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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Marzo de 2005

../images/blanco.gif¿Y si hubiera sido...?



Cayetano Llobet ®® Entre paréntesis

Evidentemente, el mal humor de un general no resulta suficiente para negar todo lo que se ha dicho del jueves en la tarde en Palacio de Gobierno. Porque no es una, sino muchísimas las voces que han comentado que, efectivamente, se discutió el cierre del Congreso. Y lo más grave es que, por primera vez en años de democracia, se hable de la posibilidad de una intervención militar. En todo caso, el propio ministro de la Presidencia habló de “la consulta de Mesa a los militares”.
Todos los que con indeseada frecuencia hemos visto a los militares en la plaza y en palacio, tenemos recuerdos más que lamentables. Y en una coyuntura como la del jueves, nada más verlos entrar, resultaba suficiente para desatar todos los rumores posibles. Y ¡qué coincidencia!, decidieron apoyar al Presidente al mismo tiempo que los policías. Todo el mundo sabe que hubo reunión militar y, según un importante jefe, ‘para lograr consenso’. ¿Deliberan los militares y tienen que encontrar consenso? ¿Sobre qué?
La explicación de la bancada oficialista -la que fue encargada de amenazar con la renuncia- es coincidente con la explicación militar: fue una visita para expresar el apoyo de las Fuerzas Armadas a su Capitán General. El día anterior, la semana pasada, los meses anteriores… ¿el Presidente no contaba con su apoyo? Porque habrá que entender que las Fuerzas Armadas no son un partido político que, en determinadas circunstancias, en tal o cual coyuntura, apoya al Presidente. Se supone, salvo algún desmentido, que esas fuerzas apoyan permanentemente al Presidente, ¡y obedecen las órdenes de su Capitán General! ¿No es, acaso, la explicación que dieron de octubre?
Don Hugo Carvajal -uno de los más honrados parlamentarios de nuestra democracia- fue quien reveló que los propios oficialistas del Parlamento difundieron el rumor de la intervención militar. Y don Willman Cardozo -versión penosa del oficialismo parlamentario- trata de explicar -también de modo penoso, para ser coherente- que lo que pasaba era que don Hormando estaba preparando la estructura de su futuro gabinete. Si es cierto, ¿no era lo lógico, dado que el melodrama presidencial iba a culminar con su renuncia en unas horas?
Pero no nos engañemos: el problema no son los militares. Lo preocupante es que el país viva cotidianamente en vilo según el humor -¡más bien el mal humor, según comentan!- del Presidente. Y él es cabeza y protagonista de un bloqueo nacional: el de la incertidumbre que paraliza y desorienta. Sólo se le ha pedido que gobierne en vez de teatralizar la presidencia. Y cuando se le pide autoridad, dice que él no va a ordenar matar. Don Juan Cariaga -colaborador de Paz Estenssoro y, por eso, conocedor de formas serias- le dijo al Presidente que gobierne, ¡porque nadie le ha pedido que mate! En todo caso, no deja de ser muy preocupante que un mandatario con pretensiones de estadista crea -¡gran señal de incapacidad política¡- que la única forma de ejercer autoridad es matando… o cerrando el Parlamento.
Voy a suponer que ningún militar ha mentido -¡y entonces los parlamentarios oficialistas serían los mentirosos!-, voy a suponer que ningún ministro hizo sondeos y llamadas, y voy a suponer que nadie habló en palacio de la posibilidad de cerrar el Congreso. Voy a suponer que nada de lo que se ha dicho es cierto, pero… ¿y si hubiera sido?

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