Esperan reaparición del Papa para la bendición ‘Urbi et Orbi’
Ceremonia. Joseph Ratzinger presidió la Vigilia Pascual en el Vaticano
Agencias. Roma
El papa Juan Pablo II tampoco presidió ayer la Vigilia
Pascual, la primera vez que ocurre en sus 26 años de Pontificado, pero se espera
que reaparezca hoy, Domingo de Resurrección, para impartir la bendición ‘Urbi et
Orbi’.
La Vigilia Pascual o ‘Lucernario’ es uno de los ritos más antiguos de la
liturgia y se celebra la noche que San Agustín llamó ‘madre de todas las
vigilias’, en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios.
Debido a su delicado estado de salud y a que todavía está convaleciente de la
traqueotomía que le fue practicada el 24 de febrero, Juan Pablo II delegó la
ceremonia de anoche en la basílica de San Pedro del Vaticano al cardenal Joseph
Ratzinger, que cumplió también el rito del bautizo de varios catecúmenos.
Aunque ha delegado todos los ritos de la Semana Santa en cardenales, no ha
querido renunciar, al menos, a impartir la bendición ‘Urbi et Orbi’ y en el
Vaticano ha disminuido el temor a que tampoco pudiera hacerlo, después de ver
cómo la noche del viernes siguió desde la capilla de su apartamento todo el
largo rito del Vía Crucis.
Según fuentes vaticanas, que citan a los médicos que le curan, el hecho de que
el anciano Pontífice siguiera, sentado, durante dos horas seguidas el Vía
Crucis, como se pudo ver en las imágenes transmitidas en televisión, confirma
una mejora de su estado de salud.
Todas las veces que las cámaras lo mostraron se le vio cómo seguía con atención
el rito en una televisión, y como en la última estación del Vía Crucis tomó un
crucifijo, que mantuvo con una sola mano.“Es una señal que ha devuelto una
cierta tranquilidad”, dijeron fuentes vaticanas, que no obstante reconocieron
que el hecho de que las cámaras lo mostraran sólo de espaldas, sin que se le
viera la cara, hace que la preocupación “en el fondo se mantenga”.
De momento se desconoce cómo impartirá mañana la bendición ‘Urbi et Orbi’ (a la
ciudad de Roma y a todo el mundo), desde dónde lo hará, si hablará o se limitará
a bendecir con la mano.
Jerusalén no sólo es judía o
musulmana
Jerusalén ha cedido el protagonismo a los cristianos que
han acudido en masa por primera vez en tres años para las celebraciones de
Semana Santa y recordado con su presencia que la ciudad no es sólo judía ni
musulmana, sino también cristiana.
Unos 15.000 peregrinos cristianos llegados de todo el mundo y la comunidad
palestina católica se han apoderado durante siete días de la ciudad vieja de
Jerusalén, animada como no se recuerda desde el inicio de la Intifada en 2000
por la muchedumbre que abarrotaba sus calles.
Los mercaderes árabes del zoco se han decidido a exponer sus artículos en el
exterior de sus tiendas ante la avalancha de visitantes que pululan por sus
calles.
La ciudad vieja de Jerusalén está dividida en cuatro barrios: musulmán, judío,
cristiano y armenio, estos dos últimos en franca regresión ante el éxodo de la
minoría cristiana y la carrera de compras inmobiliarias que han emprendido los
dos primeros para hacerse con propiedades con vistas a su estatus final.
La expansión y los conflictos entre musulmanes y judíos por la posesión de la
ciudad vieja han arrinconado durante estos últimos tres años a la exigua
comunidad cristiana.
Ricardo Roca / Periodista
Una antigua festividad
La Pascua, la más
antigua de las festividades anuales de la cristiandad, recuerda la resurrección
de Jesucristo y su ascensión al cielo el tercer día después de su crucifixión,
pero su origen es muy anterior al propio cristianismo.
Pocos conocen que por detrás de la alegre celebración anual, con sus almuerzos
opíparos -frecuentemente con carne de cordero- y la costumbre de los conejos y
huevos de Pascua, se esconden tradiciones milenarias cuyas raíces llegan a
hundirse en la propia prehistoria de la humanidad. En efecto, tanto la
resurrección de Jesucristo como la festividad pascual se enlazan con añejas
creencias y ritos paganos.
Desde el Concilio de Nicea, convocado por Constantino en 325 de nuestra era, la
Pascua tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena posterior al
equinoccio invernal, que ocurre alrededor del 21 de marzo y marca el comienzo de
la primavera en el hemisferio norte. Entre las tradiciones pascuales más
arraigadas cabe recordar el caso de los huevos, que habían sido símbolo de
fertilidad en culturas europeas precristianas. Antiguamente prohibidos durante
la cuaresma, aparecieron en la Pascua durante los últimos siglos -frecuentemente
pintados o decorados o, más modernamente, hechos de chocolate como símbolos de
nueva vida y resurrección. La liebre, que en Egipto era un símbolo tanto de
fertilidad como de la periodicidad de los ciclos lunares y humanos, también se
vinculó desde muy temprano a la Pascua. En la moderna tradición norteamericana
la liebre se convirtió en conejo pascual.
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