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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Marzo de 2005

Rutina. Ricardo Segovia (der.) lava los platos después de haber almorzado

Y el dolor no puede matar sus esperanzas

Recompensa. El dinero que ganan es un incentivo para seguir


 

Quiero que me saqués una foto para que mi mujer sepa que aquí en Madrid, además de trabajar como mecánico, también preparo mi comidita y lavo los platos”, lo dijo en serio Ricardo Segovia, sin levantar sus cuarentones ojos del lavadero donde refregaba los utensilios.
Dice que algo mágico les pasa a los inmigrantes desde el momento en que salen del avión y se internan en la gran ciudad. “El deseo de sobrevivencia aumenta y nos aferramos a la vida como una bestia que le hace lance a los fusiles”, grafica emocionado.
Si ves que alguien llora en los metros, cuenta Marlene, la prima de Ricardo, es una extranjera que aún no ha cumplido tres meses de ‘autoexilio’. “Todos piensan en sus hijos, extrañan el calor de sus hogares y por eso los ojos se hacen aguita. Pero después de los 90 días empieza otra historia”, asegura la boliviana que dejó a cuatro hijos y a un hombre enamorado en Santa Cruz.
Los sábados en la tarde, en las canchas de fulbito construidas por el Estado español, los ‘repatriados’ de diferentes países se hermanan correteando una pelota y en los tiempos de descanso cuentan sus historias alocadas que tejieron en la semana.
Entonces habla don Benito Zúñiga, cochabambino que acaba de cumplir 60 años, cinco de los cuales los festejó como pudo en España. Cuenta que ya le falta poquito para terminar de pagar los 15.000 dólares que se prestó de una financiera. En realidad, aclara, el crédito le pertenecía a su yerno, que después de recibir el dinero nunca más se supo de él. Por eso don Benito marchó a Europa y, a pesar del dolor que le significó dejar a sus nietos (su esposa ya murió), dice que no se arrepiente de haber dejado el país porque en Bolivia nunca hubiera podido ganar $us 1.000 como ayudante de albañilería.
Ricardo Segovia, el que quiere que su mujer se entere que en Madrid no está paseando, dice que ya lloró bastante y que ahora se concentrará en trabajar hasta que pueda ahorrar $us 10.000. “Cuando llegue la hora de volver, un mes antes traeré a mi esposa; juntos visitaremos los museos, los cines, entraremos a una sala de ópera y contemplaremos sin prisa la Puerta de Alcalá”, sueña y los ojos le brillan.

Desde adentro

La lotería mantiene vivo al hombre de edad indefinida

Rogelio Cuéllar es un hombrecito de edad indefinida. El dice que tiene 45, pero parece de 67. Su primo que vive con él le hace creer que tiene 40 para que no se sienta muy viejo y aguante la estadía en Europa. Cuéllar vive en Hellín (España). Trabaja en actividades agrícolas. Sufre, pero dice que no se irá hasta que se saque la lotería. “Cuando gane, haré una gran fiesta y luego marcharé”.

Hay quienes mandan dinero desde las cárceles

Un bebé de seis meses de edad y un anciano de 83 años se vieron involucrados en tráfico de droga de Bolivia a Europa, originado en gran parte por la grave crisis económica que atraviesa el país. Esta noticia daba la vuelta al mundo el 11 de enero pasado. El cónsul de Bolivia en París, Miguel García, informaba que en esa ciudad hay 125 bolivianos presos y que algunos mandan dinero desde la cárcel porque trabajan ahí.

La chica de varios nombres dice que no está en Madrid

Se la ve en la cola de bolivianos que cada mañana gestiona el trámite de radicatoria en el Consulado. Habla con todo aquel que le busque charla pero, cuando le preguntan su nombre, a unos dice que se llama Aida, a otros Estela y cada día se inventa uno nuevo. A sus amigas les ha dicho que actúa de esa manera para que nadie la identifique. “Quiero que mi madre siga pensando que estoy en Chile, estudiando medicina”.

Gastos y trajines para sorprender a Migración

Los preparativos de ‘escape’ a Europa cuestan un dineral. Esta es la historia de Lucía Peralta. Se compró toda su indumentaria de Casa Roxana: un vestido de 400 dólares, un par de zapatos de 150 y una cartera de 80. “Mi maleta no era trucha”, cuenta metida en una cocina pequeña de Madrid. Cuando llegó al aeropuerto de Barajas su tía, cómplice del ‘autoexilio’, no la reconoció. “Yo era otra, estaba muy hermosa”, dice.

Conquistadores pueden gastar 150 libras por noche

Son muy pocos los que pueden darse el lujo de dedicarse a conquistar amores europeos, pero los que lo hicieron dicen que estuvieron al borde de la quiebra. Por una cena el hombre paga 40 libras, en la discoteca tuvo que entregar 60 libras al mesero. A la hora de llevarla a su casa, pagó 30 libras al taxista y otros 20 para que lo transporte hasta su cuarto. “A pesar de que las mujeres aportan, es mucho el gasto”, dice un fracasado conquistador.

Hombres europeos se ‘venden’ para casarse

Cuatro mil libras esterlinas. Eso es lo que cobran algunos ingleses a una boliviana que quiera unirse con él en matrimonio. “Es un buen negocio para ambos”, explica una inmigrante cruceña, que está muy enterada del asunto. Dice que la mujer goza de los beneficios que tienen los europeos. “Pero hay una condición en las leyes”, aclara la fuente: “Tienen que vivir juntos en el mismo departamento por un buen tiempo”.

El largo viaje se convierte en una prueba de amor

Remberto Vaca, que vive en París, recibe la llamada de su esposa que se quedó en Santa Cruz, religiosamente a las 23:00. La mujer lo hace para tratar de tenerlo controlado. “La soledad que los consume hace que busquen compañía, y por lo general tratan de estar entre latinos”, explica una representante de bolivianos en París, la cual dice que ha visto destruirse a muchos matrimonios.

Boliviana promociona productos nacionales en París

Carmiña Ayoroa es una exportadora silenciosa que recorre las calles parisinas ofreciendo productos bolivianos. La última mercadería que esperaba es un cargamento de tres toneladas de quinua. Su empresita se llama Societe Boliviana Europea. Además, en las más de 15 agrupaciones de bolivianos que hay en París distribuye un folleto publicitando sus servicios.

 

Frases inolvidables

Los bolivianos cuando emigran se vuelven más cumplidores y estrictos que cualquier inglés. Son hombres de palabra, disciplinados y muy trabajadores

Gonzalo Montenegro/Embajador de Bolivia en Londres

Aquí en París hay ingleses que tratan de conquistarme, pero yo no les hago caso porque sigo amando a mi esposo que se quedó en Bolivia

Sonya Gutiérrez/París

Tengo miedo de que después de tres años mis hijos hayan cambiado tanto que ya no me quieran. Me iré cuando pague los $us 22.000 al banco

Facundo Sotelo/Barcelona

Recomiendo que se vengan siempre que tengan una ayuda de alguien en Europa y una base del idioma inglés, porque así pueden ser menos explotados

Rosario Hinojoza/Londres

He sufrido pero no me arrepiento de haber venido. No pienso irme con las manos vacías. En Bolivia quiero poner un negocio y olvidarme de esta porquería

Rosario Flores/Hellín

 

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