La enseña patria
Adhemar Suárez Salas (*)
En muchos edificios y espacios públicos de Bolivia ondean a guisa de bandera,
cuando no se los ve como caídos por el peso de la suciedad, trapos descoloridos
en los que la mayoría de las veces no se distinguen las franjas y menos aún el
escudo patrio. Más que el cumplimiento de ciertas reglas, la presencia en tales
condiciones de lo que debería constituir una inequívoca señal de pertenencia y
un testimonio del orgullo de haber nacido en este suelo, refleja, cuanto menos,
una desidia que no se compadece con el alto significado de la enseña nacional.
Hoy por hoy, las telas con las que confeccionan los emblemas permiten que se los
pueda adquirir hasta con fondos de ‘caja chica’. Además en un país en el que se
malgasta tanto dinero en distintos ámbitos de la administración, ¿sería muy
difícil asignar, si no existiera, una módica partida de los respectivos
presupuestos para la compra de banderas?
Se ha dicho que las enseñas que ondean a la intemperie deberían ser lavadas. Sin
duda, hacerlo es menos denigrante que mostrarlas cubiertas de manchas, salvo que
el uso y el descuido las haya convertido en guiñapos. Pues dichas banderas
distan de ser pabellones o enseñas de ceremonia como las que se utilizan,
verbigracia, en las escuelas durante los actos solemnes, conducidas por los
alumnos sobresalientes.
Y cuando ya no pueden flamear, por las circunstancias anotadas, hay reglas que
definen las características, el tratamiento y el uso de los símbolos nacionales
para los establecimientos educativos, donde se establece que puede
incinerárselas para no echarlas sin miramientos al cesto de los residuos.
La enseña nacional debe ser conservada como la más excelsa expresión de unidad,
confraternidad y libertad. Merece ser preservada en su composición original, con
sus ricos paños y el escudo bordado en hilos de oro, o con sus modestas telas
con su resplandeciente tricolor, viva y altiva.
En cuanto a las que adornan plazas, edificios y otros ámbitos, dentro y fuera
del territorio, qué duda cabe de que deben exhibir limpios los colores con los
que fueron diseñados. No olvidemos que en cada centímetro de tela de nuestra
enseña se cobija la épica de nuestros fastos bañados de sacrificio y de glorias
exultantes pergeñadas por los héroes de la independencia de Bolivia.
(*) Magíster en Defensa y Desarrollo Nacional
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