tipo caja y luego el párroco Pío
Waldhataler se la cambió por otra de mejor calidad. Con las imágenes logradas
realizó exposiciones y envió cartas a distintas instituciones tratando de
sensibilizar sobre la urgencia cultural. Su compromiso llegó al extremo de
reunir 12 de sus imágenes y armarse de valor para abordar al presidente Hertzog
el Viernes Santo de 1949 en plena procesión en La Paz. Logró una cita con él
para después del feriado, cuando el primer mandatario regresara de Yungas. Sin
embargo, Hertzog nunca pudo regresar de su descanso y fue reemplazado por
Urriolagoitia, con lo que la cita se diluyó. Allí conoció al famoso fotógrafo
Alemán Hans Ertl, que le ayudó a completar la colección de imágenes. Munido con
ellas fue a buscar al presidente Urriolagoitia hasta que le arrancó una promesa
de ayuda, la cual nunca llegó.
Sin embargo, los trámites que había iniciado a través de cartas ya habían calado
hondo y despertado el interés del Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez, que
derivó, en 1972, en la llegada del restaurador Hans Roth para recuperar el
esplendor de Chiquitos. Fueron 29 años de lucha, para, como dice Alcides
Parejas, realizar el último gran descubrimiento de Chiquitos y convertirlo en
Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Además de esta obra, Molina fue un pilar de Santa Cruz de la Sierra. Fue uno de
los grandes cooperativistas de la primera época de estas instituciones en la
ciudad y se jubiló como asesor de la Cooperativa de Teléfonos Automáticos de
Santa Cruz en 1983, luego de gerentar la institución.
Entre otras instituciones, perteneció a la Sociedad de Estudios Históricos y
Geográficos, Academia Cruceña de Letras y Academia Boliviana de Historia. Entre
las distinciones más importantes que recibió, destacan el Cóndor de los Andes,
la Medalla al Mérito Municipal y el Premio Hans Roth.
Ahora, los teatros y los actos culturales lo extrañarán. Mientras la salud se lo
permitió, Molina Barbery nunca faltó a las actividades artísticas de su querida
Santa Cruz de la Sierra.
Sus amigos: “Era un hombre exageradamente
bueno”
A sus 94 años, Plácido Molina Barbery necesitaba de cuidados
especiales permanentemente. Todos los días, desde hace cuatro años, una
enfermera fisioterapeuta le hacía masajes y le ayudaba a hacer ejercicios para
mantenerlo activo. "Desde que murió su esposa, entró en depresión porque perdió
a la compañera de toda la vida", dijo la enfermera. Su hijo Francisco se mudó
desde La Paz, donde trabajaba, para estar con su padre.
En 2004 Plácido Molina se enfermó de otitis, hecho que lo postró en cama por un
tiempo en las salas de terapia intensiva de la Caja Petrolera de Salud, de donde
salió a una sala de cuidados especiales. "Don Placidito quería que todos los que
lo visitaban se sientieran bien", agrega. Molina podía estar enfermo, pero no
podía faltar a la iglesia. "De joven quiso estudiar para ser cura, pero se
enfermó y tuvo que retirarse", nos cuenta la enfermera, y agrega que "le gustaba
visitar las iglesias Jesús Nazareno y San Roque". De su devoción cristiana nació
la amistad con el padre Javier del Río, quien se refirió a él como un "hijo
ejemplar de la Iglesia. Lo conocí por medio del Monseñor Rodríguez", cuenta el
padre Javier, que tenía planes de escribir un libro que narrara la historia de
la Basílica Menor de San Lorenzo con los relatos de Molina. El Santa Cruz en el
que nació Molina era un pueblo en el que se conocían todos. Una amiga de la
infancia fue Pepita Ramírez, que lo define como "un hombre inteligente y
exageradamente bueno" y que provenía de una familia "decente y educada". Colegas
de la Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos y de la Academia Cruceña de
Letras, de Cotas, del Comité Cívico y amigos de siempre lo acompañarán hoy en su
último adiós.
Residencia en la tierra
1910
Nació el 25 de septiembre del hogar formado por el abogado e historiador Plácido
Molina Mostajo y la compositora Julia Barbery Ibáñez.
1916-1921
Estudios primarios en Riberalta y Santa Cruz.
1922-23
Estudios secundarios en el colegio Seminario de Santa Cruz.
1925-27
Culmina sus estudios secundarios en el colegio Pío Latinoamericano de Roma.
1928-30
Licenciado en Filosofía por la Universidad Georgiana de Roma
1931-38
Estudia Derecho en las universidades Gabriel René Moreno y San Francisco Xavier.
1939-43
Secretario del Departamento de Seguros Sociales.
1943-1953
Secretario de la Comisión Demarcadora de Límites con Brasil.
1951
Contrajo matrimonio con Alicia Gamarra. Del matrimonio nació Francisco Javier
Molina Gamarra, su único hijo.
1956-60
Gerente de la Cámara de Comercio Italiana en Bolivia.
1961-63
Secretario General de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.
1963-83
Gerente General y asesor de Cotas.
Instituciones a las que perteneció
Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz
Asociación Cristiana de Jóvenes
Asociación de Escritores y Artistas de Santa Cruz
Academia Cruceña de Letras
Sociedad Boliviana de Historia
Director de la Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche.
El Patio Cruceño (organización cultural).
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