Humillados en nuestra propia casa
Frágil. Esta acción resume todo el poderío argentino sobre el equipo nacional. Castillo cae ante la marca de Burdisso (2) y Milito (6). Argentina fue mucho más
[ Óscar Uriarte | Enviado especial ]
Los goles anotados por Figueroa y Galletti enmudecieron el
‘accesible’ Hernando Siles
Se acabó. En la previa todos los factores que rodearon al
partido Bolivia-Argentina apuntaban a una victoria local. El equipo estaba
completo (Peña era la única baja), Argentina llegaba cautelosa y el hincha se
ilusionaba nuevamente. La fiesta estaba armada, pero se volvió a repetir un
doloroso capítulo del fútbol boliviano: se perdió en nuestra cancha y el Mundial
de Alemania ya es sólo un sueño lejano.
Faltando cerca de tres horas para el partido, la Policía cerró el tráfico en las
cercanías del estadio. De a poco la gente comenzaba a llegar. Cuando apareció el
bus de la selección por el estadio, un grupo de hinchas se acercó al vehículo
para alentar a los jugadores, que hasta entonces, eran una especie de héroes
nacionales partiendo a una guerra para liberar nuestra dignidad en el deporte
rey. Los nuestros ingresaron saludando con timidez, mientras que los jugadores
de la escuadra visitante llegaron haciendo cantar y bailando en sus asientos,
como presagiando una victoria.
El ánimo de la gente crecía a medida que avanzaban los minutos, con una
impecable presentación de la banda de la Fuerza Aérea. Las notas del Himno
Nacional, interpretadas en una sola voz por más de 22.000 espectadores, unieron
en un solo sentimiento a los aficionados y a los jugadores.
El tradicional Viva Mi Patria Bolivia hizo recordar los años maravillosos (1993)
en los que el equipo nacional no tenía rivales en la altura de La Paz. Pero los
dos goles de Argentina nos regresaron a la realidad. Fue cuando el monstruo del
Hernando Siles se convirtió en un mudo testigo de otra dolorosa derrota.
Larrionda pitó el final. Platiní, Castillo, Botero encabezaron el ‘Vía Crucis’
hacia el camarín. Messa en la conferencia de prensa, aún mantenía la cara larga
y la bronca a flor de piel. Reconoció la superioridad del rival y luego de
responder a las preguntas, se marchó cabizbajo. La derrota era un hecho.
Pedro Rivero Jordán / Periodista
Un sábado de tiro “al pele”
Me conté entre los
probablemente cientos de miles de compatriotas que con tal de ver jugar y ganar
a la Selección nacional frente a su par de Argentina por la cifra que fuera, sin
mucho pensárselo acortaron de buena gana la siesta sabatina o postergaron el
cine o el paseo con los chicos, la visita a algún enfermo o la “pichanga”
futbolera con los de la “frater”, entre otras cosas propias de la rutina y que,
al final de cuentas, habrían resultado muchísimo más provechosas y gratificantes
que una nueva dosis de...más de lo mismo: Ver perder, como ayer en La Paz, a un
equipo más verde que nunca.
Uno, de puro tozudo que es, no termina de aprender ni de desengañarse. Acaso por
eso se resiste a pegarle el tiro de gracia a la ilusión y aprovechar el tiempo
libre de mejor manera. Y eso que desde hace largo rato dejamos de alentar la
esperanza de alcanzar “tropa” y pellizcar cuando menos la clasificación al
Mundial de Alemania 2006. Pero es que, lo confesamos sin pudor, terminamos nomás
contagiándonos de la fe y el optimismo que Ovidio Messa y los suyos
transmitieron en los días previos al encuentro con los rioplatenses que con un
equipo “alternativo” desprovisto de sus más conocidas e importantes figuras,
excepto el Pato Abbondanzieri, podían ofrecer hipotéticamente algunas ventajas a
los nuestros.
Queríamos fervientemente, claro está, que la Selección se reencontrara con la
victoria. Creímos, una vez más, que podía lograrlo contando con ese handicap de
los 3.600 metros de altura que ya comienza a hacerse dudoso y que tendría que
inducirnos a pensar en los 4.000 y pico de Oruro o Potosí como sedes
alternativas para ver si ‘descentralizando’ también el popular juego le
achuntamos una en los partidos que nos quedan como locales o...en las próximas
eliminatorias. Imaginamos entonces a la Selección metiéndole presión desde el
vamos a los “desconocidos” argentinos hasta ahogarlos. De yapa, con los bombazos
de “Platiní”, con las escaladas de Colque y Álvarez, con la eficacia que Botero
muestra en México y, en fin, con “algo de algo” para que no nos quedáramos otra
vez con las ganas de festejar. Aunque fuera para que el país encontrara, a
través del fútbol, una válvula de escape para tanta penuria junta e inacabable.
Pero la Selección nos dio un palmo de narices. Apenas fue un chispazo el gol de
José Alfredo Castillo en los primeros minutos del segundo tiempo, pero no
alcanzó para encender y que se propagara la llama de la ilusión que luego se
extinguiría con las conquistas de Figueroa y de Galletti que llegaron una tras
otra para configurar un triunfo que, en la altura paceña, los argentinos
volvieron a paladear después de una punta de años.
A Messa se le quemaron, dicho sea de paso, los papeles en su estreno como DT.
Solamente un ataque de miopía pudo haberle hecho demorar más de la cuenta los
cambios de Angulo y Galindo cuando, a tiempo, debió buscar o intentar otras
alternativas para que su equipo produjera algo distinto al juego abúlico,
destemplado y errático que mostró de principio a fin. Para que, cuando menos, la
derrota del colero frente al líder de la eliminatoria, fuera menos urticante.
Tiro libre
Los Fernández atentos
En el camarín boliviano, antes del partido, los únicos que atendieron a la
prensa fueron los porteros José Carlo y Leonardo Fernández. El ´Gato´ porque
estaba de suplente y Leo porque fue requerido por el programa argentino Fútbol
de Primera, que se emite por Fox Sports.
Angulo abucheado
Uno de los jugadores bolivianos más abucheados por su mala actuación fue Carmelo
Angulo. El volante recibía rechiflas de la mayor parte de los espectadores cada
vez que tocaba el balón. Inclusive su salida fue aplaudida, cuando en su lugar
ingresó a los 70 minutos Diego Cabrera.
Marco Sandy, solidario
Luego del encuentro Marco Sandy se acercó al camarín nacional para dar su voz de
aliento a sus ex compañeros, que estaban bajoneados por la derrota ante
Argentina. El defensor de Bolívar integró la selección durante muchos años.
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