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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 28, Marzo de 2005

../images/blanco.gifLamento boliviano



Oscar Ortiz Antelo

Bolivia ha vuelto a ser objeto de atención internacional. El Presidente de la República ha sido por dos semanas consecutivas el protagonista de la semana de CNN en español. Por fin hicimos algo bien, se preguntará algún despistado. ¡No!, será la respuesta categórica del coro general; volvimos a ser los de antes, el país más inestable de Sudamérica. Un país que aún no cuaja. Un país al que le sobran riquezas naturales, pero cuyos ciudadanos se esfuerzan por arruinarse a sí mismos.
El título de la canción de un grupo argentino, recientemente de gira por Bolivia, refleja muy bien la situación de nuestro país, no sólo por el carácter melancólico del folclore andino, sino, sobre todo, por la inevitable frustración a la que se llega al analizar la historia de oportunidades perdidas que nos empeñamos en repetir.
La telenovela, el culebrón o como cada uno quiera denominar a la vergonzosa situación que vivió Bolivia durante los 15 días que se iniciaron con el anuncio de la renuncia del Presidente de la República y que continuó con el acuerdo entre el primer mandatario y el Congreso Nacional, la posterior convocatoria presidencial de elecciones anticipadas, el rechazo del Congreso a la misma, el anuncio del presidente Mesa de que a pesar de todas sus amenazas se quedaba en el Gobierno, ‘por responsabilidad’, aunque no le hubieran dado nada de lo que pedía, el supuesto intento de cerrar el Congreso al estilo Fujimori y el también supuesto intento de conformar un gobierno parlamentario, constituyen una increíble sucesión de absurdos que atentan contra dos décadas de construcción democrática y nos hacen perder toda respetabilidad internacional.
A este melodrama barato del marzo de 2005 boliviano, aún le falta la aprobación de una Ley de Hidrocarburos en la Cámara de Senadores, que no sólo nos hará perder mercados de exportación e inversiones para el desarrollo de nuevos proyectos que contribuirían a nuestro crecimiento, sino que en el corto plazo nos llevará a una grave crisis económica generada por un déficit fiscal que no podrá ser financiado sin ayuda de la comunidad internacional, además del desabastecimiento interno de los combustibles más elementales, pues los conflictos con los inversionistas generarán una paralización de las inversiones que afectará la capacidad de producción interna.
Obviamente, para completar esta tragicomedia no podían faltar los bloqueos de Evo Morales y su banda al servicio de las ONG, el movimiento bolivariano y el narcotráfico, que quieren convertir a Bolivia en una República talibán sudamericana, con la complicidad y la tolerancia de un Gobierno que piensa que cumplir y hacer cumplir la ley es una opción y no una obligación. Total, quienes pierden en las carreteras son ciudadanos comunes y no las autoridades que no sufren directamente estos perjuicios.
Al otro lado de la realidad y simultáneamente, observando la Exposoya, en Cuatro Cañadas, y la Exponorte, en Montero, es imposible no alegrarse y tener esperanza, cuando se ve a bolivianos de todo el territorio nacional trabajando unidos e integrados, construyendo a través del esfuerzo individual y familiar el progreso colectivo. Una realidad que poco aparece en el debate mediático, pero que se extiende y se expresa en todas las clases sociales y en todas las regiones de Bolivia.
Un país, dos realidades. Una gobierna, la otra trabaja. ¿Hasta cuándo?

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