De laberinto en laberinto...
Mario Rueda Peña
Desde aquel famoso ‘octubre negro’ pasamos de un laberinto a otro. Aún no
salimos de los vericuetos a los cuales nos metió el referéndum sobre la cuestión
del gas. Tuvo efecto de dominó la agenda adoptada por Carlos Mesa frente a
quienes, desde El Alto, obligaron a escapar del Palacio de Gobierno a Gonzalo
Sánchez de Lozada. A la ‘agenda de Santa Cruz’, injustamente asociada con
objetivos separatistas por algunos, una tercera emergente del ‘Gran Acuerdo
Nacional’, que ahora quiere Carlos, podría sumarse a la ya larga e intrincada
maraña que inmoviliza totalmente al país respecto a políticas de Estado que,
desde el frente de la economía, la producción, la infraestructura y la
competitividad, permitan a Bolivia acelerar el paso hacia un desarrollo con
sentido de integración nacional y equidad social.
Imposible que ciertos sectores radicalizados se avengan en un acuerdo nacional
respecto a la Ley de Hidrocarburos. Evo Morales y sus aliados no transigirán en
nada. Irán nuevamente a los bloqueos si el Senado, primero, y el Congreso,
después, no hacen lo que ellos quieren. Se opondrán a muerte a que se elimine
del texto el artículo que otorga a dirigentes de comunidades originarias (que
son los que mandan) facultades definitorias en cuanto hace a concesiones de
áreas para la explotación de hidrocarburos. Tampoco cederán jamás posiciones en
lo que concierne al número y modalidades de elección de los miembros de la
Asamblea Constituyente. Y así por el estilo en cuanto hace a los demás temas
para el consenso que se busca.
Ni el líder cocalero ni Quispe ni Olivera ni Solares ni Juan de la Cruz ni
Véliz, en conjunto, representan a más del 20% del pueblo político que vota. Hay
un 80% que está contra ellos, condenando sus métodos autoritarios de lucha, que
tanto agravian los derechos de los demás y perjudican económicamente a muchos
sectores de la sociedad. Pero igual se envalentonan, y con razón, puesto que
nadie les aplica la ley. Más bien el fiscal general los exculpa, afirmando que
cuanto hacen no es delito, sino un legítimo derecho ciudadano a la protesta,
mientras el Gobierno no se atreve ni siquiera a formular la respectiva denuncia
contra ellos para que se les lleve a juicio penal.
Claro, el ‘Gran Acuerdo Nacional’ es posible entre los partidos políticos
actualmente representados en el Parlamento. Igualmente podrían sumarse al
consenso las organizaciones empresariales y cívicas del país. Pero ni esto ni
aquello determinarían un alto saludable en el recorrido laberíntico que le
imponen al país minorías autoritarias que no aceptan la convivencia democrática.
Seguiremos de laberinto en laberinto a menos que, naturalmente, el ‘Acuerdo
Nacional’, acatando la voluntad de la mayoría silenciosa del país, defina que se
gobierne en nombre de ella y en la línea que aconseja la racionalidad y la
prudencia, respecto al presente y futuro nacionales, y no de las antonimias que
caracterizan a minorías que ni remotamente perciben que encontrarán su tumba
política definitiva en el caos político y social que actualmente promueven.
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