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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Marzo de 2005

../20050327/images/sa10.jpgAlfredo J. Spiessberger / Sacerdote franciscano «Pido perdón por las fallas y dejo todo en manos de Dios»


Aniversario. Hoy cumple 67 años de vida, 41 como sacerdote, 40 en Bolivia y 32 como encargado de las aldeas para niños. Una presión en la cabeza le hace pensar que su paso por esta vida está por concluir


Claudia Siles

Lleva la cabeza cada vez más inclinada hacia adelante, producto de una presión interna que no sabe explicar de dónde viene, pero que lejos de quitarle el sueño, le ha enseñado a asumir una postura distinta frente a la vida. Pese a la presión que siente, no le falta entusiasmo para seguir adelante. Así resumió su experiencia de cuatro décadas en Bolivia.
- ¿Usted venía ya dispuesto a trabajar con niños huérfanos?
- Vine con la meta de formar un movimiento de juventud obrera católica. Estuve unas semanas en Santa Cruz de la Sierra y luego fui a San José de Chiquitos. Allí vi que había muchos niños en pobreza, sin familia, sin recursos. Mi madre falleció cuando yo tenía ocho años, sabía lo que significaba ser huérfano. Hablé con el fundador de las aldeas SOS y pedí a Dios que me manifieste si era viable, si no, que me ponga obstáculos. Todo fue avanzando. Hubo también momentos difíciles, pero el Señor me ayudó a pasar por encima de éstos.
- ¿Qué le ha marcado más de todos estos años con niños?
- Tener las aldeas es una responsabilidad muy grande. El fin de esta obra es proporcionarles a los niños un ambiente que les permita ser personas de bien. Pero cuando son jóvenes no es fácil. Cada vez que un joven no muestra voluntad de salir adelante, es un desafío y me pregunto dónde he fallado.
- ¿Por qué cree que la culpa es suya?
- Es fácil buscar culpables en otras personas. Lo ideal es que uno se cuestione, vea dónde está esa falla y pueda avanzar. Si me he equivocado, debo pedir perdón.
- ¿Cuántos hijos tiene el padre Alfredo?
- Es difícil decirlo. Quizás más de mil y muchos más con los nietos que ya tengo. Los que actualmente están en las aldeas son cerca de 500.
- Teniendo las aldeas, ¿por qué abrir otros centros?
- Tengo el centro de madres solteras porque ayudamos a jovencitas embarazadas, que no tienen dónde ir, para que no piensen en abortar. La mujer que aborta tiene un trauma de por vida. Si pudiéramos ver en una pantalla las consecuencias del aborto, esta práctica no sería tan frecuente. También tenemos guarderías. Una vez, una mamá, en un momento de desesperación, nos dejó en la puerta a su hijo. Para evitar que eso suceda, hemos puesto la guardería, donde pueden dejar a sus niños mientras trabajan.
- ¿Conseguir fondos para sustentar eso es una lucha diaria también?
- Los fondos vienen de la divina providencia. Dios toca corazones y deja gente bien dispuesta a colaborar. Hay algunos benefactores que lo hacen mensualmente, otros que vienen espontáneamente o que vienen con el diezmo. Siempre digo que al que da de buena fe, el Señor lo recompensa. Dar diezmo no hace más pobre a nadie y hago un compromiso con ellos. Si en tres, cuatro o cinco meses les va mal, les pido que me busquen, que les devolveré todo. Van a buscarme, pero para decirme que quieren dar más.
- Usted estuvo enfermo un tiempo y ahora habla de que su caminar por este mundo ya es cortito. ¿se siente mal?
- Hace dos años sufrí una enfermedad en mi cabeza. Siento todo el día una fuerte presión, como si tuviera un peso adicional. Por eso mi cabeza baja cada vez más. Muchos médicos en Europa me hicieron análisis y no encuentran nada, porque lo chistoso es que tengo esta fuerte presión, pero tengo baja presión. El dolor avanza y afecta también a mi memoria, pero Dios me ha dado el don de no oponer resistencia, sino aceptar. Desde que hice eso, he sentido una paz interior. De ahí que creo que este mal es una forma de decir: prepárate, has caminado y quizás lo que te queda es cortito. No me atrevo a decir si voy a estar aquí un mes o un año, nadie lo puede decir, porque para Dios un día es igual a cien años. Dejo todo en manos de Dios, él me tomó como instrumento y su obra va continuar. Dios nunca quiere lo malo para sus hijos.

Perfil

De Austria al oriente boliviano

Nació en Austria, hace 67 años. Llegó a Bolivia en 1965, cuando tenía un año de ser ordenado sacerdote. Para ese entonces, Roma le había asignado a la misión franciscana de Austria actuar en el oriente boliviano. Huérfano de madre desde los ocho años, entendió el sufrimiento de muchos chicos y fundó las aldeas SOS. Hasta ahora son más de mil los niños que se benefician con su programa. Hace un par de años sufre de un mal que le hace pensar en el paso a la vida eterna. “Me he resignado, pero no de forma negativa”, dice al hablar de su problema. Ya no se afana por encontrar salidas ni explicaciones a su mal. Considera que su media hermana que vive en Austria como una benefactora fiel. Dice que la distancia no es impedimento cuando hay fe. “Dios es más rápido que la Internet. Basta un pensamiento pidiendo bendición, para que se produzca al instante”.

El festejo de hoy es para agradecer y reflexionar

El coliseo de las Aldeas Padre Alfredo, en el cuarto anillo de la avenida Virgen de Cotoca, estará a partir de las 15:00 de hoy listo para llenar su capacidad.
Sólo el hecho de saber que hoy se cumple un año más de vida del padre Alfredo es, para muchos, una razón suficiente para festejar. Pero también lo es que el sacerdote cumpla cuatro décadas en el país y 32 años haciendo posible la vida en las aldeas. “Estamos ansiosos, queremos demostrarle mucho amor al padre que permite que este programa llegue a tanta gente”, dijo una tía, que respalda la labor que se requiere en cada familia que acoge a niños huérfanos.
“He invitado a todos los que se me cruzan en mi camino para hacer posible las aldeas. Quiero que reflexionemos, que pidamos perdón y que nos proyectemos hacia el futuro”, señaló el sacerdote. Por ello, espera que en este festejo estén los benefactores y los miembros de los otros centros que el padre Alfredo ha instalado en los últimos años.
Es que la obra de este sacerdote franciscano no se ha quedado sólo en las aldeas de San José de Chiquitos o las de Santa Cruz. Está también el programa que acoge a madres solteras y otro que ofrece ayuda con servicio de guardería para mamás que trabajan y que no saben con quién dejar a los chicos.

 

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