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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Marzo de 2005

Agricultura. La noche antes había nevado en Hellín y las plantas de melocotones estaban cargadas de hielo. Pero los dos bolivianos igual tuvieron que trabajar

 

Fabricantes de dinero

Remesas. La ‘exportación de ciudadanos’ generó el año pasado un ingreso de más de $us 121 millones


 

Sentado en una playa cagada de palomas y acribillada por vientos que congelaron Barcelona cuando enero agonizaba, el boliviano sin documentos, Juan Carlos Soruco, habla de uno de los temas que más le apasiona: el dinero.
- "El tiempo que uno duerme está perdiendo plata. El que viene con el objetivo de trabajar, en seis años se hace millonario pero físicamente termina destrozado", dice.
Entonces recuerdo a los bolivianos con los que hablé los días pasados, los de París, los de Madrid, los de Hellín. Hombres y mujeres con ojeras cargadas de sueños retrasados, con los labios partidos y con los cabellos a medio morir.
Entendí que ellos eran los autores de las abultadas cifras que el Banco Central de Bolivia difunde con optimismo cuando dice que, para bien del país, las remesas de los inmigrantes cada vez aumentan más. En 2004, las cifras oficiales informan que Bolivia recibió de los que se fueron del país $us 126 millones, una cantidad tan importante como la que registra la exportación de gas, soya y minerales.
El embajador de Bolivia en Londres, Gonzalo Montenegro, acurrucado en un sillón del siglo pasado, rodeado de pinturas que lo acercan a su patria, pide no satanizar el fenómeno de los ‘exiliados económicos’.
Cree que los compatriotas, además de enviar dinero y disminuir las cifras rojas del desempleo en Bolivia, aprenden las exigencias del mundo industrializado, una disciplina más dura y el respeto a la autoridad.
Pero el costo de ese aprendizaje es elevado. Así lo demuestra la vida diaria que practican los más de 120.000 bolivianos (según estimaciones no oficiales) que están rompiéndose el lomo en Europa para ganar dinero y mandarlo a sus familiares que los extrañan.
“Con lo que gana un inmigrante en Europa comen cuatro personas en Bolivia”, dice el también indocumentado Humberto Vargas, con un tono de ecomomista graduado en asuntos del Tercer Mundo.
Los diplomáticos de las embajadas de Bolivia en París, Madrid y Londres coinciden en que los ‘ilegales’ están realizando el ‘trabajo sucio’ que los ciudadanos del Primer Mundo se niegan a hacer. En Murcia, los bolivianos recogen aceitunas y cosechan melocotones a temperaturas bajo cero, en Londres hombres y mujeres empiezan a trabajar desde las cuatro de la mañana limpiando oficinas de gente ‘importante’ de la ciudad. Ximena Ampuero cuenta que han aprendido a encontrar el humor a la vida dura. “Los que limpian escritorios de los ministros dicen que trabajan en el ministerio”, cuenta, y saca una sonrisa archivada desde que se fue de Santa Cruz, hace más de ocho meses.
Juan Carlos Soruco, el que en la playa de Barcelona hablaba de dinero, dijo que a su esposa que vive en Cochabamba le envía 600 euros cada mes, de los 800 que gana trabajando 14 horas de lunes a viernes, limpiando un restaurante cerca de la plaza de Cataluña. Pero no está satisfecho y afirma que recién quedará feliz cuando trabaje también los sábados y domingos. “Me he propuesto mandar 1.200 dólares al mes si quiero retornar a mi país dentro de dos años”, dice, y se queda mirando fijamente el mar como si fuera la última vez.

Punto de vista

BRUNA ANTELO ® Ingeniera Comercial residente en Londres

País de niños sin padres

Los ilegales bolivianos para poder enviar dinero a Bolivia se someten a condiciones de pobreza y a dietas muy bajas en nutrientes como el fideo y el pan, que carecen de vitaminas y minerales esenciales para la salud. Muchos tienden a enfermarse y a deprimirse con mayor facilidad por la falta de una alimentación equilibrada y completa.
Londres está plagada de bolivianos administradores de empresas limpiando baños, de arquitectos haciendo trabajos de albañilería y de ingenieros ocupados en la cosecha de verduras. Bolivia se está convirtiendo en un país de niños sin padres. En Europa y en especial en Holanda e Inglaterra, desde el ataque a las torres Gemelas de EEUU se ha generado una xenofobia en contra de los musulmanes, que se los cataloga como terroristas. Esta xenofobia ha llegado a otros grupos como de Europa del Este, latinos, africanos y otros, que en la mente del europeo se los pasa a confundir con gansters criminales, prostitución, enfermos de sida, ladrones y terroristas. Sin embargo, éstos en su gran mayoría vienen a sustentar la economía europea, especialmente en la agricultura y en las fábricas.

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