Hay más jóvenes católicos que protestantes
Encuesta. El 70%, de los chicos y chicas que dijo creer en Dios, aseguró ser católico y el 22% evangélico
Roxana Escobar N.
La mayoría de los jóvenes bolivianos profesa el dogma
tradicional. El 70,8% de los adolescentes y jóvenes que declaran creer en Dios
es católico, el 22,1% es protestante, y el resto pertenece a otras religiones o
doctrinas no cristianas y en algunos casos no se identifica con ninguna fe. Así
lo revela el informe denominado Encuestas de Juventudes en Bolivia 2003.
El documento, que fue realizado por el Proyecto Salud Reproductiva Nacional (PSRN
y la Cooperación Alemana (GTZ), también señala que por grupos de edad la
cantidad de católicos es más alta para la escala mayores (jóvenes) con relación
a los preadolescentes que pregonan el catolicismo. Por lo tanto, la mayor
proporción de protestantes se observa en las generaciones más ‘tiernas’.
Padilla es el municipio con más chicos y chicas católicos, seguido de Warnes y
Sucre. Mientras que El Alto posee más adolescentes y jóvenes evangélicos (ver
gráfico).
Pastor Caballero, presidente de la Asociación Cristiana Evangélica (ACE),
considera que el porcentaje de evangélicos establecido en el estudio es un poco
pesimista, pues según cálculos de la ACE, sólo en Santa Cruz el 30% de la
población es cristiana evangélica. “Hay bastante juventud, y eso lo vemos en las
marchas, encuentros y cultos. Lo que puedo decir a cabalidad es que hay un
incremento rápido de los adeptos y, de ésos, un buen número son jóvenes. Se está
utilizando la estrategia de trabajar mediante el sistema de células, es decir,
ganando familias enteras”, remarcó.
Para la asesora de la Pastoral Juvenil Arquidiocesana, Elena Galli, si bien el
estudio revela un dato real, el problema está entre lo que es una creencia y
estar comprometido con la iglesia. “Los jóvenes tienen una fuerte necesidad de
creer en algo superior, en un Dios, que le de respuesta a las preguntas de la
vida misma, y hay jóvenes que se están acercando a una religión como producto de
dicha demanda, pero también hay quienes están comprometidos, y eso es una
respuesta”, precisó la religiosa.
Respecto a las prácticas de costumbres religiosas, el 52% de la población
juvenil no practica ninguna de las costumbres, producto del sincretismo entre la
religión católica y las culturas andinas del país. Sin embargo, el 3,5% del
total de los adolescentes y jóvenes participan en la ch’alla, el 31% participa
en hacer la mesa para Todos Santos, un 23% compra billetes de alasitas, el 12%
baila para la virgen o santos patronos y el 28% practica otras costumbres. El
mismo análisis por departamento refleja que en Santa Cruz de la Sierra el 67%
del total de la población juvenil no practica ninguna de esas costumbres. A
diferencia de Santa Cruz, en Chuquisaca hay mayor incidencia en costumbres de
este tipo. En la categoría de municipios, en Padilla más del 70% de sus
adolescentes y jóvenes hacen la ch’alla y mesa para Todos Santos, en La Paz 58%
practica la ch’alla y el 56% adquiere billetes de alasitas.
Jean Paul Feldis / Sociólogo
En parte, es bueno el cambio
En veinte años, la
Iglesia católica ha perdido cerca del 20% de sus prosélitos seguidores.
Posiblemente tenga la razón la Asociación Cristiana Evangélica al decir que los
datos son subestimados para las religiones no católicas. Lastimosamente, no hay
nada en esta encuesta que permita apreciar cualitativamente los motivos de estos
cambios. Pensaba que era misión de la juventud romper con las costumbres y hacer
avanzar a la sociedad. Se ve también que en la región andina el catolicismo
sigue entrampado en prácticas paganas y supersticiones que, de hecho, son ajenas
al catolicismo. Los sacerdotes no quieren hacer esta depuración por miedo a
perder más adeptos. ¿Es bueno este cambio? Por una parte sí, porque, como dicen
los empresarios, la competencia lleva a mejorar la calidad. Aunque ciertos
grupos religiosos pescan en ríos revueltos(... ) y bajo el pretexto de la
predicación y la libertad de culto se posicionan doctrinas ultraconservadoras,
psicológicamente alienantes e ‘infantilizantes’ y, en no pocos casos,
embusteras.
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