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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 29, Marzo de 2005

../20050329/images/es1.jpgLa Gran Chiquitania llora a su último descubridor


Luto. Plácido Molina Barbery se fue la madrugada de ayer a los 94 años. Fue él quien promovió la restauración de los templos y su declaratoria como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco


Escenas

El tiempo pudo más que don Plácido Molina Barbery. Desde hace dos meses se lo había echado en falta en los actos culturales de la ciudad. Una otitis lo postró en cama e hizo que lo internaran en la unidad de terapia intensiva de la Caja Petrolera. A sus 94 años presentó pelea y aguantó dos meses, hasta que una septicemia lo venció la madrugada de ayer. A las 3:00 dejaba de existir el redescubridor de la Gran Chiquitania, se había ido ese hombre que dedicó casi 30 años de su vida a interesar al país en restaurar los templos jesuíticos y valorar nuestro pasado. Ahora, sus restos son velados en la funeraria Monte Olivo y hoy serán sepultados a las 11:00 en el Cementerio General. Allí recibirá los homenajes de la Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos, además de otras instituciones cruceñas a las que perteneció.
Nacido el 25 de septiembre de 1910 del matrimonio entre el intelectual Plácido Molina Mostajo y la compositora Julia Barbery, Plácido se crió entre Riberalta y Santa Cruz de la Sierra. A los 14 años surgió la posibilidad de que estudiara para sacerdote en Roma, sus padres y él aceptaron la beca y desde Buenos Aires abordó el barco que lo conduciría a Italia. Estudió y recibió una amplia formación humanista en el Pontificio Pío Latinoamericano.
Tenía 20 años cuando los médicos le anunciaron que por su frágil salud no podría seguir la sacrificada vida de sacerdote. La noticia fue un golpe duro para el joven que no concebía otro futuro para su vida. Fueron muchas noches las que pasó llorando sin consuelo por su destino esquivo. De regreso a Santa Cruz fue contratado para trabajar como regente del colegio Seminario, hasta que poco tiempo después llegó la guerra con el Paraguay. El joven estuvo ocho meses en el Chaco donde se desempeñó como estafeta hasta que una avitaminosis lo postró en cama durante tres meses. Regresó y luego viajó a Sucre, donde vivían sus padres. Volvió a su ciudad natal para luego de un tiempo regresar al Chaco como voluntario e integrarse al Regimiento 24 de Infantería.
Al finalizar la guerra se fue a La Paz, donde fue nombrado secretario de la Comisión de Límites con el Brasil que dirigía Humberto Vázquez Machicado. Así llegó a Chiquitos.
Molina ya había caminado bastante por el mundo cuando una tarde de octubre de 1943 franqueó el enorme portal de la iglesia de San Ignacio de Velasco. Sin embargo, en ese instante volvió a nacer. Sus ojos descubrieron el arte barroco mestizo y los tallados misionales que eran testimonio de fe y de habilidad de los indios chiquitos; pero también descubrió que todo se venía abajo, que si alguien no hacía un esfuerzo urgente todo corría el riesgo de desaparecer. “No se preocupe -le dijo el sacristán- ya la vamos a tumbar para hacer una nueva. Lo mismo haremos en San Miguel, San Rafael, Santa Ana, San José, San Javier y Concepción”.
Ahí comenzó su lucha. “Le escribía cartas al lucero del alba, porque nadie me contestaba”, le confesó una vez don Plácido al historiador Alcides Parejas. Como las palabras no eran suficientes, decidió fotografiar la grandeza de Chiquitos para intentar convencer a alcaldes, prefectos y presidentes de la República. Su amigo Rafael Gumucio le prestó una cámara Kodak tipo caja y luego el párroco Pío Waldhataler se la cambió por otra de mejor calidad. Con las imágenes logradas realizó exposiciones y envió cartas a distintas instituciones tratando de sensibilizar sobre la urgencia cultural. Su compromiso llegó al extremo de reunir 12 de sus imágenes y armarse de valor para abordar al presidente Hertzog el Viernes Santo de 1949 en plena procesión en La Paz. Logró una cita con él para después del feriado, cuando el primer mandatario regresara de Yungas. Sin embargo, Hertzog nunca pudo regresar de su descanso y fue reemplazado por Urriolagoitia, con lo que la cita se diluyó. Allí conoció al famoso fotógrafo Alemán Hans Ertl, que le ayudó a completar la colección de imágenes. Munido con ellas fue a buscar al presidente Urriolagoitia hasta que le arrancó una promesa de ayuda, la cual nunca llegó.
Sin embargo, los trámites que había iniciado a través de cartas ya habían calado hondo y despertado el interés del Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez, que derivó, en 1972, en la llegada del restaurador Hans Roth para recuperar el esplendor de Chiquitos. Fueron 29 años de lucha, para, como dice Alcides Parejas, realizar el último gran descubrimiento de Chiquitos y convertirlo en Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Además de esta obra, Molina fue un pilar de Santa Cruz de la Sierra. Fue uno de los grandes cooperativistas de la primera época de estas instituciones en la ciudad y se jubiló como asesor de la Cooperativa de Teléfonos Automáticos de Santa Cruz en 1983, luego de gerentar la institución.
Entre otras instituciones, perteneció a la Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos, Academia Cruceña de Letras y Academia Boliviana de Historia. Entre las distinciones más importantes que recibió, destacan el Cóndor de los Andes, la Medalla al Mérito Municipal y el Premio Hans Roth.
Ahora, los teatros y los actos culturales lo extrañarán. Mientras la salud se lo permitió, Molina Barbery nunca faltó a las actividades artísticas de su querida Santa Cruz de la Sierra.

