¿Quién la ve cuadrada?
Pedro
Rivero J./ Periodista
De cambiarlo todo en el fútbol boliviano, desde el verde de la camiseta hasta
al portero de la FBF, se viene hablando sin parar después de que la derrota con
Argentina sepultara virtualmente toda opción, -si es que antes de aquel revés
todavía era posible creer que se mantenía en pie-, de clasificar al Mundial de
Alemania 2006. No faltan los radicales que sugieren una mayor atención a otras
disciplinas en las que Bolivia destaca internacionalmente, sin que sus
deportistas reciban el respaldo necesario. De tanto ir de tumbo en tumbo, como
en la actual eliminatoria sudamericana, se considera que seguir concediéndole
cierta prioridad o preferencia al fútbol equivale a gastar pólvora en gallinazo.
Pero, a pesar de los pesares, no es de un día para otro que mudarán los gustos,
las aficiones y los sentimientos de la gente en cuestiones deportivas. El
fútbol, aunque a la luz de los últimos resultados sea sinónimo de un rotundo
fracaso que nos alborota la bilis, seguirá nomás siendo “pasión de multitudes”
en un país donde hasta las cholitas lo juegan entusiasmadas cada vez que pueden,
en cualquier terreno baldío del altiplano, del valle o de la llanura. A los que
ahora pretenden exorcizarlo habrá que recordarles que al fútbol se le debe las
poquitas ‘glorias’ que hicieron vibrar al país entero. Como la conquista del
sudamericano en 1963, ciertos logros de la Academia “Tahuichi” o la
clasificación al Mundial USA de 1994. Dicho esto sin el menor menoscabo ni
desconocimiento de los también esporádicos éxitos registrados en otras
prácticas.
El fútbol en Bolivia no es malo ‘per se’. Ni que la pelota con que se lo juega
fuera cuadrada o que provinieran de otra galaxia los rivales de turno. Se lo
juega mal -y hasta horrorosamente mal como en estos tiempos que discurren-
porque todos sus actores y/o protagonistas no dan pie con bola y se aplazan en
la interpretación de sus roles. Como recién el DT Ovidio Messa, fuera de
control, hablándoles a los periodistas de sus ganas de irse a cierta parte...
Por lo demás, ¿acaso tendría que sorprendernos que esta selección exhiba el
mismo nivel de juego que corrientemente se observa en los paupérrimos torneos de
la Liga? ¿O que se siga recurriendo a algunos ‘veteranos’ porque no terminan de
cuajar o están en otra cosa los jóvenes que deberían encarnar la renovación?
No hace falta abundar en mucho más para reflejar el cuadro de profunda crisis
futbolística y que resulta de una absoluta desorganización, de planes que no se
ejecutan, de piedras en el camino, de chicanerías dirigenciales y de otras
hierbas.
La coincidencia es plena. Hay que cambiar para mejorar y no para que todo siga
igual...o peor.
La eficacia de un cambio en profundidad como el que a gritos y desde hace tiempo
reclama el fútbol nacional para hallar el norte, guarda una muy estrecha
relación con la voluntad, la seriedad y la capacidad de quienes se propongan en
firme y responsablemente a erigirse en sus gestores.
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