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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Marzo de 2005

Artista. René Eduardo es promocionado en Madrid en afiches. Los organizadores los colocan en los edificios de los barrios latinos.

 

Un ‘tamalero’ en Europa


 

Antonio Reyes Ríos (45) tiene algunas cosas en común con René Eduardo (25): domina el escenario y cuando cierra sus ojos sueña con que los días futuros sean siempre mejores.
El primero, un hombre bonachón que desde Bolivia llegó a Londres con un grueso bigote que si se ve de cerca parece un atadijo de pelitos gruesos, hace cuatro años decidió autoexiliarse de Bolivia porque la fama que alcanzó con el grupo musical Los Gatos estaba en picada. El segundo, un muchacho cruceño que después de haber sido acusado de violar a una joven, y a pesar de que el fallo salió a su favor, cruzó el Atlántico en busca de un milagro: buscar el éxito fuera de su tierra, en España.

El Hombre Gato cantando en Londres

Por ahora, el autor de ‘Las tamaleras’ está dando espectáculos en locales adonde acuden a bailar los migrantes latinoamericanos. El viernes 21 de enero, René Eduardo se presentó a las 23:00 en la discoteca Latin Brothers Show de la calle Robles número 8, cerca del puente de Vallecas, en Madrid. El animador lo presentó como el ‘rey del hip-hop de Bolivia’.
Esa misma noche, actuaron otros artistas como La Anaconda, conocida como la ‘Veneno dulce y sensual de Ecuador’, el peruano Panchito Santa Rosa, especialista en salsas y boleros, y Charly Assaff, imitador de los Iracundos.
René Eduardo emigró a España en diciembre del año pasado. Encontró calor de hogar al otro lado del mar y de las cuatro presentaciones que tenía planificado realizar aumentó a siete, y además de Madrid tiene previsto viajar a Barcelona, Valencia y Bilbao. “Pero eso no es todo”, dice el artista delgado, que además quiere producir un disco en España. René Eduardo gasta horas en conversar con los inmigrantes bolivianos porque se dio cuenta de que ellos son una fuente de inspiración para sus futuras canciones. Su sueñango, como dice, es actuar para el público español.
Por su parte, Antonio Reyes Ríos, que se presenta como el ‘Hombre Gato’ ante el público que acude los fines de semana a Parrilladas del Sur, está satisfecho porque a su edad encontró trabajo nada menos que en Londres. Desde la esquina del boliche, con los dedos en las teclas del piano electrónico, habla el Hombre Gato: “Lamento comunicarles que por problemas de transporte esta noche no tendremos cerveza Paceña, pero estoy yo para hacerlos bailar”.

“El primer día no se olvida nunca”

El avión trasatlántico se abrió camino entre las nubes encapotadas y aparecieron las ‘casitas de chocolate’ que se dibujaban en la superficie londinense.
Después de que las turbinas de la ‘ballena voladora’ se quedaran quietas, los ocupantes caminaron como programados hacia el interior del aeropuerto. El boliviano Raúl Fernández siguió a sus desconocidos compañeros de vuelo y cuando la larga fila se achicaba y los agentes de Migración estaban muy cerca, empezó a temblar de una manera enfermiza.
“Good afternoon”, se anticipó a decir para ganarse la confianza del hombre fortachón que estaba parapetado detrás de su púlpito.
Después de que milagrosamente consiguiera el ‘okey’ del funcionario público, caminó por un laberinto de señales y de gente que se enredaba en su lucha por ganar tiempo. Fuera del aeropuerto, sintió que su estómago se le prendía a la espalda, porque la persona que dijo la agencia de viajes que iría a recogerlo nunca apareció.
Atinó a tomar un taxi para que lo llevara al centro de Londres. “En qué maldita hora lo hice”, se arrepiente, ahora que ya conoce la movida de la ciudad. “Me pelaron 100 libras esterlinas” (algo así como Bs 1.500). Pero dice que es parte de la inversión que hizo para reponerse de la desgraciada vida que llevaba en Bolivia. “Ya iba a cumplir dos años sin encontrar empleo en mi propia patria”, dice medio llorando. “El taxista no fue del todo ‘mala gente”, lo disculpa. Es que le enseñó a moverse en tren y en metro y lo llevó a Elephan & Castle, un barrio de inmigrantes donde después de registrarse en un hostal de 30 libras salió a la calle y emocionado caminó hasta las 4 de la mañana esperando que saliera el sol para empezar a buscar trabajo.

 

 

 

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