Sus amigos: “Era un hombre exageradamente bueno”

A sus 94 años, Plácido Molina Barbery necesitaba de cuidados especiales permanentemente. Todos los días, desde hace cuatro años, una enfermera fisioterapeuta le hacía masajes y le ayudaba a hacer ejercicios para mantenerlo activo. "Desde que murió su esposa, entró en depresión porque perdió a la compañera de toda la vida", dijo la enfermera. Su hijo Francisco se mudó desde La Paz, donde trabajaba, para estar con su padre.
En 2004 Plácido Molina se enfermó de otitis, hecho que lo postró en cama por un tiempo en las salas de terapia intensiva de la Caja Petrolera de Salud, de donde salió a una sala de cuidados especiales. "Don Placidito quería que todos los que lo visitaban se sientieran bien", agrega. Molina podía estar enfermo, pero no podía faltar a la iglesia. "De joven quiso estudiar para ser cura, pero se enfermó y tuvo que retirarse", nos cuenta la enfermera, y agrega que "le gustaba visitar las iglesias Jesús Nazareno y San Roque". De su devoción cristiana nació la amistad con el padre Javier del Río, quien se refirió a él como un "hijo ejemplar de la Iglesia. Lo conocí por medio del Monseñor Rodríguez", cuenta el padre Javier, que tenía planes de escribir un libro que narrara la historia de la Basílica Menor de San Lorenzo con los relatos de Molina. El Santa Cruz en el que nació Molina era un pueblo en el que se conocían todos. Una amiga de la infancia fue Pepita Ramírez, que lo define como "un hombre inteligente y exageradamente bueno" y que provenía de una familia "decente y educada". Colegas de la Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos y de la Academia Cruceña de Letras, de Cotas, del Comité Cívico y amigos de siempre lo acompañarán hoy en su último adiós.

Residencia en la tierra

1910
Nació el 25 de septiembre del hogar formado por el abogado e historiador Plácido Molina Mostajo y la compositora Julia Barbery Ibáñez.
1916-1921
Estudios primarios en Riberalta y Santa Cruz.
1922-23
Estudios secundarios en el colegio Seminario de Santa Cruz.
1925-27
Culmina sus estudios secundarios en el colegio Pío Latinoamericano de Roma.
1928-30
Licenciado en Filosofía por la Universidad Georgiana de Roma
1931-38
Estudia Derecho en las universidades Gabriel René Moreno y San Francisco Xavier.
1939-43
Secretario del Departamento de Seguros Sociales.
1943-1953
Secretario de la Comisión Demarcadora de Límites con Brasil.
1951
Contrajo matrimonio con Alicia Gamarra. Del matrimonio nació Francisco Javier Molina Gamarra, su único hijo.
1956-60
Gerente de la Cámara de Comercio Italiana en Bolivia.
1961-63
Secretario General de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.
1963-83
Gerente General y asesor de Cotas.
Instituciones a las que perteneció
Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz
Asociación Cristiana de Jóvenes
Asociación de Escritores y Artistas de Santa Cruz
Academia Cruceña de Letras
Sociedad Boliviana de Historia
Director de la Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche.
El Patio Cruceño (organización cultural).

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