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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 28, Marzo de 2005

../images/blanco.gifLa enseña patria



Adhemar Suárez Salas (*)

En muchos edificios y espacios públicos de Bolivia ondean a guisa de bandera, cuando no se los ve como caídos por el peso de la suciedad, trapos descoloridos en los que la mayoría de las veces no se distinguen las franjas y menos aún el escudo patrio. Más que el cumplimiento de ciertas reglas, la presencia en tales condiciones de lo que debería constituir una inequívoca señal de pertenencia y un testimonio del orgullo de haber nacido en este suelo, refleja, cuanto menos, una desidia que no se compadece con el alto significado de la enseña nacional.
Hoy por hoy, las telas con las que confeccionan los emblemas permiten que se los pueda adquirir hasta con fondos de ‘caja chica’. Además en un país en el que se malgasta tanto dinero en distintos ámbitos de la administración, ¿sería muy difícil asignar, si no existiera, una módica partida de los respectivos presupuestos para la compra de banderas?
Se ha dicho que las enseñas que ondean a la intemperie deberían ser lavadas. Sin duda, hacerlo es menos denigrante que mostrarlas cubiertas de manchas, salvo que el uso y el descuido las haya convertido en guiñapos. Pues dichas banderas distan de ser pabellones o enseñas de ceremonia como las que se utilizan, verbigracia, en las escuelas durante los actos solemnes, conducidas por los alumnos sobresalientes.
Y cuando ya no pueden flamear, por las circunstancias anotadas, hay reglas que definen las características, el tratamiento y el uso de los símbolos nacionales para los establecimientos educativos, donde se establece que puede incinerárselas para no echarlas sin miramientos al cesto de los residuos.
La enseña nacional debe ser conservada como la más excelsa expresión de unidad, confraternidad y libertad. Merece ser preservada en su composición original, con sus ricos paños y el escudo bordado en hilos de oro, o con sus modestas telas con su resplandeciente tricolor, viva y altiva.
En cuanto a las que adornan plazas, edificios y otros ámbitos, dentro y fuera del territorio, qué duda cabe de que deben exhibir limpios los colores con los que fueron diseñados. No olvidemos que en cada centímetro de tela de nuestra enseña se cobija la épica de nuestros fastos bañados de sacrificio y de glorias exultantes pergeñadas por los héroes de la independencia de Bolivia.

(*) Magíster en Defensa y Desarrollo Nacional

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