img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


logo_brujula.gif (1087 bytes)

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Marzo de 2005

../20050327/images/sa3.jpgEsperan reaparición del Papa para la bendición ‘Urbi et Orbi’


Ceremonia. Joseph Ratzinger presidió la Vigilia Pascual en el Vaticano


Agencias. Roma

El papa Juan Pablo II tampoco presidió ayer la Vigilia Pascual, la primera vez que ocurre en sus 26 años de Pontificado, pero se espera que reaparezca hoy, Domingo de Resurrección, para impartir la bendición ‘Urbi et Orbi’.
La Vigilia Pascual o ‘Lucernario’ es uno de los ritos más antiguos de la liturgia y se celebra la noche que San Agustín llamó ‘madre de todas las vigilias’, en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios.
Debido a su delicado estado de salud y a que todavía está convaleciente de la traqueotomía que le fue practicada el 24 de febrero, Juan Pablo II delegó la ceremonia de anoche en la basílica de San Pedro del Vaticano al cardenal Joseph Ratzinger, que cumplió también el rito del bautizo de varios catecúmenos.
Aunque ha delegado todos los ritos de la Semana Santa en cardenales, no ha querido renunciar, al menos, a impartir la bendición ‘Urbi et Orbi’ y en el Vaticano ha disminuido el temor a que tampoco pudiera hacerlo, después de ver cómo la noche del viernes siguió desde la capilla de su apartamento todo el largo rito del Vía Crucis.
Según fuentes vaticanas, que citan a los médicos que le curan, el hecho de que el anciano Pontífice siguiera, sentado, durante dos horas seguidas el Vía Crucis, como se pudo ver en las imágenes transmitidas en televisión, confirma una mejora de su estado de salud.
Todas las veces que las cámaras lo mostraron se le vio cómo seguía con atención el rito en una televisión, y como en la última estación del Vía Crucis tomó un crucifijo, que mantuvo con una sola mano.“Es una señal que ha devuelto una cierta tranquilidad”, dijeron fuentes vaticanas, que no obstante reconocieron que el hecho de que las cámaras lo mostraran sólo de espaldas, sin que se le viera la cara, hace que la preocupación “en el fondo se mantenga”.
De momento se desconoce cómo impartirá mañana la bendición ‘Urbi et Orbi’ (a la ciudad de Roma y a todo el mundo), desde dónde lo hará, si hablará o se limitará a bendecir con la mano.

Jerusalén no sólo es judía o musulmana

 Jerusalén ha cedido el protagonismo a los cristianos que han acudido en masa por primera vez en tres años para las celebraciones de Semana Santa y recordado con su presencia que la ciudad no es sólo judía ni musulmana, sino también cristiana.
Unos 15.000 peregrinos cristianos llegados de todo el mundo y la comunidad palestina católica se han apoderado durante siete días de la ciudad vieja de Jerusalén, animada como no se recuerda desde el inicio de la Intifada en 2000 por la muchedumbre que abarrotaba sus calles.
Los mercaderes árabes del zoco se han decidido a exponer sus artículos en el exterior de sus tiendas ante la avalancha de visitantes que pululan por sus calles.
La ciudad vieja de Jerusalén está dividida en cuatro barrios: musulmán, judío, cristiano y armenio, estos dos últimos en franca regresión ante el éxodo de la minoría cristiana y la carrera de compras inmobiliarias que han emprendido los dos primeros para hacerse con propiedades con vistas a su estatus final.
La expansión y los conflictos entre musulmanes y judíos por la posesión de la ciudad vieja han arrinconado durante estos últimos tres años a la exigua comunidad cristiana.

Ricardo Roca / Periodista

Una antigua festividad

La Pascua, la más antigua de las festividades anuales de la cristiandad, recuerda la resurrección de Jesucristo y su ascensión al cielo el tercer día después de su crucifixión, pero su origen es muy anterior al propio cristianismo.
Pocos conocen que por detrás de la alegre celebración anual, con sus almuerzos opíparos -frecuentemente con carne de cordero- y la costumbre de los conejos y huevos de Pascua, se esconden tradiciones milenarias cuyas raíces llegan a hundirse en la propia prehistoria de la humanidad. En efecto, tanto la resurrección de Jesucristo como la festividad pascual se enlazan con añejas creencias y ritos paganos.
Desde el Concilio de Nicea, convocado por Constantino en 325 de nuestra era, la Pascua tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena posterior al equinoccio invernal, que ocurre alrededor del 21 de marzo y marca el comienzo de la primavera en el hemisferio norte. Entre las tradiciones pascuales más arraigadas cabe recordar el caso de los huevos, que habían sido símbolo de fertilidad en culturas europeas precristianas. Antiguamente prohibidos durante la cuaresma, aparecieron en la Pascua durante los últimos siglos -frecuentemente pintados o decorados o, más modernamente, hechos de chocolate como símbolos de nueva vida y resurrección. La liebre, que en Egipto era un símbolo tanto de fertilidad como de la periodicidad de los ciclos lunares y humanos, también se vinculó desde muy temprano a la Pascua. En la moderna tradición norteamericana la liebre se convirtió en conejo pascual.

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.