Formando actores de todo el país
Apasionados. Los alumnos del primer año de la Escuela Nacional de Teatro durante su clase de Técnicas de expresión corporal. La formación que reciben es integral
Irma Velasco
Qué mejor manera de rendir homenaje a las artes escénicas en su día, que a
través de las historias de un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de
Teatro, que encontró el camino para subirse a las tablas y que nadie los baje.
Hace tres semanas que La Escuela Nacional de Teatro reanudó los cursos que
corresponden al primer y segundo año de estudio en la formación de actores. La
segunda gestión académica muestra que la iniciativa cruceña se consolida en el
resto del país, ya que de los 33 nuevos inscritos, 15 estudiantes llegaron del
interior. "Somos nueve chicos de La paz, y seis cochabambinos", explica Carol
Fernández, una de las nuevas alumnas. Carol trabajaba con un grupo de teatro
estable en La Paz, Teatro El Grito. Hace diez años que se dedica al teatro y no
dudó en inscribirse a la escuela, porque cree que una formación académica puede
ayudar a revalorizar el trabajo teatral en Bolivia.
Para muchos de los nuevos integrantes, la decisión de emprender el estudio
académico del teatro, significó abandonar las carreras que cursaban en sus
ciudades, en algunos casos, a escasos semestres de finalizarlas.
Antonio Torres, tiene 22 años y cursaba el cuarto año de ingeniería civil en la
Universidad Católica de La Paz cuando resolvió interrumpirla.
"La ingeniería es más fácil que el teatro", dice Antonio, mientras ríe y mira a
sus compañeros con un aire de complicidad. "Quizás finalice después mi carrera,
pero en realidad, lo que importa es el teatro", agrega.
Por otra parte, algunos de los actores en formación llegaron a Santa Cruz, luego
de finalizar los estudios que ya habían emprendido, Ariel Muñoz, con 25 años
vino después de haber concluido su carrera, también de ingeniería civil, en la
Universidad San Simón de Cochabamba.
"En realidad, la fundación de una escuela que cuenta con el respaldo de
profesionales fue un factor importante para decidir el cambio, ya sea en el
campo de los estudios o en la actividad profesional", comenta Ariel.
En efecto, el cambio implica tener como actividad principal el teatro, una nueva
ciudad y quizás el establecimiento de nuevos grupos de teatro. En ese sentido,
los actores se muestran cautelosos y aclaran que todavía no saben si volverán a
sus ciudades o si fijarán residencia en Santa Cruz.
"De pronto, nuestra vida cambió totalmente", dicen Selma Baldivieso y Ricardo
Guillén, dos alumnos de La Paz que acaban de casarse. Estudiaron Comunicación y
Derecho respectivamente, y aseguran que se quedarán en Santa Cruz, todo el
tiempo que requiera su formación. "La escuela te exige mucha disciplina, pero
eso era lo que estábamos buscando, porque la formación que teníamos la
conseguimos a través de talleres y cursos ocasionales, que comparados con las
dos semanas que llevamos aquí, eran inestables e incompletos", concluye Ricardo.
Una hora de recorrido para llegar a la escuela, (Plan 3.000) desde la ciudad, el
trabajo de media jornada, la hora de regreso y la certeza de que algún trabajo
de medio tiempo se podrá conseguir para vivir en Santa Cruz y pagar los cursos.
Algunos dicen que por ahora viven con sus ahorros, y otros reciben la ayuda
económica de sus padres.
En realidad esto parece no importar mucho, los alumnos sienten que la escuela
les provee seguridad y confianza para poder vivir profesionalmente del teatro.
Por ahora cada cual busca dónde vivir de manera independiente. Algunos
compartirán departamentos o habitaciones. Es el caso de Antonio Torres y Luis
García, que en La Paz solían actuar juntos en grupo de teatro El Fuego.
Hugo Francisquini, director académico de la Escuela Nacional de Teatro, comentó
que posiblemente la dirección de la escuela buscará en el futuro una casa para
los actores que llegan del interior del país.
Los nuevos estudiantes, coincidieron en que la mayor ventaja de la Escuela de
Teatro es que exige disciplina, y ofrece una formación continua. Asimismo,
aseguran que la rigurosidad del trabajo es más importante que el título
académico que obtendrán pasados los 4 años de estudio. Sobre todo porque el
trabajo ininterrumpido les dará la posibilidad de dedicarse al arte que les
apasiona.
Teatro, un trabajo que exige rigurosidad
Hugo Francisquini, director académico de la Escuela Nacional de Teatro,
comentó que uno de los principios de la escuela es trabajar con grupos pequeños,
con un límite de 25 personas. Sin embargo, hicieron una excepción este año,
debido al alto número de estudiantes que llegaron de otras ciudades. Por otra
parte, explicó que el 2006 no se abrirán las inscripciones para el primer año de
estudio, debido a la necesidad de coordinar los tiempos de trabajo con los
profesores que llegan de Francia.
Asimismo, remarcó que este año el número de inscripciones se amplió porque en la
pasada gestión académica, el 20% de los alumnos abandonó la escuela. “Teníamos
26 estudiantes, de los cuales 5 decidieron retirarse, lo cual es normal durante
un proceso en el que te das cuenta si lo que quieres hacer es realmente lo que
estás estudiando, o si estás dispuesto al alto rendimiento que requiere la
escuela.
Una vez que los alumnos se dan cuenta que el trabajo requiere un compromiso y
mucha disciplina, no siempre están dispuestos a continuar. Es un trabajo duro de
6 horas al día durante la semana, más toda la mañana y la tarde de los días
sábados.
Sólo un trabajo de estas características puede llevar al actor a tener buenos
resultados. En nuestro país sucede que los grupos llegan a adoptar una técnica,
pero no la rigurosidad del trabajo, que en el arte es tan importante como la
técnica. Cuando un grupo trabaja una jornada entera en su espectáculo y en su
formación actoral, ese trabajo se refleja, se ve. Es el caso del trabajo que
realiza el Teatro de Los Andes", agregó.
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