Sentado en una playa cagada de
palomas y acribillada por vientos que congelaron Barcelona cuando enero
agonizaba, el boliviano sin documentos, Juan Carlos Soruco, habla de uno de
los temas que más le apasiona: el dinero.
- "El tiempo que uno duerme está perdiendo plata. El que viene con el
objetivo de trabajar, en seis años se hace millonario pero físicamente
termina destrozado", dice.
Entonces recuerdo a los bolivianos con los que hablé los días pasados, los
de París, los de Madrid, los de Hellín. Hombres y mujeres con ojeras
cargadas de sueños retrasados, con los labios partidos y con los cabellos a
medio morir.
Entendí que ellos eran los autores de las abultadas cifras que el Banco
Central de Bolivia difunde con optimismo cuando dice que, para bien del
país, las remesas de los inmigrantes cada vez aumentan más. En 2004, las
cifras oficiales informan que Bolivia recibió de los que se fueron del país
$us 126 millones, una cantidad tan importante como la que registra la
exportación de gas, soya y minerales.
El embajador de Bolivia en Londres, Gonzalo Montenegro, acurrucado en un
sillón del siglo pasado, rodeado de pinturas que lo acercan a su patria,
pide no satanizar el fenómeno de los ‘exiliados económicos’.
Cree que los compatriotas, además de enviar dinero y disminuir las cifras
rojas del desempleo en Bolivia, aprenden las exigencias del mundo
industrializado, una disciplina más dura y el respeto a la autoridad.
Pero el costo de ese aprendizaje es elevado. Así lo demuestra la vida diaria
que practican los más de 120.000 bolivianos (según estimaciones no
oficiales) que están rompiéndose el lomo en Europa para ganar dinero y
mandarlo a sus familiares que los extrañan.
“Con lo que gana un inmigrante en Europa comen cuatro personas en Bolivia”,
dice el también indocumentado Humberto Vargas, con un tono de ecomomista
graduado en asuntos del Tercer Mundo.
Los diplomáticos de las embajadas de Bolivia en París, Madrid y Londres
coinciden en que los ‘ilegales’ están realizando el ‘trabajo sucio’ que los
ciudadanos del Primer Mundo se niegan a hacer. En Murcia, los bolivianos
recogen aceitunas y cosechan melocotones a temperaturas bajo cero, en
Londres hombres y mujeres empiezan a trabajar desde las cuatro de la mañana
limpiando oficinas de gente ‘importante’ de la ciudad. Ximena Ampuero cuenta
que han aprendido a encontrar el humor a la vida dura. “Los que limpian
escritorios de los ministros dicen que trabajan en el ministerio”, cuenta, y
saca una sonrisa archivada desde que se fue de Santa Cruz, hace más de ocho
meses.
Juan Carlos Soruco, el que en la playa de Barcelona hablaba de dinero, dijo
que a su esposa que vive en Cochabamba le envía 600 euros cada mes, de los
800 que gana trabajando 14 horas de lunes a viernes, limpiando un
restaurante cerca de la plaza de Cataluña. Pero no está satisfecho y afirma
que recién quedará feliz cuando trabaje también los sábados y domingos. “Me
he propuesto mandar 1.200 dólares al mes si quiero retornar a mi país dentro
de dos años”, dice, y se queda mirando fijamente el mar como si fuera la
última vez.
Punto de vista
BRUNA ANTELO ® Ingeniera
Comercial residente en Londres
País de
niños sin padres
Los ilegales bolivianos para
poder enviar dinero a Bolivia se someten a condiciones de pobreza y a dietas
muy bajas en nutrientes como el fideo y el pan, que carecen de vitaminas y
minerales esenciales para la salud. Muchos tienden a enfermarse y a
deprimirse con mayor facilidad por la falta de una alimentación equilibrada
y completa.
Londres está plagada de bolivianos administradores de empresas limpiando
baños, de arquitectos haciendo trabajos de albañilería y de ingenieros
ocupados en la cosecha de verduras. Bolivia se está convirtiendo en un país
de niños sin padres. En Europa y en especial en Holanda e Inglaterra, desde
el ataque a las torres Gemelas de EEUU se ha generado una xenofobia en
contra de los musulmanes, que se los cataloga como terroristas. Esta
xenofobia ha llegado a otros grupos como de Europa del Este, latinos,
africanos y otros, que en la mente del europeo se los pasa a confundir con
gansters criminales, prostitución, enfermos de sida, ladrones y terroristas.
Sin embargo, éstos en su gran mayoría vienen a sustentar la economía
europea, especialmente en la agricultura y en las fábricas